AMIGOS DE VOCE…

He seguido con interés y respeto  las publicaciones de esta página, y entiendo su enorme interés por salvaguardar el derecho a conservar la tradición del rito de la misa en latín, y creo que todos tenemos, no solo el derecho sino también la obligación de expresar lo que nuestra conciencia nos dicte, independientemente de la responsabilidad moral de acatar las disposiciones superiores emanadas de la Iglesia.

Soy un hombre de 68 años, soy laico y felizmente casado pero tuve formación religiosa ya que fui religioso y realicé la emisión de votos simples por dos años consecutivos en una congregación, habiéndome retirado en perfecto acuerdo con mis superiores, y gran parte de mi juventud estuve al servicio de la educación, para lo cual tuve la oportunidad de hacer algunos estudios teológicos, inclusive en el antiguo ITES, del seminario conciliar de esta ciudad.

En mi infancia tuve la dicha de prepararme para servir como acólito, para lo cual, en ese entonces, era necesario aprenderse la misa en latín… además mi madre, me enseñó desde muy niño a seguir la misa con un viejo misal “Lefevre” que tenía dos columnas, una en español y otra en latín, durante largas temporadas, y dependiendo de los horarios de trabajo de mi mamá,  asistíamos diario a misa,  todo lo cual me obliga a tener una profunda identificación con toda esa vida espiritual y sacramental de la Iglesia preconciliar.

Mi madre y mi abuela que fueron las que me criaron, evidentemente tenían muy arraigados todos esos principios y prácticas, mi tío también fue religioso marista casi hasta el final de su vida, y fue gran influencia para mí en mi infancia y juventud, él, además de ser profesor, era organista, y por supuesto era fanático de la música sacra, especialmente de la obras para órgano de los grandes maestros… no le gustaba mucho el canto y los coros, porque decía que eso solo era para distraerse de la parte importante de la música, pero era un excelente intérprete, y se burlaba muy discretamente de la gente que no sabía pronunciar bien o leer el latín. Finalmente, mi educación fue en un colegio marista, durante toda la primaria y secundaria, donde también se reafirmaron muchas de mis experiencias y aprendizaje en el terreno religioso, especialmente porque desde los ocho años, participaba como catequista en las parroquias que atendíamos, todos los sábados, en las zonas proletarias periféricas de esta ciudad capital.

La llegada de “El Vaticano II” me sorprendió entre mi infancia y mi pubertad, en la parroquia donde yo participaba, por cierto a cargo de los PP Agustinos Recoletos, porque gracias a ellos conocí de los cambios y reformas que se venían haciendo a nivel internacional en toda la Iglesia, especialmente en la liturgia… los padres preparaban a seglares para que fueran una especie de monitores que iban dirigiendo a la comunidad, en materia de “las posiciones” que se debían de adoptar durante la misa, las respuestas “en español” que se debía expresar dentro de la celebración, y además los nuevos cantos que se introducían como algo novedoso, vimos cómo los altares se desprendieron del frontón  y daban cabida a que el celebrante pudiera quedar de frente al pueblo de Dios…y cómo fue indispensable la colocación de micrófonos y equipos de sonido en vez del viejo púlpito. Las viejas casullas fueron cambiando su forma, y la misa cobró una nueva imagen mucho más dinámica y comprensible.

Yo ingresé a la la congregación marista en el 68 para estudiar preparatoria en Querétaro, en una casa en la que los aspirantes éramos llamados “juniores”… al terminar la prepa, pasé a postulantado y noviciado en Morelia, y una vez realizados nuestros primeros votos, nos enviaron a continuar estudios en Tlalpan donde estudiamos unas pinceladas de Teología y la normal de maestros… cada una de estas etapas tuvo una serie de situaciones donde por supuesto, fuimos viviendo en carne propia una serie de cambios, novedades, experimentos y experiencias, muchos de ellos magníficas, y muchas desastrosas… precisamente en el confrontamiento entre dos líneas de pensamiento y de acción que había generado el Concilio… si a esto sumamos el ambiente de preocupación por las “teologías de la Liberación”, y en general todos los cambios que afrontaba nuestro mundo en los años sesenta, y setenta, es algo verdaderamente espectacular y una experiencia que sólo nuestra generación ha podido soportar y vivir…

Quiero participar ante ustedes, por ejemplo, el caso del canto de la Salve: cuando yo llegué a Querétaro, una de mis primeras tareas fue aprenderme de memoria, el canto de la Salve, ya que en la congregación, todos los días se inician, y se terminan las labores, cantando juntos este bello canto a nuestra Señora… por lo que era nuestra oración matinal y la última para cerrar el día… evidentemente se cantaba en Latín… así como las antífonas y oraciones subsecuentes… pero al año siguiente empezamos a cantarla en Español… las nuevas generaciones de frailes ya no se saben el canto en latín, pero lo más grave es que los hermanos ancianos no la saben ni la pueden cantar en Español… adicionalmente el saludo, matinal entre compañeros y a las autoridades, era en latín o en francés…(el “Laudetur J.C.”)  todo eso se perdió, dando entrada a las expresiones tradicionales en español, nuestra lengua materna.

Y regresando al tema de la Liturgia, habría que recapitular, en que la diócesis de Querétaro siempre fue muy dinámica para actualizarse, y los padres diocesanos que nos hacían favor de realizar los servicios, eran muy conscientes y entusiastas de los cambios, por lo que exigían que todos participáramos, en primer lugar con la postura que debíamos adoptar durante las distintas partes de la misa, las respuestas en español, la participación con las lecturas en español y  la inclusión de los nuevos cantos…

El asunto de los nuevos cantos se volvió especialmente significativo. Para todas nuestras actividades de apostolado, evidentemente se utilizaba toda un nuevo acervo de cantos y sus respectivos acompañamientos, me refiero a la música de Gabrain, Espinosa, Manzano, etc. y no solo en misas, sino en todo tipo de eventos de apostolado, dentro y fuera de la casa de formación, como paraliturgias, rosarios, fiestas, catecismo sabatino, y los acompañamientos a las misas dominicales en las iglesias de los barrios y colonias etc., en la que toda esa nueva música era acompañada por acordeones, guitarras y mandolinas, melódicas, harmónicas y flautas… en las misas solemnes en la capilla principal de nuestra casa de formación, además del órgano hammond, no faltaban nuestros instrumentos y amplificadores electrónicos: la guitarra, el bajo y el requinto, además de la batería y a veces  una flauta, un violín o la trompeta.. . todo esto dejó atrás los respetables cuadernos de cantos a dos, tres y cuatro voces, los cantos directamente del gregoriano, y toda esa maravilla que era el canto a capella, a voces y la polifonía.  

En ese entonces nuestro hermano Alejandro Mejía, que había sido nuestro maestro, estaba estudiando en Roma, y compuso la hoy popular música denominada “asamblea que Canta” para acompañar cada una de las partes de la misa… nos envió por paquete los cassettes en italiano, y un grupo de nosotros se encargó de traducir al español y de “sacar, de oído” la música de todos esos cantos… semanas después envió las partituras y sólo hubo pequeñas diferencias con nuestra versión.

Todo esto lo veíamos con completa naturalidad, y era parte de nuestra vida diaria, pero no faltaba gente con la que teníamos marcadas diferencias…  mis tías, por ejemplo, las cuales habían nacido alrededor de  1905, estaban muy molestas con la nueva forma de la misa (en 1969)…

a ellas les parecía una “enorme falta de respeto el hecho de estar cambiando de posición,                   “de pie”, “ de rodillas”, “sentados” era una gran irreverencia…  además el hecho de que la gente tenga que responder, etc,  “-nos quita la atención- y – no nos deja estar en misa con devoción”…

pero, entonces ¿qué hacen ustedes durante la misa, o cómo creen ustedes que se debe oír la misa?-

“pues, desde que éramos niñas, mi mamá nos enseñó que, todo el tiempo debíamos estar bien sentaditas, y sólo cuando el monaguillo tocaba la campanita, arrodillarnos para la consagración… mientras tanto, te alcanzaba el tiempo para rezar un rosario o dos, así no te distraías…”

y entonces, ¿a qué hora escuchaban lo que decía el padre?  

“ah, para que hablara el padre, estaba el púlpito, el padre se subía y desde ahí nos hablaba y decía su fervorín… había padres que hablan muy bonito” durante ese momento, la gente escuchaba al sacerdote, pero nada más… cuando él terminaba, seguía la misa en latín y mientras seguíamos rezando nuestro rosario y mucha gente hasta se dormía…”

Y ustedes, ¿no entendían lo que el sacerdote decía ni sus oraciones en la misa?  “no, para qué? El Padrecito es el que decía la misa y nosotros solo asistíamos para cumplir y estar ahí, muy devotas y rezando nuestros rezos”.

Y ustedes tías, ¿cómo sabían las partes de la misa? ¿sabían qué era el “introito? ¿el Kyirie? ¿el Gloria?, las Lecturas?, el ofertorio? El prefacio? El sanctus? La consagración? ¿escuchaban el evangelio? “

-NO, no sabemos qué son todas esas cosas, que son las que dice el padre… no nosotras que por eso  somos feligreses”

Y la comunión?  “bueno, pues si una estaba preparada, se tenía que acercar al comulgatorio, todos nos hincábamos, y el padre pasaba a darte la sagrada hostia, y nosotras, con las manos juntas, cerrábamos los ojos y abríamos la boca y sacábamos la lengua… pero era muy poca gente la que comulgaba, porque te tenías que confesar antes, si no, no valía la comunión… y hasta te podías ir al infierno si no estabas en ayunas o en pecado mortal… había que confesarse primero.”

Bueno, esta conversación (que he tipificado en este escrito) se repitió muchas veces, con diversas personas y bajo diversas circunstancias, en México y en Querétaro, la mayoría era gente mayor y con costumbres muy arraigadas, y la he incluido en este comentario, porque a mí me impactaba mucho, en ese entonces que, mientras a nosotros nos educaban para afrontar y luchar por un cambio, donde se trataba de que todo fuera transparente e inteligible, muchas personas que para mí representaban un verdadero ejemplo de vida santa, se resistían a ver con buenos ojos todos estos cambios dentro de la Iglesia. Sesenta años después, ¿vuelvo a esta discusión?

Más adelante, en mi formación, tuve la oportunidad de estudiar con mayor detenimiento lo parte documental, y desde entonces he tratado de entender el verdadero problema, que esto representa, por una parte, la comunicación del mensaje evangélico, y por otra parte la misión de la Iglesia de salvaguardar las formas y la tradición, los esquemas significativos, a la vez que la parte esencial del mensaje cristiano.

Para mí siempre fue fundamental, hacer referencia, dentro de la catequesis, de lo que ocurre en la Eucaristía, y viceversa, creo que la misma celebración eucarística debe ser la mejor forma de catequizar a nuestra gente. En la actualidad, desgraciadamente nos damos cuenta de que la educación cristiana está cada vez más restringida, y que la única oportunidad de actualizar los conocimientos religiosos para la mayoría de nuestros hermanos es, en sí, la predicación del sacerdote y la misma Liturgia que nos va presentando ciclos, tiempos y festividades a través de las lecturas, y en una forma didáctica y casi plástica, la Historia de la Salvación.

 Todas y cada una de las partes de la misa llevan un mensaje  y una oportunidad para dar a conocer el Evangelio, y no solo eso, sino la forma como la Iglesia vive y traduce su legado de enseñanzas teológicas y prácticas.

Ahora bien, nuestra Liturgia Romana (hoy y siempre) es riquísima y está llena de referencias, oraciones y signos que nos ayudan a entender el verdadero significado de los principales misterios de nuestra fe, y en sí misma, trata de ser el vehículo para que el celebrante y todos los que participan en la Eucaristía, puedan unirse al Sacrificio Único de la Cruz y a la alegría de la Resurrección. 

En cualquier sistema de comunicaciones, es evidente que es indispensable que el significado de los signos sea homologado entre la parte que emite el mensaje y la que lo recibe. En cualquier oración o plegaria, Dios recibe de cualquier forma nuestras súplicas a través de Jesucristo, porque nos ama y además, porque “sólo El puede ver (hurgar) en lo más profundo de nuestro corazón”, pero nosotros si necesitamos la “actualización de los significados de cada uno de los signos” para que tengan un significado real, de acuerdo a nuestra propia existencia. Y para que exista una comunidad de oración con los hermanos con los que nos acompañamos, no es lo mismo asistir a una misa en un centro de readaptación social que en un convento… ni la feligresía de una colonia proletaria en la periferia de una ciudad grande, que los colonos de una zona ostensiblemente de buenos recursos, pero tenemos que lograr esa unidad de la comunidad para poder perfeccionar nuestra acción litúrgica.

Dentro de la Palabra de Dios y dentro de la misma Liturgia, tenemos muchos signos que desgraciadamente carecen de significado, y no por si mismos, sino porque ya no alcanzan a cumplir su misión, ya no corresponden a los signficados que da la experiencia personal, pongo un ejemplo muy simple: si yo le pregunto a un niño qué es una “raíz”, él puede pensar en el significado que nos da la Biología, como “la parte de una planta que sirve para afianzarla al suelo y para obtener del mismo suelo sus nutrientes…” pero, si platicamos con un dentista, él nos va a decir que “raíz” es la parte oculta de cualquier muela… requiere un enorme esfuerzo por parte de un adolescente entender que “raíz”es un término matemático para expresar el inverso exponencial de la potencia al que se eleva un número llamado “base” … para cualquier ingeniero, para “sacar la raíz” se utiliza una calculadora, para el dentista, se utiliza unas pinzas de extracción dental, y para el biólogo se utiliza un trascavo, o un grupo de hombres equipados con palas, picos y machetes…

Ocurre lo mismo con cada una de las palabras que empleamos para comunicar el mensaje de salvación que Cristo nos presenta en el Evangelio: exactamente ¿a cuantos dólares equivale hoy una “dracma”?  o, ¿un “denario”?, a qué se refiere la expresión “pasar por el ojo de una aguja”?... y como ya lo dice el viejo refrán, “traductore, traditore” .

Es muy grave este problema, para podernos comunicar hasta en los asuntos más superfluos, necesitamos establecer las bases del significado de las palabras y de los ritos, hoy día, es muy común encontrarnos con una serie de palabrejas que nos obliga  a usar la tecnología de los sistemas computacionales…el “chip”, el “enter”, los “bytes”, los “megas”, el “forward” el “scan”  y la realidad es que los computadores utilizan un lenguaje de máquina (interno), y todas estas palabras no son sino un protocolo para poder emplear esos sistemas, cada lenguaje tiene sus propia lógica y sus propias reglas, y aquí es donde tenemos complicaciones para traducir libremente de un idioma a otro… lo que en un idioma es masculino en otro es femenino como en el caso de “ l’armoire” del francés que nosotros cambiamos a “el” armario… pero en Inglés simplemente se utiliza el ”it” para nombrar a los objetos…  el uso de los pronombres, las preposiciones,  de los “tiempos”, de los “casos” y de los “modos”, de un idioma especifico, etc., nos obligan no solo a tomar un curso que puede ser de un año o de toda la vida; para los que por una bendecida tradición, utilizamos lenguas derivadas del latín,(las lenguas romances) encontramos una feliz coincidencia en muchas de nuestras palabras, y lo mismo ocurre con el griego y a veces con el árabe, y en México con un gran número de palabras nahoas, otomíes y purépechas…  Pues bien, este problema, no es solo por el gusto de poder leer a Dostoyevsky en ruso, a Borges en Español o a Proust en francés, sino el problema consiste para poder comunicar los detalles más finos del lenguaje, que sólo el uso cotidiano y la práctica asidua, adicionado de unas buenas lecciones de Gramática y Ortografía nos permiten entender a fondo el sentido de las palabras y de sus contenidos…

Las grandes culturas, en todos los tiempos,  especialmente por las necesidades comerciales y exigencias políticas, han impuesto su lengua, allende la tierra de origen, así, en alguna época se habló el persa  y el griego, el latín en buena parte del mundo conocido… cuando en Europa la dominación militar dejó de unificar al mundo romano y padecieron las invasiones, en especial de todo tipo de pueblos Nórdicos (Celtas, Godos, Visigodos, etc.) que impregnaron con coloraciones diversas a las distintas tierras conquistadas, y que desembocaron en las lenguas romances.

En toda la Península Ibérica se sufrió además la influencia de los “moros” por cuatrocientos años, que finalmente le dieron un color arábigo a nuestra lengua, números y cultura; y esa lengua, junto con la Portuguesa, fue traída a América, desde San Francisco en California, hasta la Patagonia argentina por los frailes; los Estados Unidos, por supuesto, recibieron toda la influencia de la Lengua Inglesa … y de las distintas oleadas de colonizadores. Pero hoy, debido a nuestro mapa geopolítico y comercial, tenemos una gran influencia de Japón y de China…, de hecho el Chino (mandarín) es el idioma que más se habla en el mundo… pero gran parte de la tecnología está adoptando el japonés…, pronto será indispensable saber no solo la lengua sino toda la escritura Japonesa para poder abrir un programa de nuestro ordenador…

Por otra parte, debemos entender que, independientemente de la infinidad de acciones para llevar a cabo la proclamación de la Palabra de Dios y la predicación… son los actos litúrgicos, los que en sí resultan ser EL MEDIO, la forma principal de manifestar nuestra vida de fe y de oración, considero como actos litúrgicos, en primer lugar la Eucaristía, y la celebración de todos  y cada uno de los sacramentos, no sin dejar de lado el rezo de las horas… que son parte de la liturgia, el calendario, y la celebración o conmemoración de las fiestas, y en cada una de estas oportunidades de comunicación, que es vida para el pueblo de Dios, debemos poner todos los medios y facilidades para que el pueblo participe… y para comunicar el Mensaje 

Desde esta perspectiva, es fácil explicar por qué la predicación de Jesús debe ser traducida a todos los pueblos y a todas las gentes… e integrada a todas las culturas en los más diversos ambientes. Los católicos somos una minoría, y si a esto se agrega que en vez de utilizar nuestra gran diversidad de lenguas, nos aferramos a una lengua en desuso… los que podemos usar el latín somos una minoría insignificante.  

Es perfectamente entendible que en la época en que el mundo afroasiáticoeuropeo empezó a diferenciarse por medio de las lenguas propias de cada comunidad, una vez que cayó el antiguo imperio romano, el latín fue el medio más idóneo para salvaguardar la tradición, pero de eso han pasado quince siglos,

El primer gran hachazo que dividió nuestra Iglesia, fundada por Jesucristo,  fue el de la Iglesia de Oriente, que utilizaba con toda propiedad el griego… y que dejó el latín para la iglesia romana y el griego para la oriental… el segundo hachazo fue cuando los seguidores alemanes de Lutero y más tarde todos sus seguidores en muchos países europeos, decidieron dar cabida a las traducciones de la biblia al alemán y a su publicación a través de la Imprenta… pero no todo quedó ahí, también la Iglesia anglicana, decidió separarse y utilizar el inglés como lengua oficial… pero no hemos entendido la lección… queremos seguir aferrados a nuestro antiguo latín, que el pueblo no conoce, que es difícil entender para todos los que no utilizamos una lengua de origen romance…  y que nos aleja de una interpretación directa y sana de la Palabra de Dios.

Sí, es muy hermoso hablar utilizando latinajos, palabras tomadas de la vieja lengua romana, inclusive, es el idioma de los científicos, médicos y astrónomos y muchos otros, quienes en ocasiones sólo utilizan esta lengua para hacer sentir que son personas superiores y no hablan igual que el pueblo bárbaro e iletrado, que no puede entender sus rimbombantes expresiones en latín… inclusive,  se nos hace fácil tomar palabras elegantes y decir  “el cielo está lleno de cirrus stratus”, en vez de decir que está nublado,  o  que la tormenta empezó con “cumulonimbus” en lugar de decir que los tornados están a la vista, o decir “hacedme una torta de “Zea mays” cum “phaseolus vulgaris” en vez de pedir un “taco de frijoles” o llegar a decir que el dictador actuó “propter pistolas suas…” para que todos nos enteremos de nuestra gran preparación académica.

El idioma de Cristo nunca fue el latín, que de hecho era el lenguaje que representaba la represión, la opresión, la ambición y la violencia, el abuso del poder y que más generaba el odio que el amor. El lenguaje del Padre Eterno, en la biblia de los hebreos, nunca fue el latín, sino el hebreo; y el idioma del Espíritu Santo, y de Pablo, fue la “coiné”… una especie de griego deformado… Jesús y María seguramente hablaban normalmente en arameo…Jesús ,a la samaritana le declara que vendrán días en que la alabanza a Dios será en espíritu y en verdad.  Las traducciones de don Eusebio Hierónimo,  ( el gran San Jerónimo), fueron  hechas del griego y hebreo a la vulgata, en latín, durante el papado del papa Dámaso I

La vida del papa Dámaso I coincidió con esa parte de la historia cuando Constantino I quedó como emperador del Imperio Romano, habiendo vencido a los demás posibles emperadores, con la unión y nueva división del Imperio Occidental y Oriental romano, con la expansión del arrianismo, con los problemas sucesorios y la proliferación de antipapas, así como con la expansión y legitimación del cristianismo a manos del emperador Constantino y su adopción como la religión del Estado Romano por parte de Teodosio I. Su prioridad papal se centró en la unificación y centralización del poder de la Iglesia y del Imperio. Dámaso tuvo que pelear ante otras doctrinas cristianas, y se concentró en lograr unidad y centralismo en la iglesia. El Imperio romano comenzó a fracturarse, formando un imperio en occidente y otro en oriente, lo que configuró a la Iglesia como un puente de unificación entre ambas partes.

Por otro lado, la Iglesia comenzó bajo esas circunstancias a adquirir el papel de director político y vehículo y referente del saber de la época, tratando de unificar las ciencias y centralizando el poder, rechazando como herejía todo aquello mágico, irracional o contrario a la autoridad cristiana; estos fueron los cinco ejes de su acción: Unificar los ritos y costumbres, Perseguir y condenar otras interpretaciones doctrinales, Lograr el apoyo del Imperio, excomulgar a los sectores contrapuestos y Centralizar el poder en la figura del papa.

Durante su papado, que se prolongó 18 años,  llevó a cabo dos concilios romanos, en los años 368 y 369 respectivamente, y uno más, para determinar específicamente las medidas contra el arrianismo. Se confirmaron las confesiones de Nicea (el contenido de nuestro credo). En el sínodo romano del año 374,  Dámaso I promulgó el Canon de Escritura Sagrada, es decir, una lista de los libros de los Viejos y Nuevos Testamentos que deben ser considerados la palabra inspirada de Dios. ​

La primacía de la Santa Sede fue defendida mediante actas y decretos del mismísimo Emperador, ​ donde basa la supremacía eclesiástica de la Iglesia Romana en las propias palabras de Jesucristo y no en decretos conciliares.

Las reformas impulsadas en este periodo, tenían por objeto unificar el culto, y dieron origen a algunas de las tradiciones más antiguas del catolicismo, como la introducción de la voz hebrea “aleluya” ​ para referirse a la resurrección de Jesús (la expresión, que ya existía entonces, se utilizaba exclusivamente en el rito judaico) y el reconocimiento del obispo de Roma como el predominante entre todos.

Mediante el decreto de Teodosio I, «De fide católica», se declaró al Cristianismo como la religión del Estado Romano, el 27 de febrero de 380, el cristianismo, predicado por san Pedro, de la cual Dámaso era cabeza suprema y, por lo tanto, primer beneficiario de dicho acto. ​

Tras la muerte de Teodosio de nuevo se produce la división del Imperio Romano. Dámaso siguió en su línea, centralizando el poder eclesiástico bajo su figura, frente al poder imperial y político.

Recibió acusaciones de todo tipo, incluso de adulterio, y fue juzgado, y aunque nunca salió condenado, muchos, tanto dentro como fuera de la sociedad cristiana, vieron en él a un hombre cuyas ambiciones mundanas pesaban más que sus preocupaciones pastorales. Praetextatus, un aristócrata rico y sacerdote pagano, bromeaba refiriéndose a Dámaso diciendo: «Háganme obispo de Roma y me haré cristiano». Incluso algunos de sus críticos llamaban a este tema «la cuestión delicada al oído de las damas».​

En el sínodo del año 374, expidió un decreto en el cual se hizo un listado de los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento. Por ello, le pidió al historiador Jerónimo de Estridón utilizar este canon y escribir una nueva traducción de la Biblia que incluyera un Antiguo Testamento de 46 libros y el Nuevo Testamento con sus 27 libros,​ pasando durante algún tiempo a ser su secretario particular.​ Finalmente fue en el Concilio de Roma del año 382, cuando la Iglesia Católica instituyó el Canon Bíblico con la lista del Nuevo Testamento de San Atanasio y los libros del Antiguo Testamento  que en la práctica sería la primera Biblia, en el sentido concreto y pleno de la palabra.

Cuando Dámaso envió a Jerónimo a realizar su revisión de las versiones hebreas más tempranas de la Biblia, este realizó una traducción conocida como la Vulgata, que se hizo popular por estar escrita en latín. (Esta versión fue aprobada por el Concilio de Trento hasta 1546), adoptada de facto en la liturgia​ y empleada por la Iglesia Católica durante cerca de quince siglos​ sustituyendo a la “Vetus Latina” y provocando que el latín se convirtiera en la lengua principal del culto.

Por qué pelearnos en pleno siglo XXI por conservar una tradición que se origina en ese ambiente de pleitos civiles y por la supremacía del Imperio Romano que lo único que ha hecho es desunirnos?, el latín fue traído a México y América Latina por los españoles, pero, debemos recordar que para llevar a cabo la evangelización, los misioneros españoles, antes que otra cosa, aprendieron las lenguas que utilizaban los indígenas… la evangelización de nuestro pueblo mexicano, se hizo en nahoa y purépecha… Zumárraga y más tarde Tata Vasco, a pesar de su gran preparación académica, lo primero que hicieron en tierras mexicanas fue aprender el idioma de las personas a las que iban a evangelizar… Este ejemplo lo siguió nuestro amado y sabio Padre Hidalgo, experto en latín, francés y lenguas indígenas. El propósito del Vaticano II, no pretende de ninguna manera terminar con la tradición, sino revalorarla. La tradición no es utilizar lenguas  muertas, complicadas y difíciles, la tradición de la Iglesia es saber adaptarse a las necesidades de los fieles,  para que los procesos de transferencia del mensaje de Cristo sea fácilmente asimilable, y esté perenemente actualizado.

No tenemos derecho a confundir a la gente, haciéndoles creer que nuestro querido Papa Francisco, ya no sabe que hacer, y que obispos de ultraderecha pretenden reutilizar y sacar de los museos la “verdadera tradición de la Iglesia”, por lo contrario, creo que más que nunca debemos estar unidos y buscar los medios para que la comunicación del mensaje sea evidente y directo, tal como se decía de los primeros cristianos, “mirad cómo se aman”…

La Iglesia no es un museo ni un escaparate para mostrar las maravillas literarias del pasado, es el Cuerpo vivo de Cristo, que actúa, a través del poder y la fuerza del Espíritu Santo, para mostrarnos el amor del Padre…hoy, aquí y ahora. Ante la necesidad de elegir si se mantiene la tradición de una lengua muerta o si se corre el riesgo de acercarnos a las lenguas populares, creo que tenemos que decidir seriamente por intentar esa conversión y ese reto.     

Yo comprendo que muchos sacerdotes, hombres invaluables, que han dedicado toda su vida al servicio del pueblo de Dios, encuentren una belleza especial en los ritos en latín, especialmente por que para ellos, su experiencia personal de fe está íntimamente asociada a la lengua romana, es más, conozco a muchos amigos que no solo pueden decir la misa en latín sin ningún problema, sino que piensan en latín, bromean en latín y hasta pueden escribir poemas y hacer traducciones como si se tratara de su lengua madre… pero debemos estar conscientes que ese no es el caso de la gran mayoría de nuestro pueblo. Para los sacerdotes de habla inglesa, es más crítico, porque para ellos el latín, es el lenguaje religioso, y fue requisito indispensable para poder acceder a la Liturgia. Y lo mismo ocurre con los músicos y organistas de prestigio, que sueñan con el regreso de la música sacra – a la cual le consagraron toda una vida – pero, nuestras iglesias no son foro de artistas refinados ni escenario de voces privilegiadas, dice san Agustín que el que canta, dos veces ora, y el objetivo es lograr que la gente, el pueblo, hombres, mujeres y niños sean los que oren y canten, necesitamos música sencilla y que la letra sea fácil de memorizar, entender y proclamar…  

Se ha dicho que por el simple hecho de haber adoptado las lenguas vernáculas, nuestra Iglesia ha perdido feligreses… nada más absurdo, en mi opinión es todo lo contrario, ahora bien, si a estadísticas vamos, es verdad que en los años 60, 70 y 80, presenciamos una verdadera sacudida que obligó a muchísimos hermanos a abandonar los templos católicos, y no solo eso, muchos sacerdotes  renunciaron a su ministerio, muchísimos religiosos y religiosas, abandonaron los conventos, pero eso no se debe al uso de una lengua vernácula, sino a una fuerte toma de conciencia, de que muchas de las costumbres antiguas, a veces ancestrales, carecían de un sentido práctico y realista, y sobre todo, que en esencia ya no eran capaces de trasmitir con fidelidad el mensaje del Nazareno.

En los años 60 y 70 la televisión a color, inundó los hogares, dando como consecuencia que el uso del tiempo libre, en vez de ser aprovechado para la lectura, la meditación y la oración, así como a la atención de la familia, se convirtiera en “ tiempo libre, el tiempo para ver televisión”, al atractivo de una tecnología más simple y una imagen atractiva, se agrega poco a poco una avalancha de canales comerciales, y con ellos la inducción de una serie de mensajes y filosofías entreveradas con publicidad barata, que modificó la mentalidad del ser humano en todas nuestras sociedades…

En los años 70 y 80, asistimos a un cambio total en los valores humanos, debido sobre todo a los conflictos bélicos internacionales, al derrumbe de las economías, los cambios sociopolíticos de muchos países entre los que se encontraba el nuestro; la explosión de la música y el arte “sicodélio”,  el hipismo, los beatles, una conciencia colectiva que busca finalmente el hedonismo más  recalcitrante. Una nueva relación entre padres e hijos, entre maestros y a alumnos y en fin , una conciencia social cargada de crítica e implacable hacia las instituciones y autoridades.

En los 90 y a partir del 2000, el materialismo pragmático había hecho mella en la mentalidad de todos, por si fuera poco, en esos años llega a nosotros la explosión de las computadoras, que aunque eran muy pobres en sus capacidades y muy complejas de utilizar, y que empezaron a desarrollar una serie de tecnologías colaterales, nos sorprendió primero el “pager” o localizador, después fue el fax, inmediatamente después, se presentaron los primeros teléfonos celulares, eran aquellos que verdaderamente sólo servían para hablar y cuyo costo era prohibitivo para las mayorías. En las viejas computadoras, utilizábamos cintas y disquetes, y los programas eran individuales y complejos, hasta que llegó la era digital, y un poco más tarde la tecnología de la fibra óptica, ambas vinieron a reescribir la historia…todo esto permitió la red internacional del internet. Los programas dentro de las computadoras se hicieron sencillos y relativamente baratos, y sobre todo accesibles, la velocidad de los equipos nos permitió acelerar las comunicaciones, el teléfono  se volvió  una forma de intercambiar mensajes, sonido  e imágenes. Pero,  lo más grave es que en la era digital la imagen se apoderó de la razón humana, no importan ya las palabras, sino las imágenes, y la misma imagen la puedo tener en un equipo celular, en una computadora, en la televisión, en el cine o en cualquier parte, gracias a la tecnología, y esa imagen dice más que cualquier cantidad de palabras… un tik toc lo puedo ver en 16 segundos y puede impactar a 100000seguidores en menos  una hora… un libro se escribe en dos meses, se imprime en dos semanas,  lee en seis horas, pero nadie lo consume

Es esto lo que ha bajado la cantidad de feligreses, imaginemos una iglesia en la que para explicarnos la transustranciación, necesitamos citas de san Ambrosio y santo Tomás, y además, utilizando citas “en latín”.

Necesitamos hoy, para poder competir, un mensaje a base de imágenes sencillas de digerir, que no presente complicaciones y que no te exijan razonar demasiado… vivimos en un entorno de imágenes, y las imágenes son auditivas y visuales, y que puedan convertirse en experiencia.

Es por eso que es indispensable escuchar las oraciones y la liturgia en nuestra lengua, y trasmitir verdaderamente con hechos y actitudes, nuestra fe. Hoy más que nunca encontramos maravillosas las enseñanzas de Jesucristo, que utilizaba hace 2000 años,  parábolas, sencillas y razonamientos fáciles de seguir, (él predicaba en arameo)… necesitamos acciones que secunden  lo dicho, y  oración que se convierte en compromiso de acción.

Reitero mis respetos a toda esa gente que quedó atrapada en una manera diferente de sentir y de vivir la fe, estoy convencido que el punto más importante para nuestra vida diaria, es la trasmisión del mensaje del amor que encontramos en el Evangelio. Y si queremos atender a la orden que el Señor nos dio, antes de su ascensión al cielo, “id por todo el mundo y predicad…” debemos hacer un esfuerzo para establecer los medios de comunicación adecuados. Gracias

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