CHACHO

 SALVADOR TORRE LÓPEZ  Nació en San Luis Potosí e 2 de Septiembre de 1932, profesó en 1950 siendo compañero entre otros de Francisco Arellano, Martín Serrano, José Guadalupe Aldrete, etc.

Lo conocí como el mejor hermano, amigo y compañero de mi tio Jorge, , cuandoestuvo convalesciente en una de tantas veces que estuvo enyesado, durante su eterna estancia en el Internado México, Torre López fue su enfermero y su hermanito, al grado de que Jorge descargaba en su contra su mal humor y le gritaba y exigía como si fuera un sirviente, mi mamá y mi abuela, estaban impresionadas de ver con cuanta paciencia, cariño y esmero lo atendía y lo procuraba. La amistad con Jorge fue algo fuera de serie, lo cual pude comprobar en un sinfín de ocasiones y por ende, la amistad con él trascendió a mi madre y a mi abuela.

 Después que yo me retiré supe que estaba a cargo de los formandos que iban en grupos posteriores al que yo pertenecí, y supe del cariño con el que lo nombraban “Chacho”, y que ahora pertenecía a México Central, también me enteré de que ocupó el provincialato.

Pasaron los años, yo ya me había casado, y tuve un fuerte problema financiero porque el señor que me vendió mi departamento, lo hipotecó a posteriori, sin notificarnos, por lo que jamás se le pagó al banco; llegó el momento en que el banco trató de recuperar el inmueble, y yo en ese entonces no tenía ninguna solvencia económica… mi mamá fue a verlo a la quinta soledad y le explicó mi situación… “dígale a Jorge que venga a verme…” fue toda su respuesta. El día que acudí, el hermano Torre López, no me hizo ningún cometario ni siquiera me hizo firmar un recibo, solo me entregó un cheque con la fuerte cantidad que necesitaba, ¿está bien a tu nombre? Preguntó, no supe que responder… yo pensaba explicar mi situación o algo al respecto… pero literalmente no me dejó hablar. Gracias a este préstamo pude afrontar el pago y recuperar mi departamento. Mi mamá se encargó de cobrarme y devolver el dinero, estuve tres años trabajando horas extras y vacaciones, para poder salir de este trance, esa fue mi principal anécdota con este santo hermano.

El nos acompañó a Morelia el día que murió mi tio.

en alguna convivencia de antiguos hermanos, lo saludé en San Javier, él estaba un poco enfermo y trataba de evadir al numeroso grupo que trataba se saludarlo, esa fue la última vez que recuerdo haberlo visto.

Independientemente de la relación directa que tuvo con mi tio y conmigo, entiendo que fue de los hombres que supo comunicar el auténtico espíritu marista tanto a sus alumnos, sus formandos y a sus hermanos, durante el tiempo que fue animador provincial. Está por demás decirlo, pero su sencillez era impresionante, era un hombre que se sorprendía con el más mínimo signo de la vida, ya siendo personas mayores, le llevaban diariamente migajas a los pajarillos en los jardines de la quinta, estaba siempre dispuesto a escuchar y a apoyar, a compartir su tiempo y su atención personal. 

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