la quinta
ESTIMADO JAIME CASTAÑEDA
Recojo con todo respeto tus comentarios así como los de ARTURO GOMEZ TAGLE y algunos otros y en una parte de mi corazón los comparto, el sentimiento al ver mesas de restaurante al lado de la Virgen, fue el mismo sentimiento que yo tuve cuando vi las propiedades de mi padre “acondicionadas” para poderse vender… mi papá dejó varias propiedades de las cuales los herederos solo pudimos recuperar dos… para malbaratarlas, y es una sensación horrible encontrar los mismos espacios donde un día soñamos un proyecto de vida hermosa, no solo desvalijados, sino dispuestos para otro fin y bajo las directrices comerciales de una persona que ni siquiera conoció al autor ni sabe el verdadero sentido y significado de tantas horas de trabajos, viviencias y esperanza de vida, que ocultan los muros, pasillos y espacios de una construcción…
Una sensación igual o parecida me ocurrió hace algunos años cuando ví el Molino de San Antonio convertido en la sede actual de la Universidad Marista en Querétaro, o el juniorado de San Javier convertido en el nuevo Queretano… todos esos rincones donde jugábamos, estudiábamos, hacíamos oración y meditación, convertidos en aulas y oficinas administrativas, o simplemente abandonados o desaparecidos y lo mismo ocurre con cada una de las propiedades que han cambiado de administración de propietarios o de destino, y seguramente esto viene ocurriendo, generacionalmente en todas las casas y propiedades maristas, lo que ustedes recuerdan como “postulantado-noviciado”, en la Quinta en mis tiempos y para nosotros fue escolasticado, y Morelia fue noviciado, lo que para otros, fue juniorado, con el uso de cada uno de los espacios totalmente diferente, lo que para ustedes fue enfermería, para nosotros era dormitorio, etc etc.
Pero lo verdaderamente grave e importante, es la transformación profunda del sentido de la vida religiosa que es un fenómeno que ocurre paulatinamente. Por nuestra formación, todos nosotros quisiéramos remontarnos a los tiempos de La Vallá y que el mismo Marcelino, nos enviara de nuevo, de dos en dos a crear escuelas rurales en la campiña francesa, pero la realidad es que nuestra formación nos dio una instrucción y preparación para un estilo de vida totalmente diferente, y además, especialmente para nosotros, todos los que abandonamos por una u otra razón la vida religiosa, tuvimos que confrontar una vida real, dura y exigente en la que el ser profesores y tener la preparación que teníamos, nos dio un potencial que nos llevó a un currículum extraordinario, (me refiero en general al grupo Laudetur y a muchos de los compañeros que seguimos unidos asociados a este grupo) todos y cada uno de nosotros siguió adelante y formó un hogar con una mujer, la mayoría tuvo una educación profesional de nivel superior y tuvimos la oportunidad inclusive de hacer grandes aportaciones a la sociedad sea en forma personal como los que apostaron a invertir un colegio propio, (un Champagnat de Irapuato, o un Keepling o un Montaignac, o que entregaron su vida a una institución educativa ( ITAM, Anahuac, UPN, etc.) o desarrollaron una profesión integral como ingenieros, médicos, e inclusive la vida clerical, ahí tenemos a Kajeyama, al mismo Gabriel Rodriguez, a Javier Ayala o a Toño Sanchez…
Mientras tanto, en el seno de la congregación, los hermanos que se han conservado dentro de la institucionalidad, los encontramos divididos en dos grandes líneas de pensamiento y acción, quizá divergentes: por una parte y en primer lugar los hermanitos que han permanecido en una cierta fidelidad al “estándar” que nosotros conocimos o aprendimos y amamos, y que buscan hasta el día de hoy, seguir dentro de un rango de austeridad económica, en un perfecto compromiso de apostolado, una obediencia total a los superiores, y una castidad fructífera; un estilo de vida en general que manifiesta una consagración absoluta al Señor y a la obra marista y finalmente han asumido su condición de servicio a costa de sí mismos.
Pero hay otros que han decidido ponerse en manos de un aparato financiero para no dar la cara, y han renunciado incluso a los principios de ética, para convertir las escuelas y las propiedades en un productivo y generoso negocio, que operan con una doble moral y un doble discurso, utilizando las estructuras tradicionales de la congregación como una máscara que oculta sus verdaderas ambiciones y debilidades, el ansia de poder, o de simplemente cumplir sus propios caprichos…y en lamentables casos de hijos y familias no reconocidos.
Hace algunas décadas se hablaba de los “nopaleros” y los de los “universitarios”, ambos hermanos, a favor o en contra de que la tendencia de los hermanos de México Central se concentraran en las obras de servicio a las comunidades rurales, o bien a la formación, integración y desarrollo de planteles de educación superior…
No se trata de juzgar a nuestros queridos hermanos para colocarlos en el patíbulo y etiquetarlos con una placa de "criminal de guerra", y como tú sabes, la línea divisoria entre el bien el mal es muy sutil, entre las exigencias auténticas a las que obliga tanto el voto de obediencia, como los otros dos, las directrices de los órganos capitulares y los puntos de vista de los superiores… y las exigencias de una voluptuosa sed de omnipotencia y discrecionalidad, del falso desarrollo de la personalidad y de la falsa conciencia individualista; para las almas especiales y desarrolladas, es muy fácil caer en la tentación, y no es precisamente las tentaciones de adolescencia y de los vicios más vulgares, sino el ansia de poder, de control y de dominio… ante esos demonios (¡) es casi imposible enfrentarse porque se esconden en la parte más subjetiva de la personalidad aparentemente humilde y virtuosa.
La mayoría de nosotros enfrentamos en su momento esta doble realidad, los colegios de primera, que contaban con todas las comodidades, estudios, autos, exquisitas cavas, amistades de prestigio, y alumnos regordetes hijos de políticos y millonarios y los colegios de segunda, en los que sí había privaciones, calor, frio, incomprensión, camas duras y demasiado trabajo. Y precisamente frente a esta realidad optamos por un camino diferente e independiente, por qué seguir viviendo dentro de muchas aparentes privaciones, si finalmente pertenezco a una élite privilegiada donde lo tengo todo, por qué decir que vivimos una humildad sencillez y modestia si nuestra estructura nos lleva directamente a presumir de nuestros logros, nuestros planteles, nuestros métodos, nuestros alumnos triunfadores... por qué decir que somos pobres cuando jamás nos preocupamos por pagar una renta, un recibo de luz o una colegiatura... cuando tenemos autos y camionetas a nuestra disposición, bastando con solicitárselo a nuestro superior?, cuando jamás faltaba en nuestra mesa una sabrosa comida, incluido el postre y a veces el aperitivo... por qué decir que somos obedientes, si finalmente podíamos convencer al director de cumplir todos nuestros caprichos?, y como dijo aquel hereje, -si su pobreza es como el auto ultimo modelo que manejan, me puedo imaginar como es su castidad-
Todos los que en un momento por muy diversas razones, tuvimos que rehacer nuestra vida, enfrentamos la realidad de nuestra verdadera motivación, y si luchamos por forjar una hermosa familia y un próspero estatus económico, nunca lo hicimos aprovechando las circunstancias de una sotana o una estructura religiosa, o una historia de beatitud y sacrificio; sin embargo muchos de nuestros hermanos que en apariencia han perseverado, siguen sometidos a estas dos corrientes contradictorias, la mayoría conservan esos “mínimos” que les garantizan una vida cómoda, al margen de situaciones estresantes, y de pronto entran en el problema de la imposibilidad para mantener esa imagen sin tener que recurrir a destruir los verdaderos valores maristas, y me refiero a muchas realidades que lamentablemente vemos cómo se desmoronan: ellos prefieren administrar los colegios que trabajar con los alumnos, prefieren dejar en manos de terceros las decisiones importantes, que asumir sus responsabilidades, hoy vemos la Quinta ocupada como restaurant, pero cuantas vece hemos visto colegios de extensión o escuelas no redituables invadidos por paracaidistas o rematados, o prácticamente abandonados…cuántas veces hemos visto en torno de nuestros grandes colegios, a jóvenes atrapados por la droga o la pobreza extrema y nos hemos atrevido a abrir las puertas de nuestros planteles? cuantas veces hemos visto como nuestros alumnos se retiraban del colegio por carecer de recursos económicos o por atravesar crisis familiares... Cuantas veces nos burlamos de los hermanos que se preocupaban por ocupar su tiempo libre en dar catecismo o ir a convivir con la gente más necesitada?
¿Dónde están las fuerzas vivas que motivan a los jóvenes a abrazar una vida de servicio, entrega y amor? No las hay, así como tampoco hay juniorados ni casas de formación, muchos hermanos critican las misiones, las escuelas para pobres y las obras de apostolado parroquial, o en las calles y en los barrios peligrosos.
Los hermanos hoy, le apuestan a las universidades y a los colegios de prestigio, olvidando que los primeros beneficiarios y el principal capital humano de los colegios son sus propios colaboradores profesores y empleados… Urden estrategias para que los viejos profesores y lideres naturales no alcancen las prestaciones de ley a que tienen derecho, y corrompen los mismos tribunales para evitar que se siente un precedente de que las instituciones puedan llegar a tener cualquier tipo de responsabilidad o pérdida.
Y esto es sólo la parte más superficial, sabemos que la pérdida de valores y principios va mucho más lejos y más profundo, Hermanos que no saben en la actualidad rezar el rosario, y que prefieren dormir un rato que asistir a la eucaristía… hermanos que no saben cantar la salve ni menos el sub tuum praesidium, que han reducido el estudio religioso a un cuarto de hora de lectura en el internet y muchas situaciones que son terriblemente más graves que encontrar la Quinta convertida en un hostel… esto es lo que verdaderamente haría explotar dentro de su tumba no solo a Marcelino, sino a todos los grandes hombres que nosotros conocimos dándonos clases o a nuestros compañeros difuntos…
Afortunadamente, en cada comunidad y en cada obra, siguen existiendo uno o dos hermanos viejos y jóvenes verdaderamente entregados y santos, que por su entrega, sacrificios y oraciones equilibran la balanza y hacen flotar el barco, haciendo brillar el espíritu marista, pero no son ellos los que toman las decisiones, ni los que buscan los nuevos derroteros, ellos pertenecen al anonimato, a al verdadero ejercito de hombres sencillos y humildes que queman hasta el último segundo de su vida a la educación cristiana de los jóvenes y viven en fraternidad y la oración.
Qué podemos hacer nosotros? Me refiero a toda esta camada de hombres que optamos por retomar la vida seglar después de haber sido marcados por el fuego del amor en el carisma de Marcelino?. Yo considero que en primer lugar, no debemos perder todos esos valores que recibimos, y seguir trasmitiéndolos a todos los que nos rodean, para empezar con nuestros familiares, conocidos y amigos, empleados, alumnos etc El espíritu de Nazareth debe vibrar en todos y cada uno de los rincones de nuestras familias, y las de nuestros hijos y nietos.
La fraternidad, como valor, nos debe llevar a una excelente relación de amistad, apoyo y solidaridad en nuestro vecindario, nuestros grupos sociales, parroquias etc. la fraternidad se manifiesta en creatividad, solidaridad, acción, respeto, crítica, verdad y vida.
Entre nosotros y con todos los que nos rodean, los valores de humildad sencillez y modestia deben ser nuestro principal distintivo, en todas nuestras circunstancias: en la familia, el trabajo o en la gloriosa jubiliación, en el mercado, el taller, la cantina, con los amigos y con la distintas actividades o los lugares que frecuentemos, que no nos avergoncemos de nuestra historia, y nuestro pasado, que la alegría sea el común denominador de todas nuestras relaciones… Podemos crear muchas cosas, escribir, auxiliar, trasmitir, pensar y soñar, y muchas veces educar con un espíritu abierto y solidario, con una meta firme y segura: Todo a Jesús, por María…
Esa será la manera práctica de que el recuerdo de cada rincón y cada pasillo de la Quinta, o del Molino o de la casa de Morelia, se incorpore a nuestra casa, a nuestro departamento o a nuestra oficina, nadie lo hará por nostros, los hermanos pueden tener, disponer y hasta destruir sus propias herramientas, pero nosotros somos responsables de lo que verdaderamente recibimos, todo eso nadie nos lo puede quitar, no se trata de un montón de recuerdos melancólicos, sino de directrices que impulsan nuestra vida y las de las personas que amamos... no ocultemos nuestro tesoro, porque nuestros tesoros no se construyen con recuerdos de muros o pasillos, sino con la capacidad de amar y construir.
Comentarios
Publicar un comentario