mis dos frases

 Tengo dos frases (más bien oraciones(porque contienen sujeto, verbo y complemento) ) y que me resultan poco más que interesantes, me acompañan siempre y quiero compartir:

La primera es “ella lo ha hecho todo entre nosotros

La segunda es “mirad como se aman”

Ambas están tomadas de los escritos (o los pensamientos) del Padre Champagnat

La primera expresión se ha convertido en un lema que siempre utilizamos en forma triunfalista, y un poco superficial cuando queremos expresar que es grandioso el tema, el objetivo o la acción que estamos abordando, y quizá “adornarnos un poco”, en realidad, al profundizar en estas palabras deberíamos analizar que la palabra “TODO” significa “todo, todo, todo, absolutamente todo”…

Cuando pensamos o planeamos un proyecto, debemos iniciar desde los insumos, el financiamiento, la forma y la estrategia de llevar a cabo nuestro propósito, y aquí se desdobla nuestro objetivo en una serie de metas, que pueden ir entrelazándose poco a poco, a veces se contraponen y se convierten en auténticos conflictos, sea de forma o de contenido, por lo que debemos regresar a la planeación y establecer los medios y los fines que obtendremos, y de esa manera, para poder salir adelante.

Pues bien, desde que empezamos a desarrollar dicha planeación, y en los casos en los que ponemos a Jesús como el objetivo final, siempre encontramos a María colaborando en las estrategias para lograr nuestro propósito.

Hay cuestiones que aparentemente no tienen solución, pero que normalmente se resuelven mediante una variable que no habíamos considerado… en estos casos es cuando, pensamos que alguien más está colaborando con nuestro proyecto… es ahí donde aparece sin necesidad de mucha inteligencia, la presencia de nuestra buena madre… hay barreras, escollos, dificultades, situaciones imposibles, que con una buena actitud y un esfuerzo singular de nuestra parte, pueden superarse, pero siempre con el apoyo de la Señora del cielo… y creo que es en ese sentido con el que al final del día Marcelino, pronunciaba este comentario: “todo lo ha hecho entre nosotros”, porque ese factor irresoluble, porque esa dificultad insuperable, porque esa situación que parecía fatal, resulta que sí puede superarse… y siempre, aunque con más trabajo, y por supuesto con un componente adicional de agradecimiento y de reconocimiento a que no estamos solos ni lo resolvimos por nuestras propias capacidades.

Cuando niño y adolescente, al escuchar esta frase, “todo lo ha hecho entre nosotros” yo me imaginaba que era una simple manera de dar las gracias a la virgen, y que todas las cosas ocurrían, simplemente porque tenían que suceder o no, pero cuando fui creciendo y empezé a ver que hay una serie de factores que de repente nos tiran del caballo, con todo y nuestra buena intención y que los problemas graves se vuelven insuperables, es cuando entendí que hay cosas que se pueden hacer y cosas que no se pueden hacer…

Después del golpe, discriminamos, y vemos que aquello que no tiene solución, puede tener una alternativa, y además evaluamos el costo de la misma… cuando vemos que tenemos capacidad para solventar ese escollo, es cuando una gran sonrisa aparece en nuestro rostro, acompañada de un fuerte dolor en el bolsillo… pero aún así, encontramos situaciones peores, que no alcanzan a solucionarse con ningún dinero o con ninguna alternativa… y entonces sí estamos de frente a la realidad de abandonar nuestro propósito… es ahí cuando aparecen esos destellos de infinito…

El temperamento de Marcelino, su gran creatividad, su ansia por resolver los problemas, lo colocaban continuamente ante situaciones que se convertían en imposibles, y que ponían en riesgo la consecución de sus proyectos… ahí era donde la solución se integraba al panorama, de una manera real y ejecutable… seguramente exigía mucho mayor esfuerzo, pero finalmente convertía lo imposible en simplemente “complicado”. Y es precisamente lo que a todos nosotros nos ha ocurrido… Nadie puede cambiar o modificar los designios de Dios, ni las leyes de la naturaleza, ni el desarrollo de las enfermedades,  tampoco las leyes civiles o religiosas, y menos aún las enfermedades siquiatricas, pero sin embargo, siempre existen diversas formas de solucionar los problemas, y la Buena Madre, siempre está ahí para ayudarnos a descubrir la verdadera solución y el camino que podemos seguir, considerando que el objetivo final es el Amor.

No me refiero a problemas simples, o tan evidentes que carecen de lógica, en lo personal detesto historietas como las de “la rosa de Guadalupe” y aunque esos casos pudieran estar en esta dimensión, lo grave es que, en la vida real, continuamente existen situaciones graves que nos comprometen o nos aniquilan y que necesitamos una ayuda extra… normalmente no son hechos extraordinarios, sino situaciones que se deben estudiar, previa solicitud de apoyo por parte de Nuestra Señora… y así es como una serie de cambios imprevistos, y nuevas formas de resolver, surgen, como una bendición. De hecho, en ocasiones tenemos que abandonar nuestra propuesta, nuestro razonamiento o nuestros compromisos, pero la finalidad última es la que prevalece. Y así, solo así, entendemos y hacemos nuestra esta expresión de San Marcelino, “todo lo ha hecho entre nosotros”.

 

La otra frase la tomo directamente del Testamento Espiritual, en el que con las palabras más contundentes y dramáticas (quizá hoy las veamos “patéticas”), nos invita, a todos sus “petit freres” a que adoptemos una actitud semejante a la de los primeros cristianos, porque realmente Marcelino no hace más que parafrasear lo que aparece en los Hechos de los Apóstoles, en donde la gente del pueblo decía con mucho gusto y admiración por las actitudes de los primeros convertidos a este nuevo estilo de vida: “mirad como se aman”.

Y esta es la meta y el contexto de la riqueza que envuelven a sus palabras… la educación cristiana, el desarrollo de las primeras escuelas, la búsqueda de la superación personal en cada uno de los alumnos y sus familias y todos los otros beneficios que encontramos en el sistema “marista”, se basan en una actitud de amor integral hacia las personas que nos rodean, un amor sin límite ni fronteras, y que aterriza en una serie de consultas relacionados con la forma de preparar a los niños a una superación constante y progresiva, nadie puede dar lo que no tiene.

Y, el primer objetivo de esa relación personal con los que nos rodean, no son los niños que son alumnos (por una horas al dia), sino con los compañeros hermanitos profesores (con los que convivimos 7x24). Eso pone de manifiesto la veracidad de lo que se predica… los alumnos y los padres de familia son los primeros juzgadores de que lo que se dice, y se pone en práctica, por eso, la fraternidad de los hermanos profesores, es la única forma de demostrar que el amor a Dios es el que motiva a todo lo demás…  

Para muchas personas, los colegios son admirables maquinarias perfectas, donde la disciplina y la perfección rige el comportamiento de todos, pero, en realidad no es la perfección la que motiva a los formadores maristas sino el entusiasmo por llevar a cabo esa tarea en perfecta unidad y acuerdo… eso es lo que no comprenden los escépticos… la disciplina brota como un producto natural de el deseo de ver que todo marcha sobre ruedas, y sí, en muchos casos alcanza la perfección por el amor, esto solo se logra no con un férreo espíritu de orden y tenacidad, sino sobre todo con el acompañamiento fiel y discreto de los compañeros que comparten una identidad en metas y objetivos. Entre los militares, esta iniciativa surge del compromiso por lograr la perfección en cualquier tarea de servicio a la Patria, pero entre los religiosos, esa perfección surge de la imitación del Jesús amoroso que desde la Cruz, exige el máximo esfuerzo, para demostrar el amor infinito del Padre de los Cielos.

Por eso, en las casas de formación, la parte esencial no son los conocimientos académicos, ni los éxitos escolares, sino ese afán de servicio y de colaboración que se traducen en verdaderas amistades que trascienden en todos los sentidos hacia objetivos de aceptación y progreso integral.

Ante las crisis que nuestras generaciones hemos tenido que sobrellevar, ante los cambios tan espectaculares que han ocurrido dentro de la Iglesia, y dentro de todas las familias religiosas, el fervor de la amistad y la fraternidad surgen como una roca inamovible, o como un cimiento imposible de destruir, como un como un elemento indispensable, es cierto que al igual que no todas las relaciones entre personas son iguales, tampoco existe una norma o un estándar establecido para catalogar a los hermanos, pero esas palabras de Marcelino, en su Testamento final, han dejado grabado nuestro corazón y establecen una necesidad de expresión y de servicio que se manifiesta con muy diversas evidencias.

La liga que se se establece entre los hermanos, ahora se ve deformada por el hecho de pertenecer o no a la congregación, pero no sufre ninguna afectación. Podemos relacionarnos perfectamente entre los que un día vestimos los hábitos con los que por la voluntad de Dios, siguen perseverantes; también podemos ampliar esta actitud con todos los miembros de nuestras familias y ambientes de trabajo, por eso, los hijos, esposas, familiares, amigos y amistades, reciben ese mismo compromiso de cariño, devoción y respeto… de todos los maristas, podemos dejar atrás una estructura vertical de obediencia o disciplina impuesta, podemos dejar atrás las conveniencias, las preferencias y las afinidades, porque el objetivo final es el mismo: “mirad cómo se aman”.

Existe una liga entre nosotros mismos hoy, con una serie de experiencias extra muros (específicamente con todas nuestras historias fuera del instituto), porque formamos una enorme comunidad con todas las personas que se han abierto a la experiencia de seguir a Marcelino: profesores, alumnos, trabajadores, familiares y amigos, que de alguna manera reconocen el carisma que involucra la fraternidad como signo de excelencia y factor de unidad que nos mantiene vivos y atentos. La recomendación de Marcelino, esta perfectamente actual y sigue siendo operante, y gracias a ella seguimos formando esta gran familia, y con un compromiso de fidelidad que crece día a día .

Jgs el duende  

  

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