El padre Vianney

 

EL PADRE VIANNEY

Cuando escuchamos tantos encomios y alabanzas al personaje que es el Santo patrono de los párrocos, pensamos sin querer, en una historia totalmente alejada a nuestra vida diaria y que por supuesto que no anima a ningún joven a abrazar la vida sacerdotal… y es por eso que quisiera en estos renglones comentar brevemente algunas palabras sobre este sencillo párroco francés cuyo recuerdo debe ser reconocido, revalorado y sobre todo, imitado.

Para empezar, tratemos de entender cómo se vivía y qué ocurría en su tiempo… Vianney nació en 1786, es decir, tres años antes de que iniciara la Revolución Francesa, este pequeñín nace en un insignificante pueblito llamado Dardilly, al oeste de Lyon, en el estado (departamento) de Ródano y es hijo del matrimonio de Mateo y María… siendo el tercero de seis hermanos...

Su padre era campesino, en una época en que la Monarquía Francesa todavía gobernaba haciendo gala de violencia a costa de las familias más pobres y desfavorecidas… toda la gente vivía pobre, inconforme y sometida a la voluntad del Rey que disponía no solo de las personas sino de sus propiedades y su trabajo… la sociedad estaba harta de los impuestos, de las leyes y de los caprichos de los nobles…

En las ultimas décadas de ese siglo, la población de Francia había pasado de 20 a 26 millones de personas, y el 85% eran campesinos, el resto eran desempleados. Y tenían que acatar un régimen con muchas imposiciones de una legalidad remanente del feudalismo medieval… el campesino tenía que pagar una renta al dueño de las tierras que cultivaba, además entregarle un porcentaje de su cosecha, pagar una cantidad sobre las operaciones de compraventa de todos sus productos y de sus herencias, y por si fuera poco el campesino tenía obligación de moler su trigo en los molinos del dueño, y para cocer su pan, utilizar los hornos del patrón, y por todo esto debía pagar… además cumplir con los diezmos y primicias que se pagaba a la Iglesia, y por si fuera poco, los impuestos obligatorios para el Rey.

En las ciudades más grandes empezaron a manifestarse de una manera muy fuerte los Burgueses, que representaban a la clase social media alta, de los abogados, científicos, profesores y médicos que no tenían ninguna prestación oficial y que cada día veían mermados sus ingresos, especialmente por el tratado de libre comercio con Inglaterra… que permitía la venta de productos hechos en Inglaterra a costa de los productos hechos en Francia.  

En este estado de cosas estalló una revolución que tenía como su primer objetivo el destruir todo el sistema de gobierno, en el que los reyes aprobaban leyes propuestas por la nobleza, la nobleza era defendida por el estado y solo buscaba preservar sus privilegios a costa de todo el mundo, fundamentalmente de los campesinos… y del fracaso de una y otra negociación, esta revolución empezó a cortar las cabezas a los nobles, funcionarios y militares que defendían los derechos del Rey y a la misma familia real, hasta que esa revolución (el tercer estado) acabó con todo lo establecido… no fue sino hasta 1799 (diez años después) en que el golpe de estado que dio Napoleón Bonaparte, restableció una forma de gobierno prácticamente monárquico… Vianney era un chamaco de 14 años.

El papel de la Iglesia fue muy interesante, por una parte muchos de los nobles se apoyaban en las “leyes divinas” y de una serie de principios con apariencia religiosa que sostenía la autoridad de los monarcas, y que a su vez los mantenía a ellos; sin embargo el “bajo clero”, también participó y se unió a los “sans culots” condenando las injusticias y los abusos a los pobres y campesinos…  

Juan María nunca fue un chico brillante, tenía una inteligencia que podríamos decir era de medianos alcances, y en 1806, fue invitado por el señor Balley, cura del pueblo de Ecully, quien había creado una casa de formación para jóvenes con intención de convertirse en sacerdotes… a la cual ingresó. Encontró los estudios demasiado difíciles, especialmente el aprendizaje de la Gramática Francesa y el Latín.

En esa región estaba de moda la devoción a San Francisco de Regis, que fue un hombre que un siglo atrás había sido un gran predicador jesuita en toda esa zona y había dejado una enorme huella de su gran Fe y espiritualidad… por lo cual se le veneraba en la iglesia de Lalouvesc, Francisco de Regis murió en 1640 y fue canonizado en 1737… y en el lugar donde estaban sus restos se construyó una un santuario,  y se hacían muchas peregrinaciones a ese lugar donde estuvieron sus restos. Pues Juan María hizo la promesa de ir a Louvesc para pedir al santo que pudiera terminar sus estudios de seminarista… el viaje era de 100 kms, que Juan María recorrió a pie, con un bastón y rezando el santo rosario… Vianney siempre reconoció que todo lo que había hecho se lo debía al jesuita de Regis…

En 1806 fue dispensado de hacer el servicio militar, por estar estudiando en un seminario, pero en 1809 fue reclamado nuevamente para ir a la guerra, de esa manera ingresó al cuartel de Lyon, para ir a pelear contra los españoles en la invasión que hizo Napoleón por las Roanne.

 Pero ese mismo año desertó. Se le acusaba además de que su hermano se había sido enrolado al ejército sin tener la edad necesaria… Juan María estuvo huyendo, y a finales de ese año regresó a la casa del Padre Balley, aquel cura que lo había invitado a ser sacerdote… finalmente, teniendo 26 años de edad ingresó al seminario menor de Verrieres, para estudiar Filosofía y después Teología en el seminario mayor…  y el 13 de agosto de 1815 fue ordenado sacerdote … el padre Balley tuvo que interceder por él para que no fuera expulsado de ese seminario mayor… debido a su bajo rendimiento académico. Balley asumió toda la responsabilidad y siempre fue su protector y guía.

En el año 18 muere este protector y Vianney es enviado como vicario al pueblito de Ars… que tenía solo 250 habitantes y todavía no era considerado como parroquia sino que dependía de la parroquia de Miserieux.

Vianney estaba convencido de que solo había dos maneras de convertir a la gente de la aldea: la primera era por medio de la exhortación directa, pero él sabía que su fuerte no era la elocuencia y los hermosos discursos parroquiales, y la segunda era haciendo penitencia por sus feligreses, orando por ellos y dando ejemplo de disciplina y congruencia. Tomando en cuenta lo anterior, dormía sobre el piso en una habitación húmeda de la planta baja o en el desván, utilizando como cama una tabla y como almohada una rama de árbol, no comía prácticamente nada, dos o tres papas mohosas a mediodía, y algunas veces pasaba varios días sin comer en absoluto; se levantaba poco después de medianoche y se dirigía a la iglesia, donde permanecía de rodillas sin ningún reclinatorio o banca que sirviera de apoyo, hasta que llegaba la hora de celebrar misa.

Las mortificaciones del Juan María tal vez para nosotros, hoy parecen carentes de sentido, crueles, necias, e incluso quizá perversamente masoquistas, sin embargo, él pensaba que solo a los austeros se les da el conocimiento de lo místico. Se cuenta que dijo a un sacerdote a quien le preocupaba mucho la “tibieza de sus propios feligreses”: «¿Ha predicado usted estudiando antes lo que va a decir? ¿Ha rezado usted por ellos? ¿Ha ayunado usted por ellos? ¿Se ha disciplinado por ellos? ¿Ha dormido usted sobre una tabla? …Mientras no haya hecho todo esto, no tiene usted derecho a quejarse como sacerdote…

Cuando llegó a Ars tuvo la idea de crear una especie de asilo para niñas desamparadas, en el cual les enseñaba el catecismo y las orientaba a una vida sana, este lugar se llamó “la Providencia”… pero pronto fue objeto de una serie de calumnias y de envidias, a pesar que a su ejemplo, se crearon otras “providencias” en otras ciudades, copiando lo realizado en la Providencia de Ars, la presión por parte de los feligreses fue muy fuerte y tuvo que ceder la dirección de este proyecto en 1847.

Sin embargo el apostolado más significativo del padre Vianney era precisamente en el confesionario, en un principio él le dedicaba unas 10 horas diarias pero se dice que su promedio subió a 16 y 18 horas diarias impartiendo la confesión.

Hay que entender que desde ese entonces, en la confesión, además de que el sacerdote escuchaba los pecados, arrepentimientos y dudas de sus feligreses, él aportaba sus consejos, directrices y orientaciones antes de dar su absolución… Es por eso que mucha gente lo buscaba para ser atendida por él.

Se dice que desde la madrugada se formaba la fila de feligreses esperando su turno para ser atendidos en confesión por él. No solo acudían los feligreses de su parroquia, sino también de otras parroquias, inclusive de diversas partes del país y del mundo, acudían no solo los modestos feligreses sino también otros sacerdotes, obispos y altos funcionarios de la Iglesia, y funcionarios del gobierno civil, en muchas ocasiones viajando de incógnito y buscando argucias para no ser reconocidos por la gente… mucha gente pagaba suplentes para que les “apartaran su lugar”,

El padre Juan María daba preferencia a los peregrinos que venían de lugares remotos, en un principio empezaron a llegar grupos de 20 personas cada día, pero llegó un momento que llegaban diariamente 400 personas extranjeras, solicitando la confesión. También Juan María, se daba cuenta cuando había enfermos o personas discapacitadas, a las cuales él hacía pasar al principio de la fila…

En el pueblo tuvieron que aumentar la capacidad de los hoteles para dar cabida a los penitentes que solicitaban un lugar para pasar la noche y poder confesarse en la mañana, también tuvieron que agregar corridas en el tren, para trasportar a los visitantes. Lo anterior generó envidias, muchos críticos y creadores de chismes, lo acusaron entre otras cosas de ser el papá del hijo de una prostituta. Le llevaban serenata con cantos llenos de groserías y doble sentido, y arrojaban la basura alrededor de su vivienda…

Normalmente las confesiones las iniciaba a la UNA DE LA MADRUGADA,  y seguía de filo hasta las 6 ó 7 que era la hora en la que decía misa, de ahí regresaba al confesionario, hasta las 10 30 en que recitaba sus oraciones, hincado frente al altar…  a las once daba un rato de catequesis a los niños, y a mediodía realizaba la comida del día que consistía en un tazón de leche o sopa y un poco de pan… por la tarde visitaba a los enfermos del pueblo, y regresaba siempre a las siete para rezar el rosario con el pueblo, desde el púlpito… y se iba a descansar, porque a la una de la madrugada iniciaba su atención a los penitentes… asi pasó aproximadamente 11000 días… es decir 30 años

Además de su labor como penitenciario, atendió siempre y en primer lugar sus obligaciones como párroco, y las necesidades de su parroquia. Se conservan 85 cuadernos, con 113 sermones escritos por el mismo santo cura…      

Definitivamente, la espiritualidad religiosa de Juan María tuvo su fundamento en los frutos del Concilio de Trento (de 1545 a 1563)… el cual generó un renacimiento de la vida religiosa y las devociones marianas en la Iglesia católica. En 1571 la victoria en la Batalla de Lepanto le fue acreditada a la virgen, y significó un fuerte resurgimiento de la devoción mariana, y su poderoso papel como mediadora de las gracias". Los papas Pablo V y Gregorio XV dictaminaron en 1617 y 1622 que no era posible entender a María como "no inmaculada", en 1661 se declaró que el alma de María estaba libre del pecado original El. El Papa Clemente XI ordenó la fiesta de la Inmaculada para toda la Iglesia en 1708.

Todas las discusiones teológicas y el contexto en torno al pecado, la gracia, el perdón de Dios, el papel de María, los sacramentos y las funciones de la Iglesia, influenciaron muy profundamente la formación de Vianney y de todos sus colegas en el seminario, muestra de ello es la espiritualidad de Marcelino Champagnat que comparte muchos aspectos con la de Juan María. Ellos dos eran en el seminario menor los estudiantes de mayor edad, y fueron la burla de sus compañeritos… Marcelino nunca quiso ir a la escuela, y Juan María tenía fuertes dificultades para memorizar… por lo que tuvieron que luchar a brazo partido por salir adelante en sus estudios básicos, que en ese entonces dependía mucho de la retentiva… pero eso no fue obstáculo para luchar por ser los apóstoles que Dios había deseado que fueran.   

En Francia, La Revolución, a pesar de su furia, no destruyó la Iglesia Católica, y el concordato de Napoleón de 1801 restauró un poco el estatus de la fe del pueblo. El regreso de los Borbones en 1814 trajo a la vida pública muchos nobles y terratenientes ricos que apoyaban a la Iglesia, sin embargo, la gente ya no creía en ellos,  los monasterios, conventos y casas de formación con sus vastas propiedades de tierra y poder político habían desaparecido para convertirse en verdaderos lugares modestos de penitencia y pobreza evangélica; gran parte de las tierras habían sido vendidas, muy pocos nuevos sacerdotes fueron formados en el período de 1790 a 1814, y además muchos de ellos abandonaron la iglesia. El resultado fue que el número de clérigos en el país cayó de 60,000 en 1790 a 25,000 en 1815, muchos de los que quedaban (4 de cada diez) además ya eran ancianos.

Regiones enteras, especialmente alrededor de París, quedaron sin sacerdotes activos a partir de 1815 este es el periodo cuando Juan María Vianney empezó el ejercicio de su acción pastoral.

No es de extrañar que la carencia de sacerdotes influyera mucho en la demanda de servicios ministeriales y que la gente pidiera la confesión y buscara a quien lo hiciera de manera especial. Al respecto debemos entender que al hablar de la “confesión”, aunque en sí se trata del mismo sacramento, en el contexto popular es muy diferente al de nuestro tiempo actual.

Hoy para nosotros, existen tantas facilidades que resulta muy fácil, acudir a un sacerdote y declarar nuestras faltas, y por lo general, dependiendo del confesor, esperamos escuchar la “penitencia” que esperamos sea corta, sus consejos pasan a un segundo término, y no les damos la debida importancia, por lo que nos da igual ir con uno que con otro sacerdote.  Pero en ese entonces, para empezar, había muy pocos sacerdotes a causa de la revolución y los pocos que quedaban tenían una gran carga de trabajo… por otra parte, la mentalidad de la gente que pedía ser confesada, era pedir una buena orientación, consejos que verdaderamente se pudieran llevar a cabo y recomendaciones que la gente ponía en práctica…  

Es frecuente, con base en las recomendaciones del concilio de Trento que los fieles solo recibieran la comunión después de haberse confesado para ese fin, por lo tanto, el hecho de no haberse confesado era el pretexto natural para que mucha gente no comulgara, y por ende, el motivo para que tampoco asistieran a la misa dominical, y al no asistir a misa se provoca que los fieles se alejen de la vida de la Iglesia, por lo tanto, la presencia de un cura confesor, daba pie a una conversión integral de las personas,

Otra situación muy específica de las costumbres de los tiempos es que en ese tiempo la comunión solo podía ser recibida por personas mayores de 12 años, y para ello se requería además que el que comulgaba hubiera guardado el ayuno eucarístico que prohibía comer desde las doce de la noche de la víspera… Por esa razón mucha gente no podía comulgar ni había misas a lo largo del día, y siempre las misas eran a las 6, 7 u 8 de la mañana… por lo anterior Vianney ofrecía el servicio completo, esto se asocia a la práctica de la confesión a partir de la una de la mañana… que daba oportunidad a participar en la comunión en la misa de seis o de siete, con la certeza de poder comulgar en la misa de ese mismo día.

Desde tiempos inmemoriales una de las partes más atractivas de la misa era el sermón que ofrecía el celebrante, ya que el resto de la misa se celebraba en latín… por lo tanto las personas esperaban escuchar un sermón apasionado, lleno de imágenes retóricas, que te hiciera sentir y vivir lo que se había relatado en el evangelio y que te llevara al éxtasis o a las lágrimas. Muchos sacerdotes no se atrevían a llevar a cabo una misa sin sermón… y ese era precisamente el “miedo” de don Juan María para predicar, los señores curas utilizaban todos los recursos de la retórica, de la poesía y una excelente prosodia y hasta de la mención en la lengua original de los escritos bíblicos… y esa era una de las limitaciones que tenía nuestro padre Vianney, por lo que él no era considerado como un buen prospecto para el servicio como sacerdote predicador, sin embargo, su tesón lo impulsó a superar ese impedimento, y lo llevó a preparar sus sermones por escrito, y a darles lectura, sin ningún problema… por eso encontramos en sus cuadernos, tantísimos sermones, y uno especial para cada fiesta u ocasión.

El hecho de tener que ayudar al penitente a arrepentirse de sus faltas, y a pedir el perdón era precisamente el éxito de nuestro confesor, que además, asistido por el Espíritu Santo, en muchas ocasiones intuía lo que el penitente no se atrevía a confesar, en muchas ocasiones el padre Vianney era capaz de expresar lo que el feligrés no podía recordar o decir, y él lo ayudaba infundiéndole confianza seguridad y respeto…  complementando lo que la persona no podía terminar, por eso su éxito se propagaba de boca en boca… Dios hace grandes milagros cuando una persona busca el perdón y acude a Dios con un profundo arrepentimiento, y cuando el confesor asumiendo su responsabilidad, le trasmite al penitente en primer lugar el amor de Dios expresado en el perdón, y le complementa su horizonte ofreciéndole alternativas para mejorar su vida y ser feliz.

Vianney muere en agosto de1859, de inmediato es propuesta su causa para la canonización, en el año 1905 fue reconocido como beato, y en 1925 fue nombrado Santo… su cuerpo permanece incorrupto. Evidentemente las altas esferas de nuestra Iglesia lo adoptan como modelo del sacerdote, abnegado y paciente, extraordinario difusor de la confesión… es decir un sacerdote ejemplar…  en 1959 a los cien años de su muerte, Juan XXIII lo propone como un sacerdote ejemplar, por su forma de orar, por su manera de vivir la Eucaristía y por su celo apostólico… en 2009, Benedicto XVI lo festeja con un año al que le llama “año sacerdotal”, y propone a Vianney como patrono de los párrocos de todo el mundo..

Pienso que él es no solo un sacerdote ejemplar, sino una persona como cualquiera de nosotros en pleno siglo XXI, llena de limitaciones y dificultades, inclusive con una mente corta, y un ambiente totalmente adverso, pero que dentro de su experiencia entiende que tiene una misión muy grande, y al ser sacerdote pone todo lo que está de su parte para lograrlo. A él no le importaba el hecho de confesar a mucha gente, sino sacar adelante a sus feligreses, y al escucharlos y orar por ellos, se dio cuenta de la gran necesidad que ellos tenían de escuchar una voz que los alentara para una vida plena y feliz… y descubrió que sólo una vida de congruencia y austeridad le daba esa fortaleza para alcanzar su meta.

Gracias padre Vianney, ilumina a nuestros sacerdotes y anímanos como feligreses a frecuentar la confesión en forma seria y regular.

 

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