LA HISTORIA DE UN TAMAL

 La preparación de los tamales tiene una historia mucho mayor a la de la presencia de los mexicas en tierras de la hoy Ciudad de México, y por supuesto la de la sincretización que hicieron los españoles uniendo la fiesta de la Candelaria con una antigua tradición mexica. Desde tiempos inmemoriales la costumbre de preparar tamales para compartir, en toda la comunidad, es en el segundo mes del año (Izcalli, la segunda veintena), es decir cuando todavía no se ha podido efectuar la cosecha grande; era la fiesta de Huauhquiltamalcualiztli; es una auténtica tradición que nos acompaña desde siempre a todas las familias en nuestras tierras, en la que después de compartir los tamales, este día los señores tomaban su pulque, cantando y bailando delante de la estatua de Xiuhtecutli, señor del fuego, hasta entrada la noche.

Narra uno de los primeros historiadores, que acompañaban a Cortés, Bernal Díaz del Castillo, que en este día: “Toda la gente, y en todas las casas, se hacían los tamales y se compartían unos a otros, y la que primero los terminaba, iba luego a convidar con ellos a sus vecinos, para mostrar su mayor diligencia y su mejor urbanidad… se comían normalmente con acotziles y caldo de chamulmulli, todo ello muy caliente. Las hojas en las que envolvían el tamal no se tiraban ni se quemaban, sino que se echaban al agua.”  

Todas las señoras se alistaban desde muy temprano para poder terminar a buena hora con esta labor tan especial… pero ¿cómo se prepara un tamal? Bueno, pera empezar se debe contar con una buena porción de maíz, el maíz, para poder comerlo, primeramente se desgrana. (o sea se separan los granos de la mazorca, quedando limpio el xilote)

Una vez en forma de grano, y si no se le va a dar otro uso, se le procesa haciendo el “nixtamal”… el nixtamal consiste en pasarlo por agua, que debe estar a punto de hervir (a cien grados) por diez minutos, una vez que se pasa por ese proceso, el grano se vuelve suave, y se puede moler… actualmente se utilizan molinos industriales, pero aún esos molinos utilizan piedras de roca volcánica, con forma cilíndrica circular, labradas a mano en sus caras principales, para moler con ellas y dar la consistencia que requiere la masa con la que se fabrican las tortillas…

Pero, en los tiempos prehispánicos, el maíz se molía a mano por medio de la piedra del metate y con la mano del metate, la “mano” del metate era otra piedra, mucho más ligera, que este con forma de prisma de sección cuadrada, que la mujer, o la persona que quisiera moler, aplastaba pequeñas porciones del producto que se molía sobre el metate, el metate era labrado a mano, y tenía ligera concavidad a todo lo largo, y una pendiente que ayudaba a que lo molido resbalara hacia uno de los extremos del metate, el metate tenía cuatro patitas con las que se nivelaba, directamente sobre el piso la pesada piedra… Lo que era molido, se recogía en la parte baja del metate por medio de un plato o cazuelita y se utilizaba para el fin que se decidiera, normalmente era la masa, con la que se elaboran las tortillas, la masa en sí está prácticamente cruda, porque solo recibió un baño con agua hirviendo, pero nunca alcanzó la temperatura de cocción para poder ser parte de una comida normal, así que las tortillas, o las gorditas, o los sopes, deben ser cocidas sobre un comal antes de ser preparadas para su consumo.

Pero, la misma masa de la tortilla que se preparaba todos los días, volvía a ser molida en el metate, donde se le incorporaba una porción de manteca de cerdo y diversos componentes, en especial … y después de ser especialmente molida, era batida y vuelta a mezclar con diversos condimentos, especialmente la manteca de cerdo hasta alcanzar una consistencia precisa… se requiere que la pasta sea suave y totalmente manejable.

Previamente se tienen preparados distintos guisos, los cuales ya deben estar listos, para poder ser utilizados como el núcleo o centro de los tamales.

También previamente, se deben haber preparado las hojas del maíz, recordemos que el elote es una flor que crece en la caña del maíz, y cuyos sépalos forman una cubierta que nosotros conocemos como hojas del maíz; el elote, cuando está maduro, se arranca de la caña y queda con su cubierta de hojas, que se deben retirar para poder desgranar el elote, las semillas de este maravilloso fruto, son los granos del maíz, y para el tamal se utiliza también la misma hoja del elote, para ser envuelto, asi que las hojas de elote deben ser preparadas, cortadas, lavadas y dejadas en agua por lo menos la noche anterior, para que estén limpias, frescas y manipulables…

Se toma una o varias hojas de elote y sobre ellas se vierte la base de la masa ya preparada y en su interior se deposita un trozo del guiso o la vianda con la que se va a preparar el tamal, se rellena con más masa y se envuelve perfectamente, en algunos casos la gente decide sellar esta envoltura con pequeños lazos construidos con las mismas fibras de las hojas del elote.

El “sabor” del tamal depende del guiso con el que se rellenó, por lo general encontramos carne de cerdo en salsa verde, o de pollo o res en mole, o rajas con queso, o un poco de mermelada de dulce con piña, acitrón o simplemente pasas. En este caso a la masa se le agrega un poco de colorante rosa… Por lo general, gracias a que el contenido fue previamente cocinado, el tamal se consume en su totalidad y no hay que extraer semillas, huesos, o piel, sino retirar la hoja de elote, donde fue cocido y comerlo...

El tamal, una vez envuelto, se coloca en una olla especial que permite que la cocción se realice exclusivamente con vapor. Actualmente las ollas vaporeras están equipadas con un fondo de lámina que impide que los tamales toquen el agua que estará hirviendo, pero admiten el paso del vapor, la olla (o bote de lámina) se coloca directamente sobre el fuego, y el vapor va cociendo la masa, hasta que la masa del tamal adquiere una consistencia sólida y un color diferente al de la masa cruda que es blanca. En la antigüedad se utilizaba una olla de barro llamada “comitl” que se acondicionaban con piedras en el fondo para que el agua no alcanzara a los tamales y el vapor lograra la cocción del exquisito manjar. Esta costumbre dio origen a que el agua del fondo de la olla debía llevar, igual que la masa, una serie de elementos especiales, además de la sal y el tequesquite, muchas veces, agua cocida con cascaras de tomate y tequesquite y objetos prodigiosos, como una mano de molcajete, o una piedra con distintos atributos, monedas o incluso amuletos, todo lo anterior, al estar en contacto directo con el agua que vaporiza y sometidos al calor del fuego, no produce ningún efecto real en los tamales, pero es parte de la tradición.

 Ahora bien, además hay que conocer otras partes de la tradición, “la persona que bate la masa del tamal, no debe ser remplazada o sustituída por otra durante este proceso”, si alguien ayuda a la persona que inició a realizar el batido de la masa de los tamales, esos tamales se van a descomponer, se ponen con manchas negras o simplemente el sabor de los tamales no va a resultar bien… la masa del tamal es muy “celosa” y requiere que solo una persona realice todo el proceso de batir.  Además ,si la persona que está batiendo llega a tener una contrariedad, o sufre un accidente o recibe una mala noticia durante el proceso de batido, “la masa lo resiente” y seguramente esos tamales se van a echar a perder o van a tener mal sabor, mal olor o simplemente no van a servir… por eso la masa hay que bendecirla antes de iniciar, y la persona que bate debe tener muy buen ánimo, esto seguramente trasmite “buenas vibras al tamal”

En la actualidad cualquiera puede hacer tamales, se utiliza harina para tamal, especialmente preparada por la industria y que se vende en cualquier tienda, para elaborar los tamales, la cual ya viene lista, especialmente con productos para favorecer la consistencia esponjosa y el cocido rápido y uniforme, adicionándole se le agrega fécula de maíz, o levadura (Royal), lo cual los hace más ligeros.

Asimismo, de acuerdo a la zona geográfica, dentro de nuestro extenso territorio nacional, existen una serie de variantes para la preparación de los tamales, en Oaxaca y ciertas partes del sureste se utiliza la hoja de plátano en vez de la hoja de elote que se acostumbra en el centro de la República. En Michoacán se hace una gran variedad de tamales cada cual con distintos nombres y formatos: la corunda, los uchepos, que adoptan forma triangular, y los tamales de hule, que no tienen un sabor propio, o el tamal en cuyo interior se colocan granos de elote cocido y sin moler. En otras partes del país, los tamales se guisan en aceite o se asan directamente sobre el comal, con o sin hojas, y adquieren una consistencia y sabor totalmente diferente, los hay de gran tamaño, y pequeños y con todo tipo de condimentos o sabores internos y agregados. No hay que perder de vista que, desde su origen, el tamal es un alimento complementario, por lo que se puede servir al lado o como complemento de otros guisos, o acompañado de frijoles, salsas o ensaladas, es además un producto que resiste bastante bien sin descomponerse, motivo por el cual se ha utilizado para servir como comida en el campo, o en lugares de trabajo, donde no se pueden conservar otros alimentos. En nuestros días, es muy común encontrar a la gente (obreros estudiantes y oficinistas) desayunando en cualquier esquina, una torta de tamal, es decir, un pan de bolillo o telera, en cuyo interior se ha colocado solamente un tamal… (en Cd de México a esta combinación se le conoce como “una guajolota”) la cual se consume camino del trabajo y acompañado con un simple vasito de leche o atole o un refresco.

En fin, estamos de frente a una tradición prehispánica, que como todas las tradiciones va adquiriendo los usos y costumbres de la época, la sociedad y el folklore propio de la localidad, sus alimentos y su evolución, es evidente que quizá un tamal elaborado con todas los ingredientes y reglas que utilizaban nuestros ancestros, antes de la venida de los españoles, quizá nos resultaría tan extraño que ni siquiera podríamos comerlo…  el tamal cambió radicalmente a la llegada de los españoles, sobre todo por la inclusión del cerdo, y la manteca de cerdo para preparar la masa… durante el virreinato, el tamal adquirió carta de nacionalidad en la Nueva España, pero no se consideraba un platillo que pudiera servirse en las mesas elegantes.

Después del movimiento de Independencia, fue cuando empezó a llegar a las familias y a los restaurantes como un motivo de identidad nacional y se definieron los sabores de “verde”, “rojo” y “dulce” … durante la Revolución se convirtió en un elemento básico para las tropas en campaña, que les recordaba, a cada quien, su propio terruño… En la actualidad tenemos en realidad una enorme galería que conforma un mosaico nacional de tamales, con distintos sabores, formas de prepararlos y formas de servirlos y acompañarlos.

Disfrutemos esta maravilla de sabor, gastronomía y de expresión de la diversidad y tradiciones locales y creencias en nuestra patria. Recordemos siempre que básicamente es maíz molido y mezclado con manteca y cocido con vapor, en cuyo interior encontraremos los deliciosos guisos o sabores de la cocina local, por lo que no debemos abusar de su consumo, de frente a la ingestión de grasas y carbohidratos. Pero por ningún motivo perdamos la oportunidad de disfrutarlos cuando la circunstancia lo amerita.

 

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