REYES Y OLVERA JOSE MANUEL

JOSE MANUEL REYES Y OLVERA

 Nació el 22 de noviembre de 1952, el día de santa Cecilia, por lo que según él, desde su nacimiento estuvo consagrado a la música… sus padres se llamaban Anatolio Reyes Vazquez  y Albertina Olvera Estrada, vivían en el barrio de la Cruz, cerca de san Javier en Querétaro.  José Manuel fue el mayor de sus hermanos, despúes de él, nacieron José Luis, Ma. Guadalupe, Margarita, Teresita de Jesús y Gonzalo.

Estudió su educación primaria en el Instituto Queretano. Cuando todavía era niño, su mamá sufrió un grave evento cardiovascular que la llevó a perder casi la totalidad de movimiento en su cuerpo, motivo por el cual se le tuvo que mantener con una serie de cuidados especiales,  muchos años hasta el momento de su muerte. Manuel era la única persona capaz de comunicarse con ella, empleando para ello prácticamente una forma de telepatía.

 Don Anatolio, su padre, era un hombre de fe, y en ningún momento perdió la esperanza en su recuperación, estudió para ello medicina natural, y encontró una serie de tratamientos que la ayudaron a sobrellevar esta complicada situación… aprovechó estos conocimientos para ayudar a curar mucha gente necesitada, pero no solo eso, era un excelente y próspero comerciante que mantenía otros negocios además de su negocio principal (una de las más importantes ferreterías del centro de la ciudad),  porque él decía que siempre hay que tener varias velitas prendidas por si se acaba una… era una persona muy activa, con amplia visión y un espíritu positivo que permitía el diálogo entre los mas encontrados intereses… y con gusto se ofrecía a ayudar y mediar para que se solucionaran todo tipo de problemas inclusive de carácter municipal o familiar, político o religioso, pero su modestia era absoluta y jamás se ufanaba de sus logros, su sabiduría era ejemplar y su sencillez destilaba una visión simple, directa y eficiente y congruente en todas sus acciones y decisiones. Dios lo premió con dos hijos que abrazaron la vida religiosa. Teresita, que actualmente sigue en una abadía en España y Manuel…

 En 1965 Manuel ingresó al Juniorado de Santa María de Guadalupe, en San Javier  para estudiar la secundaria. Desde ese entonces se le conoció como el "mameyin" apelativo que no le gustaba, pero que recibía de buen grado de quienes lo pronunciábamos con respeto. En el 67 pasó a la sección de Preparatoria, y ya desde ese entonces era un apasionado de la música. En el 69 la sección de prepa pasó al Molino de San Antonio, donde terminó la preparatoria e inició sus estudios de Normal, en la Escuela Normal Queretana. 

Una tarde al regreso de la catequesis sabatina, por venir corriendo a  campo traviesa, sufrió un accidente (se le terminó el piso) que le obligó a llevar el yeso en su pierna por unos cuantos meses, los cuales aprovechó para ejercitarse en el piano. Manuel era muy concentrado en aquello que estaba pensando, motivo por el cual, parecía que era distraído, una vez en el comedor estaba tan absorto en la conversación que alguien le detuvo la mano derecha mientras otro amigo le estuvo dando de comer... cuando se dio cuenta, se enfureció y se retiró de la mesa.

Entre sus compañeros de grupo estaban Jorge: Landaverde, Eliseo López, Jose Luis Medina, Mauricio Guerrero y Tarsicio Cruzaley, todos ellos llegaron a la profesión de votos, además en ese grupo figuraban entre otros:  Miguel Angel Tello, Francisco Bravo, Francisco Gómez Arreguín, David Cruz, Pepe Alvarez, Víctor Campos, Juan Márquez y muchos otros como Roberto Gomez que se añadió más tarde a ese mismo grupo. El director del Juniorado era don Apolinar M Aguirre, en la secundaria le tocó ser alumno de extraordinarios hermanos como Villalobos, Mejía, Herrera, etc.,en la prepa el director fue Juan Ortiz y sus maestros Antonio Piña, Manuel Preciado y  Joaquín Flores, en la normal Don Santiago Gutiérrez y Enrique Ruiz. Manuel como casi todos los juniores era excelente futbolista, incansable caminante en los paseos, muy creativo y diligente.    

Terminada la etapa de Juniorado, pasó a Morelia, bajo la dirección de don Baltazar Santillán, dos años, para realizar su postulantado, la toma de hábito, su noviciado y su primera profesión religiosa. Especialmente durante el noviciado, se caracterizó por su afición a la música, él era el encargado principal del órgano, los cantos y los coros y muchas de las actividades relacionadas a la música, sin dejar de lado sus estudios al respecto. Fue a su iniciativa y la de un pequeño grupo de sus compañeros músicos, que se solicitó al maestro Roberto Oropeza, profesor en el conservatorio de las Rosas, que nos diera un curso especial sobre composición y armonía… 

Una vez como hermano, fue enviado con su grupo a Tlalpan, para efectuar el periodo llamado escolasticado, en el cual se estudiaba la normal superior por las tardes y por las mañanas se asitía al Seminario Conciliar para tomar Teología. El director era Luis Benavides, ya en ese entonces ese grupo se había reducido a Landaverde, Eliseo, Mauricio Guerrero, Medina y Manuel. En la Normal Superior que estaba en Sadi Carnot , Manuel  estudiaba la especialidad de Biología.

Fue en ese periodo cuando Manuel sufrió el comentado “accidente”… el grupo de escolásticos se encontraban en un paseo muy cercano a las grutas de Cacahuamilpa, y estaban explorando la rivera de un río (probablemente el mismo que lleva a las grutas) en una zona totalmente inocua, mientras que los encargados preparaban la comida... Manuel se alejó del grupo siguiendo el cauce del rio, pero ese inofensivo río de pronto hacía una inmersión en una caverna imposible de accesar a pie, debido a la velocidad que llevaba el agua, convirtiéndose de pronto en un estrecho túnel en el que el cauce del rio se hacía más profundo y sin ninguna manera detenerse, el rio estaba lleno de estalactitas y estalagmitas y piedras y viajaba a una velocidad considerable… Manuel perdió el equilibrio y fue arrastrado por este río, parecía que se trataba de una broma, y la corriente era tan fuerte que lo arrastró rápidamente  hacia el túnel, según él, lo más peligroso era estrellarse con alguna roca o algún obstáculo porque la velocidad y la fuerza del agua lo llevaban demasiado rápido y de manera incontrolable… al final del túnel que tenía una longitud considerable ( estimo de dos o  trescientos metros), el túnel se acaba y el rio vuelve a quedar expuesto a cielo abierto pero alojado  en el fondo de un cañón… las paredes de este cañón tenían una altura considerable y estaban llenos de vegetación. El cauce del rio se ensanchó y la velocidad bajó, pero en el lecho del rio no permitía detenerse a caminar por él; las paredes del cañon también eran muy escarpadas y no había manera de escalar, Manuel tuvo que flotar hasta que fue atajado por un tronco de árbol que se había quedado atorado en un recodo… Manuel se asió a ese tronco y buscó llegar a una de las paredes, donde encontró una pequeña socavación natural en la roca, misma que le permitió subir a ese hueco y salir del agua… el problema era que la vegetación, el ruido del agua del rio y la posición de la cueva donde se encontraba hacían prácticamente imposible que fuera visto por aquellos que lo intentaran buscar desde la superficie del terreno, en la parte alta del cañon…

Manuel vio pasar en varias ocasiones a compañeros y personal de auxilio que se habían incorporado a la búsqueda, pero no lo podían ver  ni oir, a pesar de que él se desgañitaba dando de gritos para que lo auxiliaran… de hecho quedó totalmente afónico. Pasaron varias horas y empezó a caer la tarde, Benavides tuvo que avisar a las autoridades y a la familia de Manuel… y llegaron al sitio todo tipo de grupos de auxilio y rescate…  Uno de los escolásticos, el hermano Mauricio (el Morris), era un indómito  caminador, y pese a la dificultad, pensó en buscar explorando por la otra orilla, al  lado de la otra pared del cañon, y antes de que oscureciera, se lanzó a hacer la búsqueda por el lado contrario al que habían buscado todo el dia… él fue el que lo pudo alcanzar a ver… y logró hacerle señas para indicarle que ya venía el auxilio… Mauricio regresó al punto de encuentro de todos los buscadores y comunicó a todos el punto exacto donde se encontraba el interesado…

 Los rescatistas, que en realidad ya no esperaban descubrirlo con vida, sino sólo encontrar los restos, propusieron la estrategia para el rescate, que fue arrojar  una enorme cuerda amarrada a una llanta flotante, para que Manuel  la pudiera atrapar, y pedirle que se amarrara a la cuerda… para poderlo “jalar” de regreso y en contra de la corriente, esto exigía que Manuel tuviera suficientes fuerzas para poder amarrarse… y pudiera usar la llanta para flotar; una vez logrado este objetivo, los rescatistas fueron jalando lentamente la cuerda con un jeep, para evitar que el accidentado se golpeara o se safara… y  solo así se logró el rescate… Cuando Manuel llegó al punto de encuentro se desplomó y quedó tirado mientras los rescatistas lo trataban de rehabilitar… el procedimiento de jalarlo contra la corriente mientras él, además de haberse amarrado, se sostenía con ambas manos, hizo que perdiera toda su ropa, por lo que llegó totalmente desnudo. Contaba Manuel que lo que lo despertó fue el aliento alcohólico de uno de los rescatistas del lugar, perfectamente borracho, que no dejaba de contar historias de otros casos semejantes en los que solo encontraron los restos putrefactos después de varios días… Fue un milagro total y absoluto… y una experiencia inolvidable para él y sus compañeros…   

 Cuando ellos pasaron a segundo año del escolasticado, nuestro grupo pasó al primer año en la Quinta Soledad asimilándonos en todo al grupo superior. Y al terminar ese año, todos fuimos enviados a incorporarnos a una comunidad. Ya en ese entonces gozábamos de una amistad muy profunda y envidiable, en realidad compartíamos muchos puntos de vista y experiencias comunes, el pretexto de nuestro encuentro era por lo general la música, pero muchas ocasiones teníamos divertidas pláticas o serias discusiones en diversos temas… en ocasiones me llegó a “regañar” porque según él yo solo quería usar el piano como si fuera una batería…y ciertamente, yo jamás me podría a tocar como intérprete de una pieza formal, pero me encantaba sacar las piezas de oído y retomarlas aplicando ritmos y estilos nada formales… pero nos coordinábamos bien; él por supuesto llevaba la delantera porque leía las partituras perfectamente, tocaba el piano, el acordeón  y el órgano, guitarra y bajo, batería, flauta, trompeta y trombón y toda la familia de los metales, para él era atractivo que yo pudiera interpretar a la trompeta o la armónica lo que él pusiera en una partitura, por lo que ya teníamos nuestros “numeritos” muy practicados además de muchos de los cantos que usábamos en las ceremonias religiosas.

Al final de ese año lectivo yo también fui enviado a trabajar y a medio año regresé a la Quinta y al fin de año escolar  me retiré, por lo que perdí totalmente contacto con Manuel… regresé a vivir a la casa de mi abuela… ese año, 1975 fue muy complicado para mí.

 Pero un buen día, tocó a mi puerta el buen Reyes, que venía de Querétaro. "¿qué haces aquí?" Pregunté… "vine a presentar mis exámenes para inscribirme a la Universidad…" "¿y qué piensas estudiar?, algo de Biología?", "no, aunque estoy intentando entrar a la Facultad de Ciencias, he pensado estudiar Física…" guau, me pareció sorprendente…  Manuel se quedó en la casa mientras hacía su trámite de ingreso a la máxima casa de estudios de Copilco, y pronto se pudo incorporar a las clases… encontró después una habitación para estudiante en las cercanías de CU y pudimos convivir cuando así nos lo permitían nuestras actividades… yo empecé a trabajar en un empleo fijo precisamente en esos días y a finales del 76 tomé dos fuertes opciones que modificaron mi vida, en septiembre empecé a estudiar la carrera de ingeniería y en diciembre contraje matrimonio… y Manuel me ayudó muchísimo, obviamente, tocando la música de la ceremonia religiosa…

En el año 77 ocurrió el deceso de la mamá de Manuel… una tarde recibí una llamada desde Querétaro, por parte de sus hermanas, pidiéndome de favor que lo localizara para avisarle de la dolorosa noticia… como el joven queretano apenas se había avecindado en la Capital no contaba con un teléfono, ni con una dirección a donde informarle de la triste noticia, así que me pedían que lo encontrara y le avisara… tomé mi auto y me fui al punto donde la última vez lo había dejado que se bajara de mi auto, camino de su habitación… empecé a buscar de edificio en edificio cerca de la zona de uno de los accesos a la Universidad

… en esa época muchas personas rentaban los cuartos de azotea para los estudiantes, pero como era una práctica prohibida, nadie lo manifestaba ni daba informes de los muchachos que vivian en esas azoteas, los edificios, por lo general contaban con puertas de cierre automático, por lo que tuve que hacer una serie de maniobras, edificio por edificio para poder subir a sus azoteas, y una vez ahí, empezar a gritar como energúmeno… afortunadamente, después de algunos intentos apareció el desventurado huérfano, me dijo que en esos momentos estaba tomando una siesta y que estaba soñando que estaba en el regazo de su mamá, yo sentí un balde de agua helada que me recorría todo el cuerpo, pero me sobrepuse, y le inventé una historia para que me acompañara a mi casa y se pudiera comunicar telefónicamente a su casa en Querétaro…cuando salió de mi recámara, habiendo colgado el teléfono estaba en un mar de llanto, le ofrecí un té y le propuse llevarlo a la terminal de autobuses, así fue…

 En marzo de 78 nació mi pequeña hija y a fines de año la bautizamos, hicimos una ceremonia doble en la que combinamos la liturgia del bautizo de mi niña, con la primera comunión de la hermanita de mi esposa… entre Manuel y Yo preparamos una pequeña catequesis con material multimedia, y lo proyectamos dentro de la iglesia durante la ceremonia, nos hizo favor de celebrar, un antiguo compañero del seminario que ya se había ordenado… Entre Manuel y el otro padrino, prepararon un pequeño folleto conmemorativo que sirvió como guía para los asistentes a la celebración… y además los cantos fueron ejecutados por Manuel… unos años después celebramos de l misma manera y en una ceremonia combinada, la primera comunión de mi hija y los quince años de mi sobrinita.

 Cuando mi hija estaba por nacer, tuvimos que dejar nuestro departamento en Mixcoac  para irnos a la casa de mi mamá y que ella pudiera apoyarnos en  las ultimas semanas de embarazo, durante el nacimiento y la cuarentena de mi señora… Manuel me hizo favor de ir a cuidar el departamento y se fue a vivir en él, después se le agregó otro antiguo compañero, cuando ellos se tuvieron que ir, me pidió Manuel que le rentara el inmueble para su hermana que en ese entonces estudiaba en México… Cuando ya había nacido la niña, mi mamá buscó la forma de que siguiéramos viviendo en una casa vecina a mi casa, y nunca regresamos como pareja al dichoso departamento.

Cuando Evita tendría unos seis meses, se me ocurrió ir a Querétaro con la finalidad de llevar a presentar a mi hija con unas ancianas tias que residían en la bella ciudad de la Constitución. Mi auto se averió en el camino, precisamente en San Juan del Rio, lo metí a una pensión y tomamos un autobús. Llegamos a Querétaro cuando ya estaba oscureciendo… y resulta que mis ancianas tías, después de las 19:00 no abrían su puerta, ya que desde  tiempo atrás habían habilitado su zaguán como un estanquillo, y por seguridad, habían determinado que después de las siete, no abrían esa puerta por ningún motivo para evitar molestias y un posible robo.

 Por alguna pésima casualidad aunado a la escasez de hoteles, no encontrábamos alojamiento en la capital queretana, durante la búsqueda de hotel empezó a caer la noche, yo, desesperado, sin coche sin tias y con una bebecita llorona que demandaba cuidados, me sentí desesperado… y me atreví a llamar a la casa de Manuel… me contesó su papá quien amistosamente me abrió las puertas de su casa y me ofreció posada… nos instaló en su propia recámara, clausurada desde la muerte de su esposa, y nos dio de cenar… a la mañana siguiente estaba listo a las 6 AM con una grúa, un mecánico y una bolsa de comida para que pudiéramos ir a rescatar mi auto… él se encargó de que lo remolcaran hasta la ciudad de Querétaro, y lo llevaran al taller, y no me permitió pagar un solo centavo por la reparación. Asi era el papá de Manuel, y la calidez de la relación que sentía con su familia.

Manuel siguió en México hasta que terminó la carrera como licenciado en Física, sus hermanos se casaron y su hermanita Teresa, como ya comenté ingresó al convento, y fue enviada a España. Su hermana Guadalupe se casó con un gran amigo de Manuel: Roberto, quien estudiaba Matemáticas… los tres hacíamos un gran equipo para divertirnos cuando las obligaciones familiares y los compromisos escolares nos lo permitían. Roberto vaticinó: "de los tres, el único que va a ejercer su carrera es Jorge", aunque en esos tiempos yo ejercía como profesor , estudiaba ingeniería, Roberto decía: "yo voy a acabar atendiendo el negocio familiar que es la venta de computadoras, y quizá deje de lado la Matemática; Manuel se dedicará a atender la ferretería de su padre, y dejará atrás la Física, pero Jorge tal vez sí pueda aplicar y vivir lo que está estudiando… y así fue,

 Al terminar sus estudios, Manuel se dedicó a apoyar a su Padre, en especial con el negocio familiar, pero además a muchas otras actividades colaterales… la principal era indiscutiblemente la Música. Atendía de acuerdo a la temporada diversos grupos para animar las misas dominicales, en diversos templos y parroquias… siempre tenía en mente un proyecto a mediano plazo, como preparar la misa de una solemnidad o un evento para el que le habían solicitado sus servicios… tenía un grupo reducido de cantantes y músicos que lo acompañaban a esos eventos especiales…pero además siempre atendía diversos coros. 

Otra actividad que desarrolló, muy ligada a la música era visitar los órganos de las iglesias, no solo en la ciudad de Querétaro, sino en los pueblos… encontrándose con verdaderas joyas de la paleontolología organística de las diversas misiones franciscanas, dominicas y agustinas que se desarrollaron en la región

Manuel hablaba con los curas o encargados y pedía la autorización para subir a sus coros y revisar sus equipos, si el órgano requería un mantenimiento menor, ahí mismo se lo realizaba, pero si esto implicaba un remplazo de piezas o un servicio mayor, hablaba con los interesados hasta conseguir la autorización y los recursos para realizarlo. Manuel conocía a organeros y técnicos que lo apoyaban en esta labor… de esta forma, en una ocasión encontraron dentro de los tubos de un antiguo órgano del siglo XVI partituras originales de aquella época, llevó su hallazgo con auténticos maestros organistas y consiguió que las obras fueran grabadas en radio universidad de Querétaro, y entregó los manuscritos a un museo… Manuel siempre estuvo en contacto con diversos organistas, cabe mencionar al maestro Felipe Ramírez no solo para escuchar sus conciertos, sino para promover sus eventos y apoyarlos con sus proyectos. Recuerdo una serie de conciertos del maestro Ramírez precisamente en el conservatorio nacional, don Felipe se apoyaba únicamente en la persona de Manuel para desarrollar sus actividades. En una ocasión nos invitó al terminar su concierto a festejar el natalicio de Juan Sebastian Bach, a quien había dedicado ese concierto en particular.

Otra actividad a la que dedicó gran parte de su vida fue la Botánica. De hecho su afición se inició con sus estudios de normal superior en la especialidad de Biología… además de haber dado clases en alguna ocasión, y debido a la recomendación de un amigo(¡?) fue encargado por las autoridades locales queretanas, a fin de llevar a cabo una investigación mas o menos seria con respecto al famosísimo "Arbol de la Cruz", ese que según la leyenda popular, creció en el convento de la cruz, después de haber retoñado del bastón que utilizaba el emblemático Fray Antonio Margil de Jesús… el fraile regresó de uno de sus viajes y lo clavó en un jardín enfrente de su celda y lo olvidó… cuando regresó, este vástago había echado raíces y retoñado… la particularidad de este retoño, que es en sí un mezquite, es que todas sus espinas adoptan la forma de una pequeña cruz perfectamente simétrica… el atractivo para los vendedores de “souvenirs” es que este árbol  no se puede reproducir, y que es único en el mundo… las espinas se osbsequian a cambio de una pequeña limosna voluntaria…

 Manuel investigó por toda la república, buscando esta excepcional planta y encontró que ciertamente es muy rara pero no única, en otras partes también se da, pero evidentemente no se le atribuye a un hecho milagroso y no cuenta con la misma publicidad, averiguó que es posible obtener las semillas, y reproducirlo y lo más interesante, es que determinó que la germinación adecuada está en función del ciclo de la luna… él mismo se dedicó a obtener nuevos especímenes y a colocarlos con personas interesadas que conocieran la importancia de esta planta y no hicieran mal uso de las espinas en cruz… sembró varios árboles de esta especie en San Javier y en diversos jardines particulares.

 Pero su interés botánico no era solo por la planta del árbol de la cruz, había convertido una parte de su casa en un auténtico invernadero, y una de sus aficiones principales era el cuidado que tenía por sus plantas, en particular tenía una hermosa colección de cactus, muy especiales y originales según su dicho, además era inumerable la cantidad de plantas con propiedades medicinales que el cuidaba y conservaba “para cualquier emergencia”… según él. 

De todas sus plantas conocía el nombre científico, y la mayoría de sus cualidades y particularidades, las procuraba con verdadero tesón, las regaba, les cambiaba tierra, las podaba y las colocaba donde les diera la insolación correcta... vigilaba los retoños y se alegraba inmensamente cuando lograba tener nuevos especímenes, regalaba a sus amistades estas plantitas, si y solo si estaba seguro de que las iban a cuidar y a atender correctamente.  

Otra parte importantísima de la vida de Manuel fueron sus hermanos,  el hecho de que su papá una vez que había guardado el luto durante el tiempo que juzgó conveniente, buscó una compañera y se casó en segundas nupcias, el criterio que don Anatolio expersaba es que no deseaba que al morir, sus hijos se preocuparan por repartirse las herencias, sino que ellos debían ocuparse de ver por sus hermanos menores y sacarlos adelante , y en ese tenor , de su nuevo matrimonio con la señora Victorina, vinieron a este mundo cuatro hermosas pequeñitas: Clara, Laura, Patricia y Dolores. A la muerte de don Anatolio, efectivamente, los hermanos mayores, se encargaron de ver por las menores… sin embargo cuando los hijos mayores tienen sus propias ocupaciones, es difícil que le dediquen el tiempo y los recursos necesarios, preocupados de otros menesteres. Guadalupe se casó, tuvo un hijo y estudió psicología y se consagró totalmente a la enseñanza y al ejercicio profesional, el hijo abrazó también la carrera de la música. Luis después de muchas peripecias y una vida muy complicada, estudió derecho y se dedicó tanto al comercio como a su profesión, Gonzalo se dedicó a la investigación en el área marítima y nutricional..obtuvo premios nacionales, Margarita se dedicó a su familia… asi que Manuel, muerto su padre, se dedicó más que cualquier otra persona (y después de su madrastra) a ver por sus hermanitas… Clarita es médico y se dedica especialmente al área de la nutrición. Laura estudió la licenciatura en música, siendo su instrumento la flauta… actualmente estudia su especialización en los estados Unidos, ya es directora de orquesta sinfónica, y ha dirigido orquestas en México con carácter de suplente… Manuel estaba muy orgulloso de ella.también les dio carrera a las más pequeñas Patricia y  Dolores.

De mi parte sería ocioso tratar de reseñar tantas ocasiones en que pedí su ayuda a Manuel para organizar una misa o un evento, (bodas, primeras comuniones, o hasta los 25 años de la profesión perpetua de mi mamá y de varias hermanas del convento), me acompañó cuando murió mi abuela, cuando murió mi padre y de manera especial cuando murió mi tio Jorge en  Morelia, y participamos juntos en misas y eventos que él me pidiera mi colaboración, pero lo más interesante no era en sí lo que podríamos tocar o interpretar, sino todo ese espacio de amistad donde podríamos cada cual comentar sus problemas, experiencias, temores o motivaciones asi como compartir, tal como sucede con un verdadero amigo…las conversaciones nunca se cerraban y siempre podían seguir adelante, aún habiendo pasado muchos años… quizá por eso ahora caigo en cuenta que me falta mucha información de precisión, ya que los detalles siempre se quedaban para después… su último whats me compartió una interpretación en trompeta para un preludio a la marcha nupcial…

Pero lo importante siempre estaba en el primer plano y sin necesidad de decirlo: la consagración al Señor, el amor a nuestra Buena Madre del cielo, la verdadera espiritualidad Marista de Marcelino, la auténtica caridad cristiana y muchas otras cosas… Para Manuel Reyes nunca estuvo en segundo lugar su esencia de persona consagrada al Señor... tal vez por ello nunca tuvo una relación formal, aunque no faltaron las oportunidades de mujeres muy interesadas en él... Su relación con el dinero, aunque tuvo muy buenas temporadas, nunca se centró en la ambición, utilizaba del dinero para lo que era estrictamente necesario, y casi siempre en función de las necesidades de las personas que lo rodeaban, Manuel estaba totalmente conectado a muchas de las cosas que ocurrían en el mundo marista, conocía los "destinos" de los hermanos, asi como la vida y detalles de muchos de los que nos retiramos, es decir, después de su familia genética, sus verdaderos hermanos éramos toda esa amplia familia de los seguidores de Marcelino, criticaba, participaba y no se quedaba atrás para colaborar. En la última convivencia de antiguos hermanos que se organizó en san Javier, ademásde todo lo que él participó en los preparativos, en el momento que le propuse que compráramos flores para "ofrecer" él inmediatamente se movilizó para que fuéramos a comprarlas, por ello, estoy seguro que esa mañana del dia 11 alguien le informó que no había organista y se necesitaba organizar en el cielo los cantos para las “mañanitas” de nuestra Buena Madre, y Manuel, sin pensarlo más se levantó temprano para preparar sus partituras, copiar los cantos, y subir de volada, conseguir las llaves del órgano, y los demás instrumentos, invitar a sus cantores especiales  y empezar a practicar y poner a tono los coros, esto, por supuesto soltando de repente una que otra palabrota… y alguna mentada de madre, pero buscando siempre la precisión de las entradas y la afinación perfecta  de los cantores. Descanse en Paz.

 


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