LA HERMANA SOCORRO
Este 17 de enero estamos recordando el primer aniversario de la partida de la hermanita Socorro. como ustedes saben ella ingresó al convento de las hermanas capuchinas de Galeana 5, en la Villa de Guadalupe, en 1984 previa anulación eclesiástica de su matrimonio, y profesó el 15 de octubre de 1986, por lo que cumplió solo 36 años de vida religiosa.
Ella nació en la ciudad de México, el 1 de enero de 1931 a
las 0:15 AM, hija de Jesús Cándido Serrano Ramos y María de Jesús Moreno, fue
bautizada con el nombre de María Concepción Estela el dia 8 de febrero del
mismo año, en el templo de San Sebastián y fue confirmada al dia siguiente. Su
único hermano fue Jorge, que había nacido en noviembre de 1929.
Cursó sus estudios de primaria en el Colegio Francés
Pasteur, gracias al padrinazgo de la familia Ortega y Serralde, (Don Eulalio y
doña Mercedes) quienes desde muy pequeñita, se comprometieron a ayudarla
económicamente con sus estudios. Cuando terminó la primaria, continuó, según la
usanza de ese entonces, con sus estudios de auxiliar de contabilidad. Cuando
terminó, los Ortega tuvieron a bien apoyarla con su primer empleo.
En 1948 falleció su padre, quedando sola, a cargo de su
mamá, ya que su hermano había decidido abrazar la vida religiosa, como
profesor, con los hermanos maristas en Querétaro.
Ya desde antes de la partida de mi abuelo, ella conoció a mi
papá, que era un joven inquieto que habiendo quedado huérfano había venido a
residir en la Capital, habiendo nacido en Pénjamo en 1931. En el ‘51 se
casaron, en San Francisco del Rincón, en Guanajuato, a pesar de la
inconformidad de mi abuela y las advertencias y evidencias que tenía en contra
mi abuelo.
Tuvieron una vida muy tormentosa en la colonia Moctezuma,
debido a la falta de recursos, pero ella nunca dejó de trabajar y aportar lo
necesario para una vida muy modesta. En el 54 ocurrió la ruptura definitiva,
con motivo de que se había anunciado que yo venía en camino… Nací en Noviembre
de ese mismo año.
A partir de ese entonces, Estela regresó a establecerse al
lado de su madre, a fin de cuidar de mí. En la casa vivía también una tia de
nombre Remedios, que era prima segunda de mi mamá, pero casi de la edad de la
abuela. Mi mamá, mi abuela, mi tia y Yo, formamos una pequeña familia, a la
cual cada año se agregaba mi tio Jorge que venía a visitarnos.
Debido a diversas viscisitudes así transcurrió mi infancia,
tuvimos que cambiar de casa en 8 ocasiones: de las calles de Loreto, fuimos a
vivir a la colonia Álamos, después pasamos a las calles de Guatemala en el
Centro Histórico, de ahí pasamos a la colonia de los Doctores, en las calles de
Doctor Velasco; nos mudamos después a la avenida Cumbres de Maltrata en
Narvarte, donde compartimos un departamento con el tio Alfonso. Regresamos
después a doctores, en la avenida Niños Héroes, y de ahí pasamos a un
departamento en la colonia Jardín Balbuena, finalmente pasamos a la casa sita
en calle 1810 en la colonia del Parque… Ahí nos estabilizamos un poco, mi mamá
pudo adquirir, gracias a un préstamo, una pequeña propiedad, en un terreno de
49 m2, y luego adquirir la propiedad vecina.
Durante toda mi niñez, es decir desde que yo abrí los ojos mi mamá trabajó en una empresa cuya razón social era Asurbin S.A., cuyas oficinas estaban en las calles de Bucareli, era una firma de abogados que se dedicaban a usufructuar patentes de productos químicos. Pero la empresa quebró y mamá tuvo que buscar un nuevo trabajo, de esa manera encontró a la reverenda hermana María de la Paz, Regina, que había sido su profesora en el Francés Pasteur, ella en ese entonces estaba a cargo, como administradora, del área de Radiología en el Hospital Francés, que estaba a una cuadra de la casa, ellas se entendieron y Estela se fue como mecanógrafa a transcribir los resultados de las interpretaciones radiográficas que hacían los médicos a las placas de rayos x.
Esta temporada fue muy bonita para todos, porque la
presencia de “Madame Regina” era un excelente apoyo para nuestro hogar, yo
aprendí a ser acólito, todavía en latín, y la madre me enseñaba muchas cosas
como el rezo del rosario en francés. Cabe señalar que durante toda mi infancia
una de las principales condicionales era que yo pudiera asistir a clases al
Colegio México, donde cursé toda la primaria y secundaria.
En el año 68, cuando ya estaba yo en secundaria, mi tio
Alfonso invitó a mi mamá a trabajar en la empresa donde él desempeñaba un
puesto muy importante, se trataba de la compañía Peat Marwick Mitchel & Co.
que era una filial de una firma dedicada a la auditoría de empresas americanas
avecindadas en México. Esta opción ayudó notablemente a mejorar los ingresos de
mi mamá, incluso a comprar un auto, televisión, y mejorar en general nuestro
estilo de vida.
En Noviembre de ese 1968, el año de la matanza de Tlaltelolco,
de las Olimpiadas, de la inauguración del Metro y de muchos otros hechos
importantes, yo decidí irme a estudiar a Querétaro para intentar abrazar la
vida religiosa marista, como lo había hecho 24 años atrás, mi tio Jorge.
Mi estancia en Querétaro volvió a reducir la vida de mis dos
mamás a una rutina en la que ahora se volvía muy difícil. Sin embargo Estela
tomó las cosas con mucha dignidad y afrontó la situación especialmente en
función de dejar que yo pudiera tener acceso a la formación que recibía.
Transcurrieron así los tres años de mi preparatoria en
Querétaro y el primer año de mi postulantado ahora en Morelia… y yo escribía
largas cartas a mis adoradas mamás, pero también empecé a escribir a mi padre
con la ilusión de que existiera una reconciliación que ayudara a mi mamá a no
vivir en una soledad tan agria.
Estando en el Noviciado, para mi sorpresa, un buen dia
aparecieron a visitarme mis papás, sí, él y ella; ellos empezaron a platicar
todo ese dia, e hicieron planes para proseguir su plática a su regreso a
México. Esto fue una tremenda impresión para mí y dio oportunidad a que ellos
hicieran un esfuerzo sobrehumano para regresar a su matrimonio.
El tiempo llega muy rápido, y la fecha de mi profesión
llegó. Ese dia me acompañó mi mamá y después de la ceremonia, la fiesta y la
comida, los nuevos profesos, pasamos, después de dos años, a tomar nuestras
consabidas vacaciones familiares. Durante todo el viaje de regreso a México, Estela me estuvo dando
pormenores de lo que ahora era su nueva vida al lado de mi padre, por supuesto,
no todo era miel y rosas; había una serie de problemas en cuanto a su estilo de
vida: mi padre tenía muchos compromisos, otra familia, negocios y asuntos que
resolver, en una primera etapa mi mamá se fue a vivir con él, pero poco a poco
se dio cuenta que era un verdadero infierno regresar a esa casa en la colonia
Moctezuma, y por otra parte mi mamá debía dejar completamente solas a sus dos
ancianitas, mi abuela y mi tia, que ahora eran mucho más vulnerables que años
atrás. Yo regresé a la casa de mi abuela solamente a pasar las vacaciones, pero
pronto la magia terminó y yo tuve que volver a la casa de formación a Tlalpan y
dejar sola a mi abuela. Empecé a ver que
mi mamá había caído en una enorme trampa y estaba atrapada por una serie
de incongruencias.
Pasaron así varios años. Mientras estuve en casa de
formación mis actividades me mantenían con la mente ocupada, y no me daba
cuenta de todo lo que estaba ocurriendo en mi casa. Por las mañanas tomábamos
clases en el seminario conciliar, y por las tardes asistíamos a la Normal
Superior… los sábados además de hacer trabajos e investigaciones, asistíamos a
nuestras propias actividades de apostolado… los domingos hacíamos un poco de
deporte.
Al siguiente año fuimos nominados para empezar a trabajar en
una escuela, ya dando clases a cargo de un grupo, en un colegio de la capital…
además de que por las tardes asistíamos a tomar clases de Teología. Yo me sentí
bajo una presión tremenda, y fue cuando mi mamá empezó a reaccionar, me sugirió
que fuera a ver a un psicólogo porque me veía muy mal. Esto culminó en que yo
fue suspendido y me solicitaron abandonara la congregación. Yo regresé a la
casa de la abuela, y estuve totalmente deprimido, hasta que fui a dar con un
verdadero psiquiatra especialista que me ayudó a salir de ese bache donde había
caído. Sin embargo, en toda esta temporada mi mamá, literalmente estaba con las
manos atadas por sus actividades y no podía hacer nada por mí, ahora entiendo
la enorme dificultad que ella tenía, su dolor y la imposibilidad para poder
actuar libremente.
La vida al lado de Rodolfo, mi papá, era muy compleja, de hecho ella trató de poner
orden en su casa y en una infinidad en de pequeños negocios que él tenía en torno
a sus molinos de nixtamal y sus tortillerías… pero además de eso él participaba
en diversas asociaciones civiles, grupos de periodistas, y hasta en acciones de
tipo político en Cd Nezahualcoyotl. Además para ese entonces había nacido mi
pequeña hermanita… su vida era un verdadero remolino, Estela intentó poner disciplina
y una de sus primeras acciones fue precisamente exigirle a Rodolfo que mi
hermanita fuera bautizada y que tuviera unos padrinos con verdadera instrucción
religiosa, además, que se comparara una casa en la colonia Roma a fin de quitar
del ambiente nocivo de Neza a esa pequeñita, (mi mamá presenció un asesinato frente a la casa de Neza) pensando que más adelante debería
asistir a clases al Anglo IPAE. Toda la vida, y sin tratar de intervenir, Estela siempre
estuvo al pendiente de lo que ocurriera a esa pequeñita.
Mientras tanto el siquiatra me recomendó tres acciones que
yo desarrollé aproximadamente en 8 meses: tener un trabajo fijo, encontrar una
compañera de vida e iniciar el estudio de una nueva carrera. Encontré el empleo, a la
novia e inicié ingeniería… el caso es que decidí casarme inmediatamente (a
finales del 76)… esto incidió en que mi abuela quedó sola y vulnerable, esto
propició que un accidente en la calle, la obligara a quedar postrada en cama
por una gran temporada, de hecho el resto de su vida… Yo estaba tan absorto en mi nuevo proyecto de
vida que no me percaté de lo ocurrido… pero Estela tuvo que tomar una decisión
definitiva. Ella volvió a su casa para hacerse cargo de su mamá y la tia Mello
y dejó definitivamente a mi padre y su proyecto.
La nueva situación era que mi mamá volvía a estar a cargo de
mi abuela, yo empezaba mi vida de casado y mi mamá había dejado totalmente a mi
papá. Sin embargo, ahora yo contaba de alguna manera con el respaldo del papá
que nunca había tenido. En el 78 se anunció el nacimiento de mi hija, y esto
dio pie a que mi mamá desplegara toda su astucia para que yo volviera a la casa
materna, y con el pretexto de los cuidados que necesitaría mi esposa y mi hija,
pudiéramos compartir el mismo techo.
Al año siguiente, cuando ya las cosas estaban aparentemente
más en orden, y debido a ciertas circunstancias, mi mamá aprovechando una serie
de situaciones, hizo que nos cambiáramos a la casa de enfrente (el número 25)
Después de una temporada volvió a establecer un enroque,
para que nosotros regresáramos a la casa (en el número 22) y ella regresara a
la casa del número 25. Viviendo cada cual en estos domicilios, ocurrió la
muerte de Mello y la de de mi abuela, esto fue en el año 83. En el 80 yo
terminé la carrera de Ingeniería y trabajaba en una escuela en Atizapán, en el
82 tuve una fuerte crisis de salud, no obstante me fui a un congreso a Madrid,
España; en el 84 elaboré mi tesis, presenté mi examen profesional y dejé todo
lo relativo a dar clases para dedicarme a la Ingeniería.
Estela quedó viviendo sola a partir del año 83 en el número
25 de la calle de 1810, en Venusiano Carranza; durante todo un año en el que
aprovechó además de resolver una serie de asuntos, y lo más importante, fue
tramitar la anulación de su matrimonio eclesiástico, hasta que un buen día,
habiendo recibido el documento que la dejaba en libertad para ingresar al
claustro, me expuso, que había tomado la decisión de ingresar al convento. Cuando
fui a ver su departamento, no encontré nada más que un viejo catre, un par de
cajas donde tenía su escasa ropa, y algunos efectos personales, todo lo había
vendido para poder dar su “dote” como en los viejos tiempos, y esperaba solo
que yo la llevara al convento.
Años atrás ella y su prima, de nombre Raquel Becerril, eran apasionadas miembros de la Adoración Nocturna, mi tia Raquel tenía un brillante negocio, un novio y toda la vida por delante, pero en una de tantas noches de oración regresó con la idea de abrazar la vida religiosa... mi mamá la apoyó en lo posible, pero como eran grandes confidentes, de hecho le impactó mucho esa decisión y Raquel ingresó al convento de Clarisas de Galeana, en la Villa de Guadalupe y tomó el nombre de María Adoración. Por lo anterior Estela y nosotros frecuentamos bastante el convento. Ahi nació la idea de poder algun dia participar haciendo algunos servicios... pero la Superiora le marcó con toda precisíón la decisión que debía tomar... si quería tener los privilegios de la vida religiosa, debía estudiar el discernimiento y ver si tenía o no vocación, Estela alegó que era casada y mi padre no había muerto, pero la religiosa le explicó que eso no era gran inconveniente si había la voluntad, por lo que la puso en contacto con un clérigo que tuviera la oportunidad de seguir el caso... y ahi empezó todo, cuando las condiciones fueron favorables
Por el lado de mi papá, él despreció totalmente la intervención
y la autoridad del tribunal eclesiástico, y estaba seguro de que cuando él así
lo ordenara, Estela volvería a su lado… esto sin querer facilitó las cosas,
pero quedó al margen de toda consideración.
Estela desde que yo era muy pequeñito me enseñó a amar muchísimo
a mi padre, no solo en las frases de cariño y respeto con las que siempre se
refería a él, pese a su absoluta ausencia, sino con recuerdos y explicaciones sobre
su familia, su origen y anécdotas, de hecho, a través de ella y sus pláticas yo
conocí a muchos de mis familiares paternos. Así que cuando fui mayor, y tuve la
oportunidad de convivir con papá, la tarea estaba hecha, no me fue difícil establecer
conversaciones y reconocer las mismas historias que mi mamá me había enseñado,
sin que hubiera ningún sesgo de odio, desprecio o resentimiento.
Durante los años que ella estuvo en el convento de Galeana,
al principio, simplemente solamente asumió muchas de las tareas que hacía, sin
ser monja, ayudando a “conducir la camioneta” para realizar una serie de
labores en las que se necesitaba de un chofer de confianza, en la medida que
pasó el tiempo y sus posibilidades y responsabilidades aumentaron, se ocupó de
muchas otras tareas como auxiliar en la contabilidad, en la redacción de las actas
de gobierno, en la papelería, la preparación de ayudas escritas para los cantos
y la liturgia, etc. asi como diversos trámites administrativos con los que ella
desde joven estaba familiarizada, por supuesto sin olvidarse nunca de hacer
todos los servicios con la camioneta, desde llevar a las hermanas al doctor, ir
al banco, ir a las compras, llevar y traer encargos, recoger a las visitas
desde el aeropuerto o la central etc.
Una estrategia que ella diseñó en épocas de gran necesidad,
fue, elaborar cajitas de galletas y llevarlas a vender a las grandes oficinas,
las cajitas de galletas eran de gran aceptación por su bajo costo y su
atractiva presentación, y además porque ella estableció un sistema de pagos en
varias exhibiciones, que alentaban a los compradores a solicitar un crédito muy
barato pero que permitió aumentar las ventas durante épocas difíciles.
Tal vez fue esta etapa de su vida la más fructífera,
especialmente por su consagración y su oración, pero al igual que todas las
demás hermanas, solo Dios sabrá los hermosos detalles de todas estas
actividades. Las hermanas me consideraban indignamente “su hijo” y yo les decía
que eran mis “tías”. Por supuesto que gracias a este contacto con Santa Clara,
aprendí mucho de la espiritualidad franciscana, y aunque de ninguna manera me
siento fuera de mi carisma marista, me apasionan muchos temas de la vida de
Asis, la Porcíncula y el Paz y Bien
Creo yo que una de las grandes intenciones de mi mamá fue
siempre pedir por la salvación de mi papá y su familia, siempre me preguntaba por
él y por mi hermanita… y creo que se formaron fuertes lazos de empatía entre
ellas. Poco antes del deceso de mi papá, Estela insistió mucho por medio de
conversaciones privadas con la madre de mi hermanita, que ella y Rodolfo estaban
en posibilidad de celebrar nupcias eclesiásticas… y creo que gracias a tantas
súplicas, mamá lo logró pues mi padre se casó por la Iglesia con la señora María
diciocho días antes de su muerte que ocurrió el 18 de febrero del 2003, ese
día, cuando yo quise comunicarle a mi mamá telefónicamente la noticia, ella, de
alguna manera ya lo sabía, pues me confesó que ese día, después de la comunión,
había sentido algo muy especial y no había podido lograr apartar a Rodolfo de
su pensamiento.
El otro pilar en la vida de Estela, fue definitivamente mi
tio Jorge, su único hermano, con el que de alguna manera vivieron vidas paralelas,
por supuesto que la educación familiar fue similar, mi abuela tenía una gran
preparación humana y religiosa y una enorme visión dentro de la rigidez de las
costumbres de la época y la influencia de los respectivos “colegios” tuvo una
importancia fundamental, por supuesto para él los Hermanos Maristas del Colegio
México, y para ella las Hermanas de la Providencia de Gap del Francés Pasteur… Desde
niño. La poderosa imagen de líder y triunfador, impresionó fuertemente a la
hermana menor, inclusive, su decisión de ingresar con los maristas, seguramente
impactó como una directriz, la vida religiosa. No obstante mi tío se mantuvo siempre
dentro de los debidos márgenes y fue muy reservado en sus ideales y metas.
La muerte de mi abuelo, cuando ella tenía 17 años, ayudó a
estrechar de manera indeleble la unión de los dos hermanitos, sin embargo la vida
de Jor estuvo encaminada a la vocación marista y Estela tuvo que asumir sus responsabilidades al lado de mi abuela y a mi lado… situación que no interrumpió por la
presencia de mi papá Rodolfo.
En este punto, la vida es un misterio, porque cuando yo
llegué a este mundo, mi hogar estaba constituido por mis mamás, y mi tio Jorge
no era sino una simple referencia. De hecho cuando yo pensé en abrazar la vida
marista, el prototipo que era mi tío, estaba muy lejos de mis ideales y fantasías,
casi, podría decirse que él era el pariente incómodo: él era un brillante filosofo,
con rasgos de científico por su afición a la Química Física y Biología,
excelente jugador de todos los deportes, especialmente fut bol, maravilloso jugador
de ajedrez, y gran músico, organista y ante todo, gran profesor… yo, por lo
contrario, era un pésimo futbolista, con poca visión deportiva, que con
dificultades pasaba mis materias con ochos y sietes… era muy retraído, y me
costaba mucho el solfeo y la memorización, tenía inteligencia mecánica y
técnica y me la vivía haciendo bromas y mis habilidades eran muy diferentes a
las de él, lo mismo ocurría con mi mamá, que a pesar de tener a su hermano como
un gran referente, de ninguna manera trataba de emularlo y ni siquiera
mencionarlo.
Sin embargo siempre estuvo ligado a El con un enorme cariño y respeto. Fue un golpe muy fuerte cuando yo me enteré que mi tío había colgado los hábitos, y él me pidió que yo mantuviera el secreto ante mi mamá, lo cual tuve que hacer durante varios años. Aunque ella nunca aceptó esa situación, se mantuvo siempre al margen de las decisiones de su hermano (especialmente porque después de retirarse, se casó con una familiar) Al final de la vida de mi tío, en varias ocasiones pedí un permiso especial en el convento para llevarla a Morelia a ver a su Hermano, la última vez para acompañarlo el día de su partida definitiva.
La etapa de su vida más fructífera, especialmente por su consagración y su oración fue sin duda cuando debido a sus enfermedades, achaques y la factura que cobra la edad, tuvo que dejar de lado salidas, camioneta y asuntos, pero al igual que todas las demás hermanas, solo Dios sabrá los hermosos detalles de la vida de oración integral y plena.
gracias a Dios por su presencia en la corta temporada que nos concedió recibir de ella tanto amor
JORGE
pax et bonum
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