jubilares de 50, 2023

  

Jubilares de 50(¡aprox. 18200 días!)

Estimados hermanitos Quique, Tito, Tar, Javier:

Con profunda e inenarrable ALEGRÍA, comparto con ustedes estos días en que las comunidades provinciales levantan las manos al Señor y a nuestra Buena Madre, para agradecer la presencia jubilosa de cincuenta años de fidelidad al llamado que Jesús nos hizo y que ustedes respondieron, y no sólo eso, sino que ustedes siguen respondiendo… de manera especial y significativa para todos nosotros, como sociedad, como provincias maristas, como iglesia y como no, como amigos.

No se trata de una melancólica reminiscencia, ni una medalla por una interminable carrera de resistencia ni mucho menos de un aniversario que de manera protocolaria u oficialista repetimos con cualquier pretexto, sino de una renovación interna, que nace de lo más profundo del corazón, fuerte y plenamente consciente de lo que Marcelino nos pide a cada momento a uno de nosotros en el “hoy”, en el “aquí y ahora” para cada una de nuestras responsabilidades.

Por supuesto pido al Señor su luz, e invoco para empezar, el recuerdo de nuestros compañeros que ya están en la gloria, y que de manera especial hoy estarán festejando también con nosotros, Dionisio y Jorge Carlos ( y aunque no es de nuestra camada, también invoco el Mameyín Reyes) y pido para ustedes su perseverancia final, y que sigan bendiciéndonos día a dia a todos y cada uno de nosotros, de igual manera, recordando a todo ese aquel fantástico grupo, que hace cincuenta años estábamos perfectamente seguros de tomar en el Santo Niño, la mejor decisión de nuestra juventud: Pánfilo, Aquiles, los dos panchos, Castro Pérez y López Lamas, el Querio Aguilar, Gilberto Enrique Antonio, el Meme Padilla, los dos Víctores, Aurelio y Paulino, además de los ya mencionados.

Hoy vemos, necesariamente, la vida con otra óptica, y entendemos que el llamado del Señor, sin dejar de ser personal, sagrado y misterioso, nos lleva por muy distintas “vereditas” hacia un solo camino que es el mismísimo Jesús, ya que El es EL camino, LA verdad y sobre todo VIDA… en estos momentos de alegría inmensa, entendemos ( o más bien alcanzamos a adelantar un poco más en nuestra percepción) para comprender que el llamado es único, constante y universal, y que a cada momento el mismo Señor Jesús nos cambia el rumbo para proponernos nuevos retos, perspectivas y objetivos… personales, dinámicos, de estado de vida, eclesiales, sociales y comunitarios.

La labor de cada uno de nosotros ha quedado en el pasado, no como una singular “obra de arte”, fría e inerte, que todos pueden admirar y aplaudir, sino como parte de un camino vivo, dinámico y auto ajustado, por el que todos pueden transitar… sin saberlo ni quererlo, hemos dejado atrás muchas huellas de escalón para que otros puedan pisar, para que otros puedan andar con comodidad, seguridad y sin desatino… ( como decía san Juandieguito: soy cola de ratón, soy escalón de escalera, para que todos lo pisen) o como decía la canción del “Puente” (un puente que no se rompa) . Creo que todos, como dijo el gran Serrat hemos abierto muchas veredas y navegado en cien mares, y finalmente descubrimos que: no hay camino, que se hace camino al andar, al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar… pero hay muchos, muchísimos que seguirán tus pasos.

Muy en lo personal, les confieso que ni un solo dia y ni por un momento me he dejado de sentirme su hermano, unido a cada uno de ustedes, y amado intensa y particularmente por nuestra Buena Madre , y no solo eso, hermano también de todos y cada uno de todos los que algún día, compartimos los ideales de Marcelino… y no lo digo esto por vanagloria y mucho menos por méritos, sino porque hoy descubro que ESTO ES LO ÚNICO QUE TENGO, los valores maristas y que son los valores más importantes en mi vida, y que los he recibido de manera totalmente inmerecida. Por eso, ofrezco mis comuniones, (cuando pueden ser sacramentales) cada vez, por todos y cada uno de nuestros formadores, en particular, don Poli, Piña, Ortiz, Flores, Santillán, Menchaca, don Toño, Benavides y Mignault… y además por todos mis maestros maristas que me formaron en esta manera tan particular de amar y recibir el cariño de María, en especial el inigualable Avelino Mejía y los sensacionales Villalobos y Longoria… los tres ya en la gloria, entre muchísimos otros dignos de emulación y respeto, pero los menciono a ellos porque de ellos escuché un día el llamado marista.

Mi vida no ha sido para nada envidiable ni recomendable, ustedes me conocieron cuando estaba lleno de juventud, locuras y desencuentros conmigo mismo, y con todo lo que me rodeaba, cuando deseaba cambiar al mundo y encontrar la perfección por medio de chistes, bromas y canciones, calzado con un par de zapatos rotos remendados con alambres.… Y cuando tuve que abandonar mi comunidad, y después la Quinta definitivamente, me enfrenté a un mundo que nada tenía que ver ni con aquel en que me había formado ni con el que yo me había imaginado…

No regresé a mi casa con mis padres, sino a la soledad de mi vacío. Ese año fue el más difícil y espantoso de mi vida, pero gracias a Dios y aun excelente psicólogo, pude establecer tres metas: estudiar una nueva carrera, contratarme en un empleo estable y encontrar una novia… en poco menos de un año estaba estudiando Ingeniería, con un trabajo fijo y a punto de casarme. Abandoné el trabajo en una empresa de Ingeniería para regresar a dar clases y gracias a eso, me sentí de nuevo en el ambiente para el que había sido formado, y aunque ya casado y como profesor externo, estuve en todos los cargos y funciones que una escuela particular de monjitas puede ofrecer a un seglar… pero al terminar mi carrera mi esposa, que era profesora en escuelas oficiales, me exigió que dejara a las monjitas y me abriera camino como ingeniero, en actividades de ingeniería… asi fue como dejé por completo la docencia, y me volví totalmente Ingeniero, tuve muy buena suerte, porque se me brindó la gran oportunidad de incursionar en el mundo del STCmetro, donde aprendí mucho y entregué también mucho.

Después ocurrió mi segundo gran fracaso, porque mi matrimonio, después de trece años. estalló como un globo… mi hija había entrado a la adolescencia y aunque en la cuestión financiera, de vivienda y de salud íbamos muy bien…todo iba sobre ruedas,  sin embargo se había perdido lo más importante, la comunicación. Perdí un año en estabilizarme y duré diez para poder volver a reconstruir mi vida.

Si nadie me había enseñado cómo era la vida sin los maristas, menos aún nadie me había enseñado como era la vida de un hombre divorciado…fue un doble reto para lograr una reconstrucción. El trabajo era lo que menos me importaba, y estuve a punto de perder totalmente el rumbo. Mi mamá que en ese tiempo ya había ingresado a una orden religiosa, tampoco podía ayudarme. Pasaron muchas cosas y finalmente empecé a caminar de nuevo. A esto se agrega los problemas financieros por los que pasó nuestro país alrededor del año 2000, la falta de inversión pública y privada generó una enorme ausencia de fuentes de trabajo, y yo tuve que desmantelar mi pequeña compañía. La gota que derramó el vaso fue un accidente que tuve en Irapuato, que me obligó a permanecer en casa de mi padre varios meses, lejos de comunicación y de recursos.

Pero tras la tempestad viene la calma, y al final, meses después,  regresé a la actividad y pronto a la vida matrimonial, este segundo enlace estuvo lleno de complicaciones, desencuentros y dificultades, y terminó muy pronto, por supuesto, sólo pudo realizarse ante la autoridad civil, pero en esos días visitó el Papa a México, y nosotros aprovechamos para entregarle una carta solicitando su intervención para solucionar nuestra situación. El nos hizo llegar una respuesta diciendo que hiciéramos los trámites normales necesarios correspondientes. Con lo cual inicié el trámite de anulación ante el Juzgado Eclesiástico… y aunque este segundo matrimonio terminó y nos divorciamos antes de que terminara el juicio, ese fue el inicio para poder regresar a la normalidad. Yo tenía el antecedente de haber seguido paso a paso el juicio para la anulación de matrimonio que le pidieron a mi madre para poder ingresar al convento, y de alguna manera tenía una perspectiva que no me permitía desmoralizarme fácilmente.

Como ya comenté, ese segundo divorcio se llevó a cabo de una manera muy simple y sin consecuencias lamentables, después del segundo año, con lo cual yo volví a mi soledad. Pero de ninguna manera se compara a lo que tuve que atravesar después de mi primera separación y menos con mi retiro de la congregación. Y de la misma manera pronto encontré una nueva compañera, con la que decidimos iniciar una vida “sin compromisos”.

En esta nueva relación fue donde más se manifestó la mano del Señor, ya que después de casi dos años de vivir en pareja, me llegó la notificación de que el proceso canónico correspondiente y la respectiva apelación, había fallado en favor de la anulación eclesiástica de mi primer matrimonio religioso. Por lo cual podía contraer nuevas nupcias eclesiásticas. Lo anterior para mí fue un reto y una verdadera señal y oportunidad. En primer lugar expliqué a mi compañera todas las consecuencias que tendría recibir un sacramento a estas alturas, pero en ese momento todo se facilitó de una manera extraordinaria.

El matrimonio se celebró en una capilla anexa, dentro de la Basílica de Guadalupe, y tuve el gusto de que el ministro fuera nada menos que el inolvidable don Gabriel Rodríguez (ex FMS), quien además me dio la absolución después de una confesión general. Hoy Llevamos 18 años y juntos vamos llegando a la edad en que  los recuerdos son lo más importante… Y créanme que fue un verdadero renacimiento, que me permitió reconstruirme internamente, en primer lugar por tener acceso a los sacramentos y a mi vida normal (anterior a ser calificado como “divorciado) esto me facilitó también sentirme libre y fuerte para poder acercarme a los grupos de antiguos hermanos, en los cuales he encontrado empatía, amistad y reconocimiento de compañeros, e historias maravillosas, por supuesto algunos muy heridos y lastimados, pero otros incluso perfectamente reincorporados a tareas eclesiales.

 

El encuentro con compañeros que fuimos alimentados por la misma leche marista, y en los mismos establos, nos da una fuerza extraordinaria, una identidad extraordinaria y un compromiso proactivo que nos induce a un trabajo serio y de alto valor. Tuve la oportunidad de colaborar durante varios años con la singular fraternidad “Basilio”, encabezda por R Manero y el dr. Galíndez (primer laico invidato a un capítulo general en Roma)  fraternidad formada en sus orígenes por el mismo hermano Rueda, y que después de muchos avatares se reconstruyó sólo con antiguos hermanos, sin la denominación oficial de fraternidad y  con reuniones mensuales en el ColMex, semestrales en la Quinta y diversas actividades y obras adicionales.

¿Por qué platico en esto en una ocasión como la que ustedes están celebrando en estos días?, pues porque esencialmente estamos hablando de lo mismo, de la providencia de Dios y del camino que tiene para cada uno de nosotros. Al igual que ayer, y de acuerdo a lo que recomendaba don Marcelino, nuestras principales armas siguen siendo LAS TRES VIOLETITAS: considero que en mi vida personal, profesional y familiar, finalmente mis mejores ayudas asi como para cada uno de ustedes, valgan las debidas comparaciones y adaptaciones: hablo de la humildad, la sencillez y la modestia. Las cuales tienen un alcance extraordinario y maravilloso, “per se” y para cada uno de nosotros.

Entiendo la humildad, de frente al verdadero creador, dueño, artífice y Señor de todo lo que nos ocurre y todas nuestras metas y proyectos, ya que esos proyectos son iniciados y terminados por él, y nosotros somos simples instrumentos temporales, piezas de ajedrez, más o menos útiles, sólo para ciertos momentos que rara vez son los más importantes… él es el que hace las cosas, y el que merece todos los aplausos, y las porras. Es como un socio mayoritario, en el cual él invierte el 98% y nosotros sólo el 2%... esta consideración la tomo directamente del pensamiento de Marcelino, y me ha funcionado muy bien toda mi vida, y lo comparto con alegría y entusiasmo. Solo así entiendo mi actuación cuando fui jefe en mi trabajo, directivo en mi colegio,  o como padre, y abuelo frente a mi hija y mis nietas… el Señor me puso ahí, y él mismo me hizo a un lado… es él el que las ha cuidado y bendecido siempre, y esto es solo un ejemplo.

Entiendo la sencillez, como ese esfuerzo continuo por tratar de analizar las cosas para decirles siempre por su nombre, a veces, como a ustedes les consta, soy muy complicado y me enredo en mis explicaciones, pero lo máximo en la vida es esa sencillez para entender los hechos y los problemas como una “ecuación unitaria”, las cosas son como son y no necesitan darles la vuelta… asi de sencillo como dos y dos son cuatro, es necesario entender que las cosas no tienen una segunda interpretación ni se hacen por arte de magia. Lo que pensamos, sentimos y realizamos, además de tener una consecuencia histórica, siempre son simples y sencillas, el amor, el estudio, el trabajo, la aplicación a las diversas empresas y proyectos son eso, la misma actividad que hacemos y que siempre tiene un nombre propio. Mi vivencia más importante al respecto fue mi relación con mi padre carnal, QPD., con quien era extraordinariamente  complicado tratar de llegar a un acuerdo, como ustedes saben, empecé a tratarlo cuando estábamos en el noviciado, y él no admitía mi vida como religioso, después tampoco aprobó mi matrimonio, ni mis estudios de Ingeniería… por eso mi máximo escudo era precisamente la “sencillez”, especialmente en los temas del amor… se ama lo que se vive, y se vive como se ama… no hay vuelta, la sencillez del amor no tiene recovecos ni adendum a posteriori. Y la realidad es muy simple y sencilla, las oportunidades llegan y se van, la vida pasa, y de pronto tenemos nuevas obligaciones y responsabilidades, hay que tomarlas con toda sencillez.

No necesitamos juzgar para entender, simplemente las cosas son siempre como son, y serán como las vemos y en particular, nuestra relación humana siempre debe estar fincada en el arte de la sencillez, y por paradójico que resulte, la grandeza de lo sencillo es que es lo más grande que hay. El amor de Cristo está basado en la sencillz, lo dice Juan con extremada pulcritud: “nos amó hasta el extremo”. Y lo dice también María: “hágase en mí según tu palabra”… en la sencillez no hay espacios para medias tintas ni para dobles vueltas…

Entiendo la modestia como una tendencia que se vuelve hábito, en la que, a fin de ser sencillo y humilde, nuestra personalidad adquiere un tono tan particular como transparente. El servicio es la parte más intensa de la modestia, ya que ante las diversas iniciativas de todos los que nos rodean, nuestra función es siempre de segunda mano, de apoyo, de servicio, de atención y de respeto a la verdadera intención u objetivo del grupo o del proyecto al que nos incorporamos.

La modestia no es negar ignorar o vituperar lo que nosotros realizamos, sino reconocer que nuestra participación está constituida de un 90% de servicio y de un 10 % de iniciativa. Por lo general, exige que sepamos estar atentos para entender las motivaciones y urgencias de todos los que nos rodean. Jamás debemos olvidar que son los esfuerzos y las ilusiones de muchos, los que nosotros estamos canalizando. Cuando un alumno reacciona, entendemos que es él el que ha avanzado, cuando un problema se resuelve entendemos que es el Señor y nuestra Buena Madre los que los han resuelto…

Y, tocando el tema central del festejo de estos días, la celebración del aniversario de los VOTOS, recuerdo (sin atreverme a mencionar el nombre del susodicho) uno de nuestros novicios antecesores, que se atrevió a modificar la fórmula canónica para decir que él, ese dia de sus primeros votos hacía votos “para siempre”… lo cual aunque era incorrecto, nacía de ese fervor interior que es el verdadero motor que hasta hoy y gracias a la misericordia de Dios, consume a cada uno de ustedes… y de alguna manera a cada uno de nosotros, que por diversas circunstancias hemos venido tejiendo nuestra vida en torno a esas tres promesas, pero que se han adaptado a las circunstancias diferentes de cada quien.

Con respecto a la POBREZA, el primer comentario es que todo depende de la perspectiva de cada persona y su entorno real (en lo financiero, laboral, productivo, académico, legal, etc.). La pobreza, tal como nos la enseñaron nuestros formadores, parte de la necesidad de LIBERTAD ante los bienes materiales para poder lograr nuestro objetivo en la propagación del Evangelio. La pobreza institucional es la imagen viva de lo que una comunidad persigue. Y desgraciadamente en toda institución u organización, existen demasiados compromisos para poder avanzar con la libertad de todos ansiamos… mientras fui simplemente asalariado, nunca tuve problema porque mi remuneración era administrada dentro de un contexto doméstico, fuera de toda presión y si acaso con compromisos personales o familiares.

Mi primer confrontamiento con la problemática real de la pobreza, fue cuando me involucraba en los asuntos financieros con las monjitas del colegio donde yo trabajaba, porque había que hacer milagros con las colegiaturas para poder sacar adelante las nóminas de los profesores del colegio… Ahí comprendí lo que significa la pobreza dentro de una organización educativa como la de nuestra amadas provincias maristas.

Más adelante en un momento de mi vida, y siendo ya un “inge” me tuve que enfrentar a los problemas financieros de las compañías a las que serví, y de nuevo, el problema fuerte es que si no existe un capital fuerte, es muy riesgoso mantener una nómina decente y que dicho capital sólo puede ser sostenido por un trabajo eficiente y suficiente, (pero, tener una serie de inversiones financieras, no nos permite vivir la pobreza del “dia a dia evangélico”, y esto es una gran paradoja muy difícil de resolver).

Más tarde quise abrazar la experiencia de dirigir una empresa, con lo cual los compromisos de pago de nóminas e impuestos, y el financiamiento de los trabajos, te hacen ver la realidad de la Pobreza… en muchas ocasiones vives de los créditos que te consumen, y no puedes echar marcha atrás porque te ahogas en tu propia estructura organizacional…

Es entonces el verdadero significado de la Pobreza: cuando necesitas o dependes del día a día, de la mano de Dios para poder salir adelante. Yo en varias ocasiones tuve que recibir apoyo financiero directamente del convento de mi mamá y hasta del mismísimo hno. Torre López. Gracias a Dios todo quedó saldado y resuelto en lo material, pero es aquí donde quiero hacer hincapié que la verdadera dimensión de la Pobreza es algo mucho más allá de lo que representa un estado financiero, se trata de una ACTITUD en la cual reconocemos la grandeza del Señor que nos protege y nos cuida y nos da lo que necesitamos a cada momento… La pobreza es vivir con el pan nuestro de cada día, con la esperanza de poder realizar un trabajo que te permita responder a las obligaciones para con la gente que trabaja para ti o depende económicamente de ti.

Bendito voto de pobreza que te permite vivir en la seguridad de que es el Señor el que vela y se preocupa por ti y por los tuyos. “Si el Señor no construye la casa…”. Cuántas veces recibí un pago la víspera de un embargo, o el anticipo de un nuevo trabajo cuando urgía pagar servicios vencidos. Cuando escuchamos las historias de Marcelino y sus primeras escuelas, la construcción de el Hermitage, etc., es cuando empiezas a entender el verdadero sentido de la pobreza. Y aquí es donde puedo dar testimonio de una infinidad de veces en que el Señor nunca nos deja de su mano.

Quiero comentarles que con respecto a la CASTIDAD, no existe mayor exigencia que la responsabilidad que un hombre  tiene frente a su propio cónyuge… En la vida religiosa, la promesa implica una serie de limitaciones y vetos, especialmente en la relación con otras personas ( más o menos ajenas), y por motivos totalmente individuales, y de frente al Amor de Dios, y con inmensas ayudas espirituales y psicológicas  pero en la unión de pareja además de la misma promesa, declarada ante Dios y la Iglesia, nos encontramos en una situación de total vulnerabilidad no solo por el compromiso ante una mujer, sino porque  el correr de la vida te ha hecho comprender que en esa persona ya no existe la correspondencia del amor, que el tedio y el aburrimiento te llevan a situaciones totalmente insoportables, convives con una persona que está totalmente alejada de ti, ligada por lo material, que no tiene la menor idea de tus metas y motivaciones, distinta en forma de pensar, de sentir y de actuar.

A esto se debe la gran crisis de los matrimonios en la actualidad, no es tanto el libertinaje ni la falta de preparación o de espiritualidad, a veces es el exceso de ideas y de proyectos, la forma tan diferente de ver la vida, la religión y la fe y las diferencias personales que deben ser respetadas, las que provocan esas tristes separaciones, por supuesto, a costa en primer lugar de los hijos.

La castidad de un hombre casado si no nace del amor y te lleva al amor, es la peor cadena que pudiera soportar el peor de los condenados… No se trata de una acartonada fidelidad a un estereotipo, sino de una serie de vivencias que resultan frustrantes y absurdas y que cada día te desgastan y van corrompiendo toda esperanza. El encuentro con un segundo frente, en vez de ser una evasiva, se convierte en un segundo infierno, porque nace del egoísmo y una necesidad sicológica que complica más la situación y te vuelve más desgraciado. Bendito el voto de Castidad, que en su forma más perfecta, nos enseña a orientar todo nuestro entusiasmo y vitalidad bajo la meta del amor y el servicio.

Y finalmente, muy asociado al voto de la castidad está la OBEDIENCIA, que como ustedes lo han vivido, es el más complejo de los tres, no solo porque es estoico el vivir cumpliendo con las órdenes o las recomendaciones de un tercero, sino porque, pone en juego el espejismo de que se vulneran nuestras dos principales fortalezas, en las cuales, paradójicamente están soportadas todas nuestras demás “virtudes” y que son la razón y la voluntad.

Por la obediencia, se vulnera en primer lugar nuestra propia visión y razonamiento, creemos que esto o aquello es lo mejor, y por ello trabajamos y viene otra persona a imponernos lo contrario o simplemente algo diferente.

Además se vulnera nuestra voluntad, porque en nuestra vida nos motivamos de acuerdo a esa fuerza implacable que es nuestra propia voluntad… “he decidido hacer esto o aquello y voy a lograrlo, para lo cual pongo todo mi empeño en alcanzarlo…” pero viene alguien que en aras de la obediencia, la funcionalidad o la experiencia, nos impone un objetivo distinto y a veces contrario a lo que nuestra voluntad nos dictaba.

En primer lugar, debemos entender que la obediencia no es sólo ante la autoridad de una persona, sino finalmente ante lo que Dios nos pide en un momento específico y determinado.

A veces es muy clara la expresión de esa voluntad divina, cuando se descompone el auto o un temblor de tierra tira el puente por donde íbamos a pasar, pero muchas ocasiones, esa obediencia a la divina voluntad se manifiesta a través de la visión o el “criterio” de un superior,  o incluso de un inferior, y esto rompe  con todo lo previsto… Mi mamá, muchos años antes de intentar ingresar al juniorado, me decía que a veces Dios habla por los más torpes o los más ineptos, pero, debes aprender a obedecerlo a El, no sólo a la persona que te ordena, sino a Dios, a través de esa persona… El agente de tránsito, el profesor, el “viene viene”, el capitán del equipo de futbol, el entrenador, muchas veces te da una instrucción y tú tienes que aprender a respetarla… las leyes no fueron escritas para que las aprendamos, sino porque muchas veces van en contra de nuestros deseos o nuestra propia voluntad y hay que hacerlas nuestras… asi que cuando comprendí la grandeza del voto, resonaron en mi interior todos esos conceptos… ella decía, tal vez cuando seas grande tengas que obedecer a tu jefe, en la oficina, o a tu esposa en tu casa, o a un juez en un juicio o a un comandante en el ejército, pero debes aprender a obedecer… y si tu tienes que mandar, debes entender lo que tus subordinados piensan y sienten. Una obra de teatro que quizá recuerden que vimos juntos “asi en la tierra como en el cielo” referente a la expulsión de los jesuitas de territorio español, nos hace pensar en esta realidad, y ciertamente finalmente entendemos que Dios escribe derecho con renglones torcidos…

Yo he comprobado con mi propia historia y con un sinnúmero de casos, de los que desertamos de las filas de nuestra congregación, que ha sido precisamente, por obedecer órdenes que nunca debieron darse, o bien por no saber acatar órdenes adecuadamente, que el colapso ha sobrevenido, y en esa historia muchas otras instituciones (privadas, públicas y religiosas) han venido a recoger los frutos que nuestras amadas provincias sembraron con sangre sudor y muchas lágrimas, muchos hombres de valor y prestigio, que fuera del nido marista, siguieron adelante, entregando su vida y sus esfuerzos a los ideales de Marcelino, acrecentando el ámbito originario… Bendito sea Dios, porque el carisma de Marcelino se ha trasmitido a muy distintas instancias.

  pero el problema es el mismo, la consagración a Dios exige una obediencia responsable y muchas veces se contrapone a nuestra voluntad y la voluntad es lo único que nos mantiene en nuestro afán de mantener la fe o la perseverancia. Y esto ocurre no solo con los maristas, sino en el mismo seno de la Iglesia y de todas las congregaciones. Bendita sea la Obediencia que nos guía y nos sigue llevando por caminos a veces tan difíciles, pero que siempre nos da la alegría de haber hecho lo correcto.

La obediencia, fuera del contexto de consagración religiosa tiene una serie de extrañas incidencias, pero el deseo firme de acatar la voluntad de Dios, es la parte más importante, y el discernimiento combinado con oración y escucha, nos lleva siempre a puerto seguro.  El “hubiera” no existe, sólo la toma de decisiones, por parte de las personas adecuadas y en el momento adecuado. Y si hoy somos y tenemos lo que Dios nos ha permitido, tenemos una gran responsabilidad, en administrar los talentos recibidos, porque sabemos perfectamente que él cosecha donde no sembró y exige resultados donde dejó todo en nuestras manos.

Van a comentar ustedes que ya me metí en asuntos que no son de mi competencia, disculpen si ofendo o incomodo a alguien, pero lo único que he deseado en estos renglones es compartir un poco de mis experiencias, sentimientos y mi agradecimiento absoluto al Señor, que ha guiado nuestras vidas. Y este agradecimiento no solo es para cerrar los ojitos y decir “felicidades, bravo bravo” sino para compartir lo compartible de lo que todos, un día recibimos, y que hoy les ha valido a ustedes llegar a su jubileo… y a mí, llegar a esta etapa de mi vida, creo que todos tenemos derecho a festejar.

 

No me despido sin antes pedirles encarecidamente una oración diaria por su hermanito el Duende. Y como dice Quique, oramos juntos.        

 JORGE GS DDE    

  

   

 

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