Estimado Mauricio I, escritor
exalumno del CUM
Con gran asombro leí en tu
Facebook el relato de tu paso por el CUM y la huella que te dejó la experiencia
de tus años en este “glorioso” centro universitario… y como ocurre con los
buenos escritos de los buenos escritores, seguí y seguí adelante hasta llegar
al final, (que uno espera que nunca aparezca). En fin, todo tu relato me hizo
cimbrarme, y por eso quiero compartirte mi propia experiencia, porque creo que
existen diversas similitudes que me hacen encontrarte muy cercano a mi historia
personal, por supuesto con sus diversos matices y grandes diferencias, pero lo interesante, creo yo es
que, eres de las pocas persona, de acuerdo a lo anterior, que pueden
entenderme, es decir de captar el sentido profundo y el significado de nuestra personal
formación “marista”, por lo que me di a la tarea de escribir estos renglones,
espero no te moleste.
Para empezar, me presento, soy
Jorge, exalumno del Colegio México, primaria y secundaria, donde recibí también
la grandiosa formación de excelencia de la que tú hablas… estamos desfasados
generacionalmente en el tiempo, porque tú estuviste en el CUM en el 86, y yo
hubiera entrado como alumno al CUM en el 68… pero mis compañeros de banca de
primaria y secundaria, sí pasaron a la prepa de Nicolás San Juan, y al igual
que tú, tuvieron la experiencia de convivir por las aulas, pasillos y patios de
ese maravilloso centro educativo y recibir esa fabulosa preparación que tú
describes. Por otra parte en el año escolar 67-68, el Colegio pasó de estar
incorporado a la SEP, a ser un bachillerato adscrito a la UNAM, por lo que al
menos en el aspecto administrativo, ese año sí estuvimos en el CUM sección
secundaria.
Mientras mis compañeros llegaban
al CUM, a finales del 68, yo ingresé como aspirante “junior”, con los hermanos
maristas, al Juniorado o casa de formación que estaba en la ciudad de
Querétaro. Ahí cursé la preparatoria en el "Queretano"; mi primer año, en la casa
que se denomina “San Javier”, que hoy ya no es casa de formación pero que
alberga todavía al Instituto Queretano, y los dos últimos años de prepa en la
legendaria casa que se denomina “el Molino de San Antonio” (hoy ocupada por la
Universidad Marista de Querétaro), ahí recibí las clases del bachillerato y al
mismo tiempo los dos primeros años de Normal, cabe señalar que esa misma casa
realizaban sus estudios como profesores a partir de 1942 la mayoría de los
maristas “made in Mexico”, siendo la verdadera alma mater de la mayoría de las
generaciones de los profesores maristas, egresados de la Normal Queretana,
quienes fueron nuestros profesores durante toda la segunda mitad del siglo
pasado
Como ves, yo sí mordí el anzuelo
para convertirme en marista, y creo que esta fue mi verdadera vocación, aunque
como te relataré más adelante, después vino un cambio en la brújula de mi vida.
Pero continuando con mi historia, te comento que de Querétaro, mi grupo y yo
pasamos al Noviciado a Morelia (de quince que éramos en 1º de prepa solo
quedamos cinco: Roberto Carrillo, Victor Zambrano, Tarsicio Cruzaley, Dionisio
Hernández y yo), donde canónicamente hicimos un año de postulantado, tomamos el
santo hábito marista y después concluimos con el otro año de noviciado, al final del cual
profesamos nuestros primeros votos.
No pude terminar ese periodo
escolar, porque a medio año me enviaron a “descansar” a la casa de formación de
Tlalpan, sólo para poder terminar mi segundo año de votos, quedando al margen
de cualquier actividad eductiva o apostólica… al terminar ese año quedé formalmente
fuera del Instituto Marista, en perfecto acuerdo con mis superiores (por cierto
me prohibieron estrictamente que yo comentara con ningún hermano de estas
decisiones, por lo que mi salida fue algo así como sale una sirvienta por la
puerta trasera de la casa, después de haber sido violentada por el patrón.
El año siguiente fue para mí, el
más terrible de mi vida, ya que por una parte, en ese momento yo nunca había
tenido otra perspectiva de mi vida, diferente de la vida marista. De hecho, mi
infancia y primera adolescencia transcurrió al lado de mi mamá y mi abuela, la
figura paterna fue mi tío, que también era hermano marista… él siempre estuvo asignado al Internado
México, (hoy secundaria del Colegio México, en Acoxpa) en algún momento de su vida decidió estudiar Filosofía, y lo hizo en la
UIA, donde obtuvo históricamente el primer título académico como doctor… se
consagró a esta rama del conocimiento, y a escribir libros, sin descuidar sus
clases como profesor del Internado México.
Mis padres se separaron con motivo de que mi madre había quedado encinta después de cuatro años de matrimonio, mi papá era huérfano, y se vino a vivir solo, siendo un niño de 6 años, a esta Ciudad de México, conoció toda la miseria y las penurias que se puede uno imaginar, y ya siendo jovencito se enamoró de una señorita, hija de una familia muy modesta cuyo hijo se había ido de “fraile” con los maristas… Mi mamá trabajó desde los 17 años como mecanógrafa y secretaria, pero después de casarse empezaron los problemas, porque mi papá no aceptaba que ella trabajara, … ya que, según él, todas las mujeres terminaban prostituyéndose al trabajar fuera del hogar (aunque él no tenía ninguna estabilidad económica ni trabajo fijo)… la situación se volvió crítica con el anuncio de mi nacimiento, y como él era muy violento, ella optó por regresar a su casa materna. Mi abuela tenía unos principios y rigidez extremas, de supuesto cuño "católico", por lo que tardó muchos años en aceptar la decisión de mi mamá… Yo conocí a mi papá cuando tenía 4 años y lo ví sólo unas diez veces en total antes de entrar a Querétaro, por ratos, en toda mi niñez. Y comencé a tratarlo ya siendo adulto.
En este contexto, y dentro del
ambiente del Colegio México transcurrió mi infancia, mis profesores siempre fueron
hermanos maristas, además de que conocía y trataba a toda la comunidad y al
igual que tú relatas, en los recreos pasaba diariamente a la capilla a recibir
la comunión, y todos los sábados asistía a integrarme al grupo de catequistas
del Colegio, íbamos a las colonias Vasco de Quiroga y Nuevo Atzacoalco al norte
de la ciudad…
Mis mejores amigos, confidentes y
guías eran principalmente los hermanos, toda la primaria y secundaria y ellos
me enseñaron no solo la parte académica y a jugar futbol, sino a rezar el
rosario, y a buscar a María como Recurso Ordinario, además me enseñaron desde
que estaba en 4º año y fuera de clases, a calificar los exámenes, llenar las
listas de calificaciones, calcular los promedios, etc… ayudándoles a ellos en
sus tareas, asi como a preparar mis
clases y material didáctico como catequista, etc… entre ellos puedo mencionar a Avelino Mejía,
Miguel Angel Villalobos, Javier Olmedo, Juan Ruiz, Ignacio Ocaranza, Enrique
Vignau, Ángel Goñi, Félix González, Xavier Jiménez, Javier Longoria, Lizardi,
Miguel y Francisco García Olvera, y
muchos más.
Cuando me invitaron para ser
hermano no lo pensé dos veces, porque no solo estaba motivado, sino porque yo
sentía que ese era mi único y auténtico destino, además de mis útiles escolares, tenía un cuaderno donde tomaba
nota de la forma de dar clase de cada uno de mis maestros, y me veía a mi mismo
en el pizarrón, dando clases cuando fuera adulto…
Pasando unos años adelante,
durante mi noviciado, me asaltó el demonio de la duda, al pensar en el destino
de mis padres… y empecé con ellos una “campaña epistolar”. A base de enormes
cartas, me dediqué a buscar la manera de que mis padres “rehicieran su vida”, y
en un domingo de “visita de familia”, cuál fue mi sorpresa, de que mis padres,
sin ponernos de acuerdo, coincidieran para visitarme… no solo eso, después de
la visita a Morelia, ellos habiendo regresado a México, empezaron a
frecuentarse y al mes ya estaban de nuevo intentando vivir juntos.
Yo atribuí lo anterior a un
verdadero milagro, y sentía que mi gozo era insuperable. Pero el día de mi
profesión religiosa, ( a partir del cual nos daban una semana de vacaciones) durante
el viaje de regreso a mi casa, al lado de mi mamá, ella se encargó de echar al
suelo todo ese castillo de naipes que yo había construido… en realidad mi papá
era rico y poderoso, tenía otra u otras familias y yo en realidad tenía varios medios
hermanos, papá jamás cambió su mentalidad para reconocer los valores que para
mí eran los más importantes: la fidelidad, el amor, el respeto, la solidaridad,
el orden, el diálogo, el estudio, etc., que no existían en su mundo, mucho
menos aceptaba los valores religiosos, educativos, la vida consagrada, los
grados académicos, las virtudes y las
Teologías , y sin embargo, mi mamá ¡estaba viviendo con él!… y mi abuela vivía
sola…
Este conflicto me destrozaba por
dentro, mientras que en lo exterior, las teorías en boga en esas épocas, de la
Teología de la Liberación, la exaltación de la pobreza evangélica en las
“comunidades de base”, el grito de “paz y amor”, los avances de la Sicológía y la Pedagogía,
(Freire, Fromm, Bonhoefer, etc) me hacían
vivir en un verdadero huracán de sentimientos encontrados.
Por eso, cuando me invitaron a
salir de la congregación, yo no sentí
nada especial, era parte del mundo de caos en el que estaba viviendo,
era continuar en una aventura sin sentido donde todos los valores estaban de
cabeza, además de ver que la vida de las comunidades maristas se diluía en los
intereses personales de muchos hermanos y en las egoístas ambiciones de poder y
reconocimiento de muchos otros… por otra parte, en mi casa, mamá ya no estaba,
porque había ido a vivir con papá, viviendo en una situación terriblemente difícil,
tratando de adaptar su vida a un ambiente totalmente desgastante y ciertamente
masoquista, que si bien, 20 años atrás la habían hecho desistir, hoy la
arrastraban a un suplicio totalmente descomunal.
Pero Dios escribe derecho sobre
líneas torcidamente entrelazadas, y fui a caer en manos de un excelente
psicólogo que durante 8 años de tratamiento, me ayudó a encontrar un poco de equilibrio. De inmediato me fijó tres metas, la primera era buscar un
trabajo fijo y estable (yo me mantenía dando clases particulares eventualmente,
pero eso no me daba ninguna estabilidad) el segundo, era estudiar una carrera
que no tuviera nada que ver con Teología, Sociología, Psicología, Pedagogía…
etc. y todo ese mundo que me apasionaba pero que me ahogaba… y tercero encontrar a una verdadera
compañera que me ayudara a desarrollarme como persona.
Fue así que en menos de un año
estaba yo trabajando en una empresa con un salario bueno y fijo, había empezado
la carrera de Ingeniería Municipal y había encontrado una novia con quien me
había casado y vivía con ella.
Durante la secundaria nunca pensé
en ingresar al CUM, porque estaba obsesionado con irme a Querétaro, y al salir
del instituto tampoco pensaba ni en la Universidad ni el Politécnico, y mucho
menos en una universidad particular, además de que mi formación iba en la línea
de materias del área de humanidades,
pero ciertamente había un gran miedo de enfrentarme al mundo real.
Fue uno de los ingenieros que era
mi “jefe”, el que me propuso y casi me forzó a iniciar la carrera. Ingeniería
Municipal se impartía en una Escuela superior del mismo nombre, ubicada en la
colonia de los Doctores, Una escuela particular que nunca tuvo ningún
patrocinio, sede fija, ni recurso alguno, inició a operar con otras carreras, como parte
del movimiento obrero organizado de México, aproximadamente en 1932… pero la
misma Universidad Obrera “echó a la calle” a todas las carreras que no estaban
orientadas al Derecho Laboral… algunas de ellas fueron acogidas en el naciente
proyecto del IPN, que estaba cocinando don Lázaro Cárdenas, y por eso, nuestra
escuela donó el poco material que tenía para la enseñanza de la ingeniería, a
la ESIA…y se dio por un hecho que había cerrado sus puertas la carrera
Don Lázaro, viendo el fervor de
los profesores de la ingeniería municipal, les concedió un decreto de
reconocimiento de validez oficial a los estudios, y de ahí nace esta escuela,
que siempre se sostuvo sólo de las colegiaturas de los alumnos, todos ellos
trabajaban y estudiaban, y casi todos los maestros fueron los mismos egresados.
Cuando la SEP empezó a tomar cartas en el asunto de las escuelas superiores,
exigió que fueran 4 años de estudios para la licenciatura, y esto se consolidó
cuando a los egresados se les dio oportunidad de ser admitidos como peritos de
construcción para el DF. La escuela ha sobrevivido sin ayuda, 88 años, en diversos planteles, dentro de los que destacan General Prim, Doctor Lucio, San Pedro Tepeplapa, calle de Leo, Calzada de Tlalpan y hoy en Avenida del Taller.
Espero no aburrirte con toda esta
letanía de “patoaventuras”
Transcurrido mi primer semestre
de matrimonio, acordamos dejar ese trabajo que me había dado tanta estabilidad
y buscar otros caminos, mi señora era profesora, y a mí me ofrecieron trabajo
en una escuela particular… lo cual me permitía asistir a la escuela de
Ingeniería, así pasé cinco años, trabajando como profesor en un escuela
particular, y estudiando por las tardes. En esa temporada me integré de tal
manera a la comunidad educativa donde trabajaba (comunidad de monjitas) que
realicé todos los empleos posibles, desde chofer hasta subdirector
administrativo, convirtiéndome en parte del inventario de la escuela, creo que
con eso saldé la cuenta de la educación que había contraído en mi formación
como profesor y fraile marista.
Al terminar mi carrera, mi esposa
me exigió que dejara la docencia y me dedicara a explotar mi carrera como
ingeniero, encontré trabajo en la empresa que desarrollaba el proyecto del STC
Metro, y adquirí una gran experiencia en obra electromecánica, cuando me
titulé, abandoné ese trabajo, y quise entrar de lleno a la obra civil, (porque yo
soy ingeniero municipal), pero finalmente tuve que regresar al proyecto del
Metro, dentro de otra gran empresa proyectista… fue un proyecto que duró casi
cinco años (la línea que corre por la calzada Zaragoza). Al final constituí una
pequeña empresa y obtuve mis registros como Director de Obra. Sin embargo, no
todo era miel sobre hojuelas, en esa
época estaba tan absorto en mi trabajo que descuidé mi hogar, y mi esposa me
pidió una separación que culminó en divorcio…
Si la crisis de mi salida del
instituto marista me dejó fuera de combate por un año, mi divorcio acabó
totalmente por noquearme… pasaron diez años para que yo me volviera a
estabilizar… el hecho de estar divorciado, me hizo totalmente vulnerable me alejó de las ayudas que más me
hubieran apoyado… yo vivía solo, y me alejé por completo de todo (incluyendo a
los maristas) sobreviviendo en medio de la tempestad, hasta que decidí volver a
formar un hogar y me casé por lo civil. La elección de compañera no fue muy
adecuada, pero al menos rompí la inercia, y empecé a reconstruirme, esta
relación se acabó muy pronto pero me animó a iniciar con el proceso de la
disolución del matrimonio eclesiástico, Después de que me separé y me divorcié
de este segundo matrimonio, volví a encontrar una nueva (tercera) pareja de vida y
empezamos un nuevo intento. Dos años después de vivir juntos, me llegó en forma
oficial el aviso por parte del tribunal eclesiástico interdiocesano, de la anulación de mi primer
matrimonio… esto fue verdaderamente providencial, yo le expliqué la situación a
mi compañera, y le sugerí que lleváramos a cabo todos los trámites para poder
casarnos ante la Iglesia.
Todas las cosas fluyeron como por
arte de magia, pero no fue nuestra buena suerte o nuestros méritos, sino
efectivamente la mano bondadosa de nuestra Buena Madre, que nos abrió el camino
y nos permitió esta reconciliación en todos los sentidos. Una muestra de la
presencia de María en este proceso, fue que, sin nosotros haberlo buscado o
sugerido, el sacerdote que nos casó, precisamente en una capilla anexa a la
Basilica de Guadalupe, fue un antiguo marista que habiendo dejado los hábitos,
después de ser superior provincial, se
ordenó y se convirtió en canónigo de la Basiílica… pues él, “por pura
coincidencia” nos confesó previamente y
escuchó nuestras promesas de fidelidad matrimonial ante el altar y la
comunidad…
Este hecho me hizo renacer
plenamente… Por supuesto, no soy un ejemplo de virtud y nuestro matrimonio, que
lleva casi 20 años, ha atravesado momentos muy difíciles, pero sigue adelante.
Uno de los aspectos que más agradezco al Señor, es que con plena libertad he
podido regresar a la vida sacramental, y a reintegrarme a mis viejos grupos de
exalumnos maristas e inclusive de antiguos hermanos que al igual que yo dejamos
atrás a la congregación para realizar nuestra vida como seglares.
Al respecto es mi interés
especial compartirte esta última parte de todo este escrito. Al buscar a mis
antiguos compañeros maristas he venido a integrarme a distintos grupos, por
supuesto a los exalumnos de mi generación en el Colegio México, para quien guardo un cariño
especial, sino también a distintos grupos de hermanos que en un momento de su
vida decidieron retirarse, alguien comentaba recientemente que en las décadas
de los años 60, 70 y 80, a partir de la
puesta en operación de las enseñanzas del Vaticano II, ocurrió una “desbandada”
de frailes que abandonaron la congregación marista, pero yo respondí que, en
realidad ninguno de nosotros abandonó la Vocación, simplemente se transformó hacia
una nueva dinámica, porque la verdadera vocación es un compromiso personal con
el Señor, a través de los medios que El mismo pone a nuestro alcance.
En la mayoría de los casos todos
esos antiguos hermanos encontraron en el matrimonio un verdadero apostolado, y
formaron familias con hijos y nietos, cristianos comprometidos y practicantes y
en perfecta conformidad con la Iglesia. Pero además y de acuerdo al caso
particular de cada uno de nosotros, la mayoría prosiguió dentro del compromiso
de ser verdaderos apóstoles de la educación. Por supuesto la mayoría realizó
los estudios que le permitieron complementar su perfil profesional, y trabajan
o trabajaron, hasta el último de sus días, por los proyectos educativos para
los que estaban capacitados, invirtiendo hasta el último de sus esfuerzos para
alcanzar ese ideal nacido con Marcelino Champagnat.
Tengo el gusto de comentarte que participo en diversos grupos, con mayor o menor nivel de formalidad, pero todos y cada uno de nosotros vivimos, desde nuestra trinchera, esa pasión por llevar a los jóvenes y a la sociedad, el mensaje de Jesús al estilo de Marcelino. Te comento varios ejemplos: el que fuera mi maestro de 2º y 6º en la primaria, habiendo dejado la congregación, fundó un colegio en Irapuato al que llamó Marcelino Champagnat… cuenta desde preescolar hasta preparatoria yo fui testigo de sus angustias financieras para sacar adelante su proyecto. Él falleció hace dos años. El que fuera prefecto del Colegio Mexico, desde que estuve en 2º hasta 6º cuando salió estuvo en varios proyectos educativos, el fundó el colegio Montaignac en la colonia del Valle, luego lo llevó a Coyoacán… Mi profesor de 1º de primaria trabajó toda su vida en la Universidad Anahuac, una vez me comentó que él instauró la carrera de Actuaría en esa institución, con sus amigos Legionarios. Otro de mis grandes profesores, el de 3º estuvo ligado a la Universidad Pedagógica Nacional desde su nacimiento, por muchos años fue el vocero de esta casa de estudios. El viejo Lopez, que tú conociste, no descansó hasta dejar funcionando la Universidad Marista… el dia que murió, estaba en junta de maestros, y les dijo, “voy a darles unos minutos para que respondan a esta pregunta ¿qué puedo hacer yo, en lo personal, por la UMA? Entonces pidió un receso y se quedó solo en la dirección, en este momento sufrió su infarto final. Y así de cada uno de los maristas y exmaristas podríamos escribir infinidad de historias y ejemplos de vida.
En fin, como corolario, simplemente anotar que
el espíritu de Marcelino, que tú recibiste en el CUM sigue vivo y es un gran
árbol con enormes raíces y grandiosas ramificaciones que sigue dando sombra,
solaz, alegría y sentido a la vida de muchos, para llevarnos a Jesús por medio
de María. Mucha gente critica sin profundizar, las escasas vocaciones, la falta
de compromiso de las actuales comunidades religiosas, el interés meramente
económico de los grandes colegios, la venta incluso de las antiguas grandes propiedades maristas,
etc… pero por encima de todo eso está un carisma perfectamente claro y
definido, y que es don del Espíritu, que sopla donde quiere, y en este caso se trata de EDUCACION y el compromiso con los más necesitados.
Disculpa toda mi verborrea, quisiera saber más de ti, entiendo que perteneces a la Milicia de la Inmaculada, y que has asumido personalmente la espiritualidad del gran Maximiliano Kolbe; que vives en Seatle, que tienes un extenso camino recorrido, y que tu misión especial (y tu don) es ser escritor… Bendito sea el Señor.
De niño también fui portador (hasta que se me perdió) de la hermosa medalla milagrosa de María, y por otra parte, la historia de don Max llegó a mis manos también por casualidad cuando yo era niño, pero nunca le dí la importancia que tenía. Hoy, encaminado un poco más por el camino del laicicismo, he entendido y captado que la vida de este gigante, es digno de tomarse como un verdadero ejemplo práctico de la forma del trabajo laico...Aunque hay no hay que dejar de considerar que él pertenecía con sus hermanos franciscanos a los "conventuales", pero eso no le impidió estar involucrado en la vida de su pueblo polaco en plena gerra mundial, su medio de acción es como muchos otros (pienso en el padre Claret, a través de las publicaciones escritas vgr. Caballero de la Inmaculada) fundando el movimiento de la "Milicia" la fundación de la Ciudad de la Inmaculada en Niepokalanov, su atracción hacia la vida misionera y su labor en Pawiak y Auschwitz... marcado con el 16670 y su oferta para intercambiarse con el sangrento Gajowniczek al quien le salvó la vida...
A propósito no resisto las ganas de contarte la historia que dejé inconclusa: mi mamá. Cuando muere mi abuela, ella anula su matrimonio eclesiástico e ingresa al convento de clausura, ella tenía mas o menos 50 años, e ingresó con las hermanas clarisas capuchinas... como era la que sabía manejar una camioneta, se le encomendaron todas las tareas de "la calle", compras, pagos, abastecimientos, visitas, servicios al médico, recoger del aeropuerto, etc, además de que nunca dejó sus servicios con la máquina de escribir y de poner en orden la contabilidad y las actas administrativas del claustro... ella voló hacia la casa del Padre hace dos años. Volvemos con el tema de que dónde está el limite entre lo profano y lo divino?, lo mundano y lo espiritual? como dijo el gran Benito, labora et ora... el trabajo, aún intelectual, es oración, y si tu oración no te lleva al trabajo, es una total y absoluta pérdida de tiempo. Oremos juntos. y gracias una vez mas
nota: escribo a través de esta liga a una pagina personal, para evitar publicar en los medios, donde nadie lee, y nadie entiende, gRAcIAS.
Jorge Guzmán, guzguz19@gmail.com, 5554553822
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