Los curas
Yo no comparto ese sentimiento de asumir lástima o compasión por los presbiteros y diáconos ancianos, por lo contrario, yo les envidio, los admiro y quisiera tener un poco de su enorme riqueza, en sabiduría y experiencias, pero sobre todo lo más importante es su capacidad para interpretar la vida confiando plenamente en nuestro Padre de los cielos. Tengo poco más de setenta años y a lo largo de mi vida he conocido todo tipo de presbiteros, buenos, humildes, trabajadores, alegres, infatigables. Y ciertamente algunos un poco desilusionados, pero todos, plenamente conscientes de su vocación de servicio. Nadie ha dicho que la vida clerical es fácil, exige una gran fortaleza física y psicológica, una entrega verdadera, mucha disciplina, la privación de tener una mujer con quién compartir su intimidad y la privación de unos hijos con los cuales ver el reflejo de su propia vida. Pero a cambio de eso tienen una enorme familia en su propia diócesis, parroquia, rectoría o decanato, donde en...