SIGUEN LAS MANIFESTACIONES

 SIGUEN LS MANIFESTACIONES…En la actualidad, cuando escuchamos la palabra manifestación pensamos en un grupo de personas que se deciden a toma la vía pública o alguna instalación de servicio, por un tiempo significativo para que TODOS se den cuenta de una petición o una realidad que normalmente ni la autoridad ni el resto de los ciudadanos nos percatamos debido que poca gente o nadie se había percatado de un problema o una realidad que nos afecta a todos…
estos hechos cuando son realizados con orden y respeto, resultan muy útiles a la comunidad, cuando se realizan por la via de la violencia normalmente originan grandes pérdidas y afectaciones para el resto de la comunidad que nada tiene que ver con el asunto que se manifiesta…
sin embargo toda manifestación lleva consigo la presentación de un mensaje que va a romper con el contexto y el estado de cosas actuales, para exigir un cambio, una acción o un enfrentamiento de conciencia ante la verdadera realidad.
Asi las cosas cuando encontramos en la lectura de la Palabra de Dios esta misma expresión: “MANIFESTACIÓN”, a nuestras mentes nos llega una serie de significados que a veces nos confunden… toda esta temporada el hilo conductor de las diferentes imágenes que se nos presentan en las lecturas del domingo ven en relación a la “manifestación de Jesús”… y el sentido de esta palabrita sigue siendo el mismo de cualquier manifestación, eso sí, aunque no genera violencia, sí exige una toma de conciencia y un cambio de conducta, analicemos:
La primera manifestación del poder de Dios fue cuanto Gabriel visitó a esa sencilla mujercita y le “manifestó” que ella sería la madre del Mesías,
la siguiente manifestación ocurre cuando María visita a su prima Isabel… ambas mujeres y sus respectivos hijos que están gestándose en el vientre, reconocen y manifiestan su misión…
despúes viene la manifestación a los pastores, los “angeles” dan la noticia de que un salvador ha nacido, y ellos cambian su conducta y acogen a Jesús en el portal de Belem…
posteriormente encontramos la hermosa manifestación a esos señorones que vienen desde lejanas tierras montando elefantes, camellos y caballos siguiendo un estrella, Jesús se manifiesta a través de una estrella, y ellos responden y la siguen, hasta encontrar al niño…
en los siguientes domingos encontramos a Jesús que se encuentra de nuevo con su primo el Precursor, Jesús va al río donde predica Juan, unos fariseos vienen a interrogar a Juan preguntándole si él se cree el mesías, y Juan declara que no lo es, pero que ya está presente… al dia siguiente, Juan detecta a Jesús y lo señala, diciendo que él es el cordero que lleva sobre sí todos los pecados del mundo… entre ellos hay una primera manifestación, pero en el momento en que Jesús es bautizado, ocurre un fenómeno que los escritores del evangelio registran:
el cielo se abre, se escucha una voz que dice, “este es mi hijo muy amado”, y el “Espírtu de Dios” desciende sobre Jesús… algunos los vieron en forma de paloma, sea como haya sido, existe una manifestación de una triple relación de la divinidad hacia el mundo: Jesús manifiesta su misión, el padre manifiesta su felicidad, y el espíritu manifiesta su acción.
A nivel totalmente humano, la manifestación y el testimonio que ha dado Juan, hacen que un puñado de hombres, se decidan a seguir a Jesús, y Jesús se les manifiesta… a Natanael, por ejemplo, le dice que lo conoció desde que estaba debajo de una higuera… y a Simón, le mira a los ojos y le cambia de nombre…
en esa misma semana, Jesús y María asisten a las bodas que se celebran en Caná, y es cuando Jesús de nuevo se manifiesta en la forma como soluciona la falta de vino… el vino de Caná es una manifestación del amor de Dios, de la plenitud y de la felicidad humana con la cual Jesús esta totalmente comprometido.
Este domingo, continúan las manifestaciones: Jesús, estando precisamente en Nazareth, acude como de costumbre al templo un sábado, y le toca hacer la lectura... por una de esas casualidades que sólo se explican por la acción de Dios, Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a dar una buena noticia a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el documento y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que ustedes acaban de oír».
El texto citado corresponde a un poema escrito por Isaías, (lo encontramos en el capítulo 61, versos 1 y 2…) son unos versos que seguramente todos sus contemporáneos y paisanos sabían y recitaban de memoria… y el verso, de hecho se interrumpe, según el relato evangélico, porque continúa diciendo en el texto original de Isaías:, “el día del “desquite de nuestro Dios”, “me envió para consolar a todos los que lloran, y darles a los afligidos una corona en vez de ceniza, el aceite de los días alegres en vez de ropa de luto, cantos de felicidad en vez de pesimismo”.
En el caso del texto de Isaías, corresponde a la parte tercera de este libro, y fue escrito probablemente en el tiempo en que después de 70 años de ser esclavos los judíos habían vuelto a su país… el profeta de ese entonces anuncia a un Dios que viene a vengarse de sus enemigos, tanto de los mismos judíos que no quieren apartarse de su corrupción, como de los extranjeros que han sometido al pueblo de Israel…y su discurso presenta dos imágenes: la novia que viene para desposarse con su amado, representada por el bionmio Sion-Jerusalem, y la imagen del Mesías que viene a consolar a los más pobres…
En ambos casos, en el escrito de Isaías, así como en el pasaje de la vida de Jesús leyendo y explicando su presencia, se trata de la manifestación del poder de Dios. Dios que salva a su pueblo, y el pueblo que es consolado amado y salvado por Dios. La presencia de Jesús hace que se vuelva un AQUÍ Y AHORA esa acción dinámica de Dios…
En cualquier otro pueblo o ciudad Jesús era un desconocido, tal vez hasta un extraño que podría aparecer como un gran personaje, pero precisamente en Nazareth, Jesús era perfectamente conocido por todos desde niño, y esto era lo que hacía más difícil y complicado para sus paisanos, admitir que en él se cumplían todas las profecías y él mismo estaba haciendo presente ese inmenso amor de Dios…
Esta paradoja es la que nos muestra entre líneas este maravilloso relato, ya no es la manifestación a los reyes que vienen de oriente, o a un predicador que bautiza en el Jordán, o a unos seguidores que han visto sus milagros en Caná, sino es la grandeza de Dios en la persona de un paisano… un hombre tan sencillo, tan cercano, tan involucrado en los problemas de la vida diaria… que parece increíble que pueda ser un mesías…
El texto del evangelio continúa presentando las peripecias que tiene que pasar Jesús con sus paisanos en su propia tierra que lo vio crecer… pero la misma reacción que tenían aquellos hombres rudos, marcados por el calor del desierto, la imposición del imperialismo romano y la desesperación de las dificultades de la vida, es precisamente la reacción que hoy, en pleno siglo XXI seguimos teniendo nosotros para reconocer esa acción de Dios a través de los hechos de la vida diaria…
Se nos hace imposible reconocer que el Señor se manifieste en los sucesos de nuestra vida diaria, en las noticias, en los eventos nacionales e internacionales, en los problemas financieros, de salud o de educación de nuestros días, en la violencia en la incongruencia de nuestra propia vida, en nuestra familia, en nuestro centro de trabajo, en los amigos o en los conocidos y pensamos que Dios es otra cosa, algo totalmente ajeno a nuestro mundo, no podemos aceptar que esté presente y actuando precisamente en esos problemas en los que nosotros estamos atrapados.
Tal vez nuestra vida puede volver a cobrar sentido en la medida que entendamos que el mismo Jesús, que daba lectura a los textos de Isaías, ha venido y está presente en nuestra propia historia, un Jesús “enviado para consolar a todos los que lloran, y darles a los afligidos una corona en vez de ceniza, el aceite de los días alegres en vez de la ropa de luto, cantos de felicidad en vez de pesimismo”.

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