LAS SIETE ALEGRÍAS DE LA SANTISIMA VIRGEN
LAS DIEZ ALEGRÍAS DE LA SANTISIMA VIRGEN
A cada uno de los siete “dolores de María”, se
contraponen las siete grandes “alegrías” o motivos de gozo y alabanza a
Dios que vivió María… A esto le agregamos otros tres grandes acontecimientos
que llenaron su corazón de Alegría
Nuestra Madre es ante todo madre de la
ESPERANZA, y el dolor humano es por lo general el signo de que no existe la
esperanza.
Es significativo que en la tradición de nuestra
veneración popular, le demos un valor más alto al sufrimiento y al dolor que a
la misericordia, a la alegría y el gozo, que constituyen el verdadero estado de
Gracia. Proyectamos en la veneración a nuestra Madre Santísima, nuestras
propias frustraciones, dudas y temores y pintamos a la dolorosa como una mujer
vulgar, sin esperanza y sin fe, llena de traumas, sometida al sentimiento
humano y desligada totalmente de una confianza en la bondad de Dios.
Las palabras del Ángel a María en la
anunciación “SALVE” no son un saludo militar romano (que nosotros hemos convertido
en la expresión “Dios te salve”), que se empleaba para saludar al César o a los
altos mandos políticos, sino un saludo familiar, típico de los judíos y griegos
de su época, con la expresión “JAIRÉ”, que significa “ALEGRATE”… Así que Lucas establece con precisión en
estas palabras, un programa de vida en torno a la alegría: Alégrate tú,
la “”LLENA DE GRACIA” , porque EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”… y en ese momento, en la
persona de María se refleja toda la esperanza de quinientos años del pueblo de
Israel, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO, expresa el anuncio de la redención y de la
salvación para todos y todas, “BENDITA Y ALABADA entre todas las mujeres. Y
BENDITO EL FRUTO DE TUS ENTRAÑAS…
María asumió junto con su maternidad, la
alegría de la salvación para todo el pueblo, aquí no hay dolores, angustias o
desesperanza, para ella, todo es presencia de Dios y cumplimiento de una
promesa por todos anhelada. Y así fue toda su vida y toda su estancia como
mujer con una única misión que era entregar la alegría de Cristo a toda la
humanidad.
No podemos afirmar que María nunca pasó por
situaciones que le produjeran malestar, o que le habrían causado un sentimiento
de dolor terrible e insoportable y desesperación a cualquier otra mujer, pero
el caso de María es diferente, su vivencia del amor de Dios y su esperanza la
hacen reaccionar inmediatamente bajo una lógica de la fe; pensar y actuar de
otra manera, y aunque nadie tiene evidencias sobre los sentimientos íntimos de
la madre de Jesús, sí tenemos una visión integral del sentido profético que
animó toda su vida, María es representativa del Pueblo de Israel, es receptora
de la promesa y fiel conocedora de la
tradición Judía.
Ella mejor que nadie tuvo conciencia del poder
de Dios y de su actuación, conoció además el pensamiento de Cristo mejor que
nadie, y la promesa de vida eterna, que precisamente es lo que le da sentido a
cada una de sus experiencias a la luz de la esperanza. Asi que analicemos:
La profecía de Simeón (alegría 1)
El viejo Simeón era el hombre que esperaba con
ansia la llegada de el Mesías, y tenía la promesa por parte del Espíritu Santo
de que no moriría sin haber visto al Salvador… por eso al tener en sus brazos
al pequeño niño, dijo: “ahora Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en
paz, pues mis ojos han visto tu salvación, Luz para iluminar a todas las
naciones y gloria de tu pueblo” y después felicitó a su madre y le dijo:” mira, este niño ha de
ser causa de la caída de muchos como de la resurrección de otros entre la gente
de Israel… será puesto como Señal que muchos rechazarán, y a ti misma, una
espada te atravesará el alma… porque precisamente gracias a él muchos hombres
mostrarán lo que verdaderamente llevan en sus corazones”.
Las palabras del viejo, están cargadas de
alegría, y realmente su mensaje no habla del dolor, sino de la misión de aquel
pequeño niño… Cristo será una señal, y muchos caerán, pero muchos volverán a
vivir, y gracias a él quedará de manifiesto lo que los hombres tienen en su
corazón… En ese contexto, es cuando Simeón menciona que esa función del
Salvador, será como una espada que atravesará el alma de María.
Cristo es una señal que muchos rechazarán, esto
es en sí mucho más que una profecía, es una visión completa de una realidad
dinámica que a partir de este momento se estará cumpliendo. No es agradable
saber que tu hijo va a ser rechazado, pero es parte del misterio de la vida,
así que las palabras del viejo Simeón no son solo un mal augurio que
intranquilizó a María, sino fue en realidad una revelación integral y completa
que le mostró a esa mujercita, cual era la verdadera misión de su niño.
La presentación de María es en sí un hecho
cargado de sentido profético, María va al templo para ser purificada según la
ley, y ofrece, como todos, un sacrificio por su purificación. En ese momento,
aparecen dos personajes que son el Viejo Simeón, y la vieja Anna. Simeón
personaliza la fe del pueblo de Dios, que reconoce en Jesus la misión del
Mesías que él esperaba con todas sus fuerzas, su esperanza y su vida, y habla
de la salvación. En esa salvación distingue con toda claridad que las
intenciones de los hombres no son iguales para todos, para unos Jesús es
libertad, y para otros es perdición, porque la función de aquel pequeñito es
ser un SIGNO… que dejará ver claramente la verdadera intención de todos los
hombres… para muchos será Camino Verdad y Vida, pero para otros será motivo de
contradicción, y perdición… es ahí donde una espada atravesará el corazón de
María.
Es indudable que a la inmensa alegría que le da
a María la salvación de su pueblo y la misión tan especial de su hijo, le
acompañará, como una sombra, la resistencia que muchas personas tendrán a la
Salvación y al mensaje de Jesús. Pero esa misma resistencia, es también motivo
de alegría, En la mentalidad de la narrativa judaica, siempre existe una dialéctica
en la presentación de las imágenes, y siempre a una declaración bella y
agradable, le sigue el señalamiento de una realidad incómoda y molesta. El ejemplo
de este estilo lo encontramos en el libro del génesis, (3,13-16) en donde
después de maldecir a la serpiente, Dios le dice a la mujer: “multiplicaré tus
sufrimientos en los embarazos, con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás
de un marido, y él te dominará”.
La huida a Egipto (la segunda alegría)
El relato de esta huida, lo encontramos
solamente en el evangelio de Mateo, si revisamos con detenimiento, Marcos
empieza su evangelio narrando la historia del Juan el precursor, y ligando esa
historia con la profecía de Isaías, Juan es la voz que clama en el desierto, “preparen
el camino del Señor,” y la primera acción de Jesús, es la elección de sus
apóstoles… Juan, en su evangelio después de una disertación sobre la Luz y el
origen de la Palabra, inicia el relato de las actividades de Jesús también en
la elección de sus apóstoles. Por lo que Mateo es el único que nos narra la
historia de la huida a Egipto… para empezar, debemos entender por qué Marcos,
hace alusión a este hecho, El relato de este evangelista, desde sus primeros
renglones tiene por objeto describir casi de una manera plástica, que todo lo
que le ocurrió a Jesús corresponde perfectamente (como en un rompecabezas) con todos
los elementos que en la mentalidad de los judíos practicantes, contemporáneos
de Jesús, estaba previsto para la llegada del Mesías.
En el pensamiento popular existen muchas
historias con respecto a diversos personajes que han mitificado las leyendas, y
en los tiempos de Cristo, flotaban en el ambiente muchas tradiciones, especialmente
interpretaciones de las profecías, que el pueblo tenía insertadas en su mente… y
Mateo se preocupó de dejar constancia que toda la vida de Jesús, corresponde
perfectamente a lo esperado en esa tradición, tan especifica y local…
Y no es porque no fuera importante este hecho,
sino que en los otros tres relatos, no parece tener el mismo peso: Lucas se
preocupa más por resaltar que todo lo que le ocurrió a Jesús tuvo que ver con
la acción del Espíritu Santo, Juan está preocupado por demostrar que Jesús
demostró ser el enviado del Padre, y Marcos, se preocupa más por elaborar una
enorme colección de anécdotas de la vida de Jesús en la que cambia totalmente
la mentalidad de todos los que le rodean, haciendo ver que la presencia de Dios
genera un cambio radical en el pensamiento y en la acción; pero regresando a Mateo,
él empieza describiendo toda la genealogía de Jesús, y a continuación nos da
con lujo de detalles como fue la concepción y el nacimiento de Jesús, en este
punto, como para la mentalidad judía, el padre es el centro de la familia, nos
presenta a José, “que era un hombre excelente”, y cómo un ángel habló con él en
sueños para explicar que el niño que había engendrado María era obra del
Espíritu Santo… todo el mensaje con respecto al destino de ese niño, el ángel
no lo explica a su madre, sino a José que es el varón heredero de la promesa y
el responsable del cumplimiento de la voluntad de Dios. Marcos de nuevo, sitúa
el nacimiento de Jesús precisamente en Belem, porque es ahí donde se cumplirían
todas las profecías. Mateo es el que nos relata la visita de los Magos de
Oriente que, de acuerdo a las profecías, vendrían a adorar a Dios precisamente
a la tierra de Judá. También Mateo es el que nos relata que, en sueños, un Ángel
le sugiere a José: “levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y
permanece ahí hasta que yo te avise, porque Herodes busca al niño para matarlo”
y no regresaron sino hasta que había muerto Herodes
Este hecho le da otros dos argumento al buen Mateo
para hacer coincidir una profecía que dice “yo llamé desde Egipto a mi hijo” y a partir de la matanza de los niños israelitas
otra, de Jeremías que dice “en Ramá se oyeron gritos grandes, sollozos y
lamentos, es Raquel, que no quiere consolarse por sus hijos muertos”… Cuando
muere Herodes, José regresa a su país, pero no a Judea, porque ahí reinaba Arquelao
de la familia de Herodes, por eso regresa a Galilea, precisamente al pueblito
de Nazareth, que también da cabida a muchas otros comentarios.
En primer lugar, es interesante que todos los
anuncios divinos, y toda la responsabilidad como hombre, recae directamente en
a la persona de José, él es el que recibe las malas noticias, y el que toma las
decisiones, él es el que toma a su mujer y a su hijo y marcha en la noche por
el desierto y busca hogar y trabajo y alimento en tierra ajena (como ocurrió en
la historia del pueblo)… María ciertamente comparte la responsabilidad, el
susto y la molestia, seguramente era consciente de que tal como lo había dicho
Simeón, había hombres que deseaban acabar con la vida de su Hijo.
Pero María encuentra un motivo más para
alegrarse por el cuidado y la protección que Dios le había manifestado a través
de su esposo, con todo lo ocurrido, si los Reyes no hubieran pasado por
Jerusalem y no hubieran despertado el coraje de Herodes, no hubiera pasado
nada, pero los Reyes llegaron precisamente a encontrarse con Herodes y después
con Jesús en Belem, y parten también, a través del desierto, huyeron sin pasar
por Jerusalem… Los Reyes, José y María debieron haber comentado ampliamente
cuales eran las intenciones de Herodes, compartieron su esperanza, y su fe en
las escrituras, y pudieron ampliamente preparar un viaje, el Ángel solamente
dio la señal de inicio a la escapatoria…
La pérdida de Jesús en el templo ( el encuentro de Cristo, la 3a alegría)
Jesus nunca estuvo perdido, y como todos
sabemos, en ese tiempo, hombres y mujeres viajaban por separado durante las
peregrinaciones, porque evidentemente eran recorridos largos que se hacían por
la noche para evitar el calor y por razones obvias, divididos por género, para
evitar problemas sentimentales… Jesús había llegado a la edad en que podía ir
con papá o con mamá, precisamente porque estaba festejando ya sus doce años…
entonces habiendo llegado a su destino en Jerusalem, María y José descubrieron
que el joven Jesús no estaba ni con uno ni con el otro… realmente eran pocos
los lugares a donde Jesús podría haber llegado, y empezaron a buscarlo con los
parientes y con los amigos que vivían en la gran Jerusalem, pero nunca pensaron
ni que se había perdido, ni mucho menos que lo hubiesen robado, aunque sí había
casos de estupro y rapto, cuando robaban a un menor era generalmente para
venderlo… pero eso ocurría en lugares pequeños y solitarios, por lo que don
José y su señora esposa decidieron ingresar al templo y llevar a cabo las
ofrendas por las que ellos habían hecho el viaje.
El templo tenía distintos patios, y una serie
de amplios pasillos, no podemos pensar en una estructura semejante a la
arquitectura de una “iglesia” como la que hoy todos conocemos para un templo,
en algunas de las zonas, cubiertas por mantas, se encontraban distintos grupos,
y mucha gente que esperaba su turno, en los alrededores se encontraban muchos
vendedores que iban a ofrecer a los fieles los animales que la gente quería
sacrificar o cambiar moneda para no utilizar moneda extranjera en el sacrificio
hebreo, y por otro lado, se encontraban las grandes salas donde sólo podían
pasar los sacerdotes para ofrecer los sacrificios y realizar los ritos y las
oraciones correspondientes para cada ocasión.
En los pasillos había también muchos
sacerdotes, que ofrecían todo tipo de servicios a los fieles que acudían,
recordemos que había gran cantidad de sacerdotes porque eran los que
pertenecían a una de las tribus de Israel… ellos además de servir realizando
las ofrendas y sacrificios, aprovechaban la presencia de los fieles para sacar
los libros sagrados y predicar, haciendo la lectura y dando las explicaciones
pertinentes… los visitantes que esperaban turno, en ocasiones se acomodaban a
escuchar a los más sabios sacerdotes, y en algunas ocasiones tanto los fieles
podían hacer las lecturas, o los comentarios a las lecturas…
Jesús había cumplido los doce años, y a los
doce años, los judíos hacen una ceremonia para manifestar que han alcanzado la
mayoría de edad, es decir, que tenían la suficiente madurez para ser
responsables de sus propias faltas, es decir: las faltas que los jóvenes
cometieran, ya no serían cargadas a las culpa de sus padres, sino a su propia
responsabilidad. Jesús era responsable de sus actos, y esta es la parte central
de este relato.
Bajo esa misma perspectiva de su mayoría de
edad, los fieles podían participar en las reuniones religiosas, haciendo las
lecturas de las escrituras ante la asamblea o haciendo comentarios, dirigidos
por los sacerdotes y escribas…
Cuál no sería la sorpresa de los padres de
Jesús viendo que él estaba haciendo los comentarios sobre la lectura que
acababa de leer, y que había varios sacerdotes de los más respetables, que
estaban escuchando lo que él decía, con gusto y con respeto…
Cuando lo localizaron, se quedaron ahí,
esperando a que terminara aquella ceremonia, y posteriormente lo abordaron… “¿por
qué nos haces esto?” Alegó María, “¿qué no ves que José y yo estamos preocupados
por ti?”... y Jesús, con todo respeto contestó: “bueno si hablamos de las cosas
y las personas por las que nos preocupamos, ¿qué no saben ustedes que Yo
ya debo preocuparme de las cosas
de nuestro Padre de los Cielos?
Yo pienso que esta respuesta a pesar de que
cimbró la conciencia de aquella maravillosa pareja, en vez de generar un
sentimiento de dolor, les dio a ellos la mayor recompensa y alegría que
pudieron haber esperado… aquellos doce años de cuidados, y enseñanzas empezaban
a brindar resultados… ellos habían preparado al joven Jesús precisamente para
que pudiera tomar en sus manos los libros sagrados, y que los pudiera leer e
interpretar, y en ese momento lo vieron desarrollar todo lo que ellos esperaban
de su hijo.
Es evidente que durante la confusión y el momento
en que Jesús estuvo alejado de ellos, un fuerte sentimiento de incertidumbre
los inquietó, pero debido a la formación que le habían dado a su hijo, ellos
estaban absolutamente seguros de que él estaría haciendo lo correcto, y que en
unos minutos más aparecería por algún lugar. Pero de eso a causar un “gran
dolor por la perdida de un hijo” existe una diferencia diametral.
María y José se unieron en oración para dar
gracias, porque su misión estaba dando frutos, y frutos de salvación, de crecimiento,
de sabiduría y sobre todo la certeza de ver cómo Jesús se desarrollaba en edad,
sabiduría y presencia de Dios, a los ojos de las personas que los rodeaban, de
ellos mismos, y sobre todo de ese Dios que en él les había hecho la promesa de
liberación para su pueblo.
En encuentro con Jesús cargando la cruz hacia el calvario (la alegría en el seguimiento 4a)
Aunque no está documentado, con toda certeza,
María en muchas ocasiones seguía a Jesús en su predicación… y lo mismo ocurrió
cuando Jesús y sus amigos seguidores, tomaron la decisión de ir a Jerusalem
para celebrar esa fiesta de la Pascua… De hecho varios de los apóstoles, habían
asegurado que era altamente peligroso, en las condiciones de lo que ocurría en
esos días, precisamente por la presencia de Pilatos, y las rebeliones que
habían encabezado personajes como Barrabás y algunos otros, y el ambiente era muy
tenso…
La noche en que Jesús festejó la gran cena con
sus amigos y fue a orar al huerto, esa noche en la que Judas y un grupito de
soldados atraparon a Jesús, se difundió como pólvora encendida, la noticia de
Jesús fue detenido y estaba siendo juzgado, tanto por los doctores de la ley y
todo el Sanedrín, como por Herodes y por las autoridades romanas.
Y al día siguiente, en que quedó libre
Barrabás, la noticia de que Jesús sería colgado en una cruz, se regó a todos
los habitantes y visitantes de la ciudad. Por lo que entendemos que María,
acompañada de algunos de los discípulos, decidieron ir a tratar de verlo, al
menos a lo lejos.
Después de publicada la anuencia del
representante del emperador romano para que el pueblo hiciera lo que juzgara
conveniente con aquel hombre en el que él no encontraba ninguna falta, y
después de que al Maestro se le había puesto una túnica de loco, se le había
coronado con espinas y se le había flagelado después de someterlo toda la
madrugada a una golpiza con macanas y a puño cerrado en el rostro y en brazos y
piernas, la ruta hacia el monte de la calavera, donde se hacían normalmente las
ejecuciones de los criminales peligrosos, era conocida por todos.
La chusma se precipitó a las calles,
esperando una reacción, una respuesta, un grito de rebeldía a los enredos entre
Herodes y los jefes religiosos, o de apoyo a ese hombre que hablaba solo del
amor y del perdón, pero… no ocurrió nada, la gente lo veía pasar y no se
atrevía a abrir la boca, mucha gente lloraba, y quizá pensaba que esa era un
hombre justo o un profeta más, que en ese momento era víctima de las calumnias
y las atrocidades del gobierno controlado por Roma.
María también lo vio pasar, pero
para ella, este no era un momento catastrófico, ni el final de un proyecto, sino
solamente algo que debía de pasar para hacer ver la grandeza del Señor, su
Dios. Ella veía a su hijo cargando una cruz, sangrante y escarnecido, pero
nunca perdió de vista que eso era parte de todo lo que él mismo había predicado, de
lo que había de pasar, para que se cumpliera la promesa de Liberación.
María nunca se precipitó a creer que eso era el
final, porque ella estaba llena de esperanza, y sabía que la promesa hecha por
Dios, seguía perfectamente en pie… y ahora en vista de esas circunstancias, con
mayor certeza y convicción. Nadie puede siquiera pensar que María se alegró al
ver a Jesús cargando una cruz, pero sí podemos estar seguros que ella al mismo
tiempo veía muy cercana la Liberación de Israel.
La crucificción ( el 5o gozo)
Muchos de nosotros consideramos en algún tiempo de nuestra vida, que el momento más importante de la historia de Jesús fue el día de su muerte… y en cierto sentido, este momento puede considerarse el más significativo, porque la entrega de la propia vida, es siempre un hecho que abarca a toda la existencia en sí misma,
Sin embargo, no es la muerte un acto que pueda
tener un contenido en sí mismo, sino necesariamente debe estar ligada a un
objetivo que va más allá y a la satisfacción de una necesidad que nos libera de
una situación de dolor o enfermedad.
Por ejemplo, en una batalla, el hecho de morir,
tiene un doble significado, para el que muere significa el final de su propia
lucha y de su tiempo, pero para los que lo rodean, esa muerte puede significar
una victoria o un acto de heroísmo que enciende la pasión que perpetúa la causa
y fortifica a los que siguen de pie…
En el caso concreto de la muerte de Jesús, y en
el contexto en que ocurrió, ese momento tuvo un significado de fe, cargado ante
todo de Esperanza, Cristo fue congruente con todo lo que predicó, con la proclamación
de la verdad y del amor y del hecho de sentirse verdaderamente amado por Dios y
plenamente confiado en la promesa hecha por un padre amoroso. Hasta en el
último momento exclamaba “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
La visión de María es mucho más amplia, porque
ella, gracias a su vivencia personal de
la Promesa, es la primera mujer en entender que todo ese capítulo tan complejo
y ciertamente doloroso, es parte de un proceso en el que en ese hombre (que
ella misma había dado a luz), se estaba convirtiendo un auténtico signo de
salvación, en el que se estaban cumpliendo una a una todas las profecías, todas
las promesas de libertad y de amor, que Dios había hecho a su pueblo, en ese hombre,
que ahora había cargado una cruz, que había sido juzgado, azotado, coronado de
espinas y escarnecido, seguía en pie, demostrando perdón, amor y compromiso
total con su pueblo y con su fe.
Ni Cristo ni María eran unos trastornados
masoquistas que buscaran el dolor por el dolor, pero lo asumían con entereza y
plenitud, y con una esperanza total, en el perdón y en el amor. Jesús, al ser
clavado en el madero, no dejaba de gritar “perdónalos, Padre, porque no saben
lo que hacen…”, y hasta tiene la claridad para expresarle a su compañero de
suplicio: “tú estarás hoy mismo conmigo en el paraíso”. Por lo tanto, Jesús y
María tenían plena conciencia de Esperanza, de certeza en la salvación del
pueblo y en la salvación personal para cada uno de los que estaban a su lado.
Ellos no le atribuyen al dolor una capacidad renovadora
o redentora, por el contrario, lo reciben como un mal que necesariamente se
presenta ante la realidad de nuestra existencia teñida por el pecado, el
desorden y por el alejamiento a la voluntad de Dios…
El dolor y el sufrimiento no son elementos
purificadores ni mucho menos restauradores de la libertad o de la santidad, por
el contrario, son fruto del egoísmo de la envidia y del resentimiento, son parte
de la situación de desequilibrio y de falta de equidad y de justicia; el dolor
y el sufrimiento son el vómito y el excremento que expulsa un animal enfermo,
para restablecer su equilibrio natural, son fruto de la ignorancia, de la flojera
y de la irresponsabilidad para asumir su dignidad como hombres y ciudadanos de
un gran pueblo.
Ellos, Jesús y María, avanzan hacia este
inmenso dolor y hacia esta muerte ignominiosa, con la seguridad de que sólo Dios
los salvará de ese dolor, de ese sufrimiento y de esa humillación, Jesús y María, saben, como seres humanos que a
cada momento, el dolor va a aumentar y el sufrimiento será peor, pero no lo
maldicen, lo afrontan con heroísmo y valentía, y lo combaten perdonando a los que
lo provocan, no solo son los verdugos los que crean ese dolor al atravesar los
brazos y pies de Jesús con clavos, ni al izar la cruz sin ninguna delicadeza, perdonan
también toda esa horda de criminales que habían llevado las cosas hasta este
extremo, tanto los políticos que defendían la superioridad de un pueblo
extranjero y la imposición de una cultura romana, ignorante por completo de la
Ley de Dios, como los mismos rabinos, doctores de la ley, escribas y fariseos
que atrapados en sus propias interpretaciones, temían que el mensaje de amor y
perdón que tanto había predicado el Nazareno, pudieran llegar a quitarles las
prerrogativas de su posición defensora de una religión putrefacta y ambivalente.
Son verdugos también todos esos hombres manipulados por las mentiras de sus
líderes, que asumen la postura de ser ciudadanos leales a los gobernantes en
turno, que dominan en país a fuerza de lanzas y espadas, los que se han dejado
convertir en esclavos y cegados por falsas promesas, se prostituyen por unas
cuantas monedas, y que han olvidado las promesas de salvación para un pueblo
consagrado a Dios
Jesús con entereza, hace énfasis en su partida,
y es consciente de que a partir de ese momento ya no podrá físicamente estar al
lado de su madre, y por eso proclama la herencia más dichosa que le hace a todo
el género humano, a través de su amado seguidor Juan: “madre, ahí tienes a tu
hijo, amigo, ahí tienes a tu madre…” el amor de un hijo que está alcanzando su
meta, se materializa en unas palabras que no son de despedida sino de congruencia
y plenitud, de continuidad y de presencia, de encuentro y alegría,
María vive estos momentos de dolor con
esperanza, y de sufrimiento, con plena conciencia de que el Dios de la vida,
les mostrará a todos, el camino, y en el fondo de toda esta tormenta, se agiganta
el amor inmenso a ese Jesús que ella llevó en su vientre, y a esa promesa de
Libertad que había hecho el ángel y de la que ella se enamoró en su juventud,
por la que ella había esperado toda la vida.
En su corazón atrapado por el sentimiento de
dolor, se levanta una fuerza superior, que la llena de paz y de confianza… en
el fondo de su corazón, ella vislumbra el cumplimiento de todas las promesas y
el principio de la Liberación que unirá de nuevo todas las fuerzas de Israel… María
ve en ese Jesús crucificado, no solo a lo que resta de su hijo masacrado, sino
al verdadero signo de la salvación que le vaticinó, un día el viejo Simeón,
ella ve en ese espectáculo macabro de tres ajusticiados agonizantes, custodiados
por un puñado de soldados romanos, a un pueblo capaz de resurgir a la Vida y
eso a pesar del infierno que la rodea, la llena de alegría.
La lanzada y la recepción del cadáver (6o episodio)
En medio de toda esa conmoción, evidentemente,
mientras transcurren los minutos en una especie de letargo donde el cerebro nos
hace pensar que todo está terminado, escucha una voz de que dice “todo está consumado”
y escucha el grito del mismo Jesús, en su última expresión verbal, María espera con sobresalto lo que va a
ocurrir ahora… la consumación de la alianza queda sellada por la entrega de
Jesús, pero, la liberación ¿cuándo? ¿cómo?
El cielo ha sido cubierto por una nube negra y
pesada, el viento sopla, como cuando se acerca una tormenta, y caen los
primeros goterones presagiando una terrible tempestad, a pesar de ser casi las
tres de la tarde y estar en tiempo de primaveras,
Entonces los soldados se alistan para abandonar
el sitio… un guardia había ido a buscar al señor Pilatos, para decirle que los
mismos soldados, habían colocado en la parte superior de la cruz un letrero,
que decía “Jesus Nazareno, Rey de Judíos”…(INRI) y que se podía leer en arameo,
griego y latín… Pilato respondió: “lo
escrito, escrito está…”
Otras personas, de cierta categoría social,
personas del sanedrín, también se acercaron para pedir autorización de bajar el
cuerpo y llevarlo a otro lugar una vez que todo hubiese terminado, (los miembros del sanedrín, pensaron que los apóstoles podrían robarse el cuerpo y después inventar alguna historia, pero José de Arimatea, fue más hábil, y logró adelantarse) Como la
sentencia normalmente era de dejarlos colgados "hasta que murieran", se dio la
instrucción para que los pudieran bajar después de que la muerte estuviera
verificada… Muchos crucificados, eran dejados en la cruz, y devorados por
bestias y aves de rapiña, aún estando vivos, sujetos a la cruz… por lo que para
ahorrarse la monserga de bajar a los ajusticiados, los soldados solamente les destrozaban
las rodillas, con lo cual, todo el peso del crucificado quedaba sobre los brazos,
y el dolor era tan intenso que por lo general, de esta manera morían de auto asfixia
ya que el dolor en brazos, espalda y pecho les impedía respirar, con lo que se
aceleraba la muerte.
En el caso de Jesús, el soldado encargado, vio que el
Maestro había expirado, así que no se tomó la molestia de quebrarle las
rodillas, sino que simplemente le dio un lanzazo en el pecho, como si se tratara de atravesarle el corazón, y dice el evangelista que “de su seno, brotó
sangre y agua”
María y aquel discípulo que vivieron esta parte
del espectáculo, entendieron que Jesús había llegado al final de su misión, y él
lo expresa poéticamente en su relato, al afirmar que “de su seno de Jesús,
brotó sangre y agua”, sangre que significa el aliento de Vida de cualquier ser,
y Agua, que tiene el máximo significado de la esperanza, porque gracias al
agua, se germina y nace nuevas plantas, por el agua se da vida al ser humano,
con el agua se limpia todo e incluso se renueva la faz de la tierra, y lo
contrario es el desierto donde no hay nada y todo muere quemado por el sol.
En esos momentos llegó aquel hombre que había
ido a pedirle a Pilato los restos del cuerpo de Jesús, acompañado de una
pequeña comitiva de sirvientes, que se precipitaron para bajar el cuerpo, limpiarlo
muy superficialmente de tierra y sangre y llevarlo a un sepulcro nuevo.
María veía todo eso como en un segundo plano,
su mente estaba fija en la Promesa, no entendía cómo era posible que Dios fuera
a actuar con todo su poder y misericordia para liberar ahora al pueblo de
Israel… ella ciertamente experimentaba el dolor de ver a su hijo inerte, lleno
de moretones, heridas y huellas de golpes, pero su corazón latía con la
esperanza del cumplimiento de la promesa… ahora todo estaba consumado, ya había
ocurrido lo que parecía más difícil, tal vez ahora el pueblo se levantaría en
armas, o podría ocurrir una invasión, una plaga o un gran castigo, o algo, pero
no, en realidad ella sentía que al mismo tiempo flotaba en el ambiente un gran
vacío, pero también una gran paz, que desbordaba lo increíble para colocarla en
una verdadera actitud de aceptación y de perdón…
Era extraño, cómo en ese corazón valiente de
María, ahora que había visto a su hijo encomendar su espíritu al Padre de los
Cielos, se reafirmaba el poder de la salvación que ella esperaba para todo su
pueblo…
Se renovaba cada momento con mayor intensidad
la esperanza de una nueva forma de salvación. Cuando terminaron de bajarlo de
la cruz, tomó el cuerpo inerte de Jesús lo apretó fuertemente contra su pecho,
acomodó un poco su pelo ensangrentado y le dijo a los sirvientes que se dieran
prisa porque pronto empezaría la vigilia del sábado y deberían asegurar que ese
cuerpo quedara debidamente resguardado, parecería que María no veía un difunto,
sino solo a un cuerpo que había que resguardar, mientras en su corazón, algo la
hacía sentir una paz y una dicha inmensa, la promesa con respecto a su dolor,
se había consumado… ahora empezaba de nuevo la esperanza de algo que habría de
cambiar el rumbo de la historia.
La colocación de Jesus en el sepulcro (el gozo número 7)
Los judíos no enterraban haciendo un agujero en
el piso para después cubrirlo de tierra, sino que buscaban alguna horadación en
la roca (una cueva natural o artificial) para colocar ahí los restos del
difunto, sellando la entrada con una gran piedra y por lo general primero embalsamaban a sus difuntos. Una de las
grandes discusiones entre fariseos y saduceos era precisamente por la esperanza
de la resurrección, los judíos más conservadores, creían en la resurrección, y
por eso al igual que los egipcios y muchas otras culturas de aquel tiempo,
embalsamaban con una serie de aceites y perfumes para proteger la piel, y
cubrían a sus difuntos con ropas y lienzos resistentes al paso del tiempo, y
además, dejaban algunos alimentos bien protegidos, para que al despertar, los
muertos al resucitar, encontraran algo que comer…
Para el señor de Arimatea, dos o tres de los apóstoles, María y algunas
mujeres que formaban el grupo de seguidores de Jesús, siendo viernes, se
presentaba un gran problema, ya que desde la hora de la puesta del sol, los
judíos respetuosos de la ley, no podían realizar labores reservadas a los
sirvientes, ya que el sábado era un día que se debería respetar, y se respetaba
no haciendo actividades, desde la puesta del sol del día anterior, y menos
contaminándose por tocar a un difunto. Así que los que pretendían sepultar al
maestro, no tenían el tiempo suficiente para embalsamar, preparar el sitio y
sellar el sepulcro.
Por lo anterior, se dispusieron a llevar el
cuerpo de Jesús al sepulcro que se había destinado para ese fin, y simplemente colocarlo
ahí, para alcanzar a colocar la piedra con la que se cerraría provisionalmente,
para poder entrar a la vigilia del sábado.
María estaba ahí, pero su mente estaba muy
lejos, orando y pidiendo a Dios misericordia para todos los que habían llevado
las cosas hasta este extremoso punto. Normalmente los entierros constituían para
los judíos una gran ceremonia, dependiendo de la posición económica de la
familia del difunto: se contrataba a personas que estuvieran llorando con
escandalosos lamentos todo el tiempo, (las plañideras), a músicos que fueran
acompañando a la comitiva, y a personas reconocidas que pudieran decir unas
palabras sobre la vida del difunto mientras se cerraba el sepulcro… se
contrataba además niños que fueran esparciendo flores todo el tiempo y se
organizaba normalmente una gran procesión con todos los conocidos y familiares.
Al difunto se le ataviaba con una hermosa vestimenta, y por supuesto, se le
ungía, embalsamaba y preparaba con vendajes y perfumes, para evitar la
descomposición rápida, especialmente entre los que creían en la resurrección.
En este
caso, para guardar el cuerpo de un ajusticiado, sólo los que estaban junto a la
cruz, se apresuraron a cargar el cuerpo, y lo llevaron hasta el lugar. Todo fue
muy rápido, sin ceremonias y en silencio. Y al terminar, todos corrieron a sus respectivos
hogares, para poder iniciar la vigilia del sábado.
María, a partir de ese día se fue a vivir con
el discípulo que amaba Jesús, y juntos esperaron la noche, tal vez orando, o
meditando en las mismas palabras que pronunció Jesús ese día, o la noche del
jueves. Para ella y para Juan, no había terminado todo, por el contrario, tenían
la sensación de que ahora sí, algo extraordinario tendría que suceder y empezaba
un nuevo amanecer para el pueblo, habiéndose cumplido todo lo que estaba
predicho acerca del Mesías.
El punto de partida del corazón de esa mujer no
era su amado hijo, sino, la Promesa que el mismo Dios le había hecho a ella y a
su pueblo… y habiendo identificado cada vez con mayores detalles que todas las
profecías se habían cumplido en su amado Jesús, esperaban que algo sobrenatural
diera una señal de que la liberación del pueblo había empezado. Pero la noche y
el cansancio los venció y un sueño lleno de paz los obligó a descansar, después
de esos días llenos de sobresaltos. El sábado transcurrió en el silencio. Y el
nuevo amanecer ocurrió hasta el domingo, muy temprano.
Dentro del contexto de una madre a la que le
entregan el cuerpo de su hijo inerte para llevarlo al sepulcro, en María, una enorme esperanza le daba vida a
su corazón. Ella, a diferencia de cualquier otra persona, estaba absolutamente
segura que todo esto era parte de un proceso de salvación y de liberación de su
pueblo. Un proceso incomprensible y ciertamente doloroso, pero la alegría de la
presencia de Dios, iluminaba su doloroso caminar,
María por supuesto no esperaba que Jesús
resucitara, sino que tenía fe en la Liberación del pueblo de Israel… su meta
estaba mucho más allá del dolor humano que produce la pérdida de un hijo.
Ella había consagrado a ese hombre a Dios, para
la salvación del pueblo de Israel, desde que lo tuvo en sus vientre y desde que
nació en Belem, ella sabía que ese hombre debería luchar y derramar hasta la
última gota de su sangre para sellar un nuevo pacto y una nueva alianza, no con
los romanos ni con ningún pueblo opresor, sino con el mismo Dios de la promesa
El Dios que había ofrecido a Abraham que sería
el padre de un gran pueblo, el que había hecho un pacto con Moisés y lo había
sacado de Egipto, el que había guiado a su pueblo por el desierto, el que lo
había llevado a la tierra que manaba leche y miel, el que había rescatado a
este pueblo de la esclavitud en Babilonia, y que ahora les había dado a través
de la persona de Jesús, una nueva esperanza, un muevo mensaje de paz y de amor.
Jesús había sido congruente, y el Espíritu y el
poder de Dios, se habían manifestado a través de él, de muchas maneras; y esa
muerte era la consecuencia lógica y natural de haberse enfrentado con la
Verdad, a las autoridades que mantenían la injusticia y la opresión. Solo
faltaba ese gran triunfo de la vida sobre la muerte, ese triunfo definitivo y
la llegada de ese Reino de Justicia y Paz.
María, desolada por los hechos, no pierde ni un
momento la lucidez de la esperanza y no solo soporta estoicamente el dolor,
sino que con un torrente de alegría interior, espera simplemente que el Poder
de Dios se manifieste. Ahora todo está consumado, todo está listo para una gran
renovación, para que el Espíritu se apodere de los corazones de todos los que
aman al verdadero Dios, y que empiece su auténtico reinado.
La situación de los cristianos de todos los
tiempos, es exactamente la misma que en esos momentos que María tuvo que
abandonar la tumba silenciosa de Jesús, el cristiano de hoy vive la angustia
del dolor, de la desolación, de la soledad, de la desgracia y de la injusticia
y sólo tiene la esperanza de una VIDA NUEVA, gobernada por el amor.
Dios no está ahí en medio de milagros,
prodigios ni eventos sobrenaturales, los tiempos de los milagros quedaron
atrás, hemos visto su Gloria, pero hoy en este momento solo vemos el poder del
mal y la realidad de la muerte, y nos enfrentamos solos a ese gran reto que nos
causa dolor y angustia, lo único que puede ayudarnos, como a María, es nuestra ESPERANZA,
la esperanza en un Dios, que siempre estará ahí para manifestarnos su amor,
aunque las cosas estén de cabeza…
María nunca bajó la guardia, siempre estuvo de
pie y con el rostro levantado, sin que una sola lágrima ensuciara su rostro
maternal, llena de amor y de esperanza, y es ella la que nos comparte esa
fuerza interior para luchar en medio de la calamidad, en el interior de ese
sepulcro oscuro, donde solo están los restos del hombre que predicó el amor y
la fe en un Padre que nos acepta tal como somos, nos perdona y nos recibe.
No son los méritos que alcanzamos gracias al
dolor, sino que el dolor nos destruye y nos coloca en situación de decidir si
confiamos o no en el Poder de Dios. María vivió con serenidad estos momentos
difíciles, pero en su corazón había un enorme motivo de esperanza, la esperanza
es precisamente esa certeza de que lo mejor está por venir, y en el sepulcro,
ella entendió que no dejaba atrás los restos de un gran hombre, sino que la
promesa de Dios estaba a punto de cumplirse,
La noticia de que no encontraron el cadáver de
Jesús ( el 8º
gozo)
Sin duda, ese sábado fue para todos un día
completamente diferente… para empezar, María y los apóstoles desarrollaban
todas sus actividades en función de las instrucciones del Maestro, pero Jesús
ya no estaba… además, el hecho de que él hubiera sido aprehendido, juzgado y
condenado, dejaba precedente para que a cualquiera de sus amigos y seguidores,
corrieran la misma suerte. La ley judía no permitía que en el sábado se
hicieran actividades productivas, la única obligación era asistir a la
sinagoga, y hasta el número de pasos estaba controlado, así que ese día que
siguió a la cruz, fue un día de espera, mientras se presentaba una gran
angustia en el corazón de todos, según la tradición posterior, en ese día,
Jesús descendió al lugar de los muertos… de esta manera entendemos que
compartió en todo, el destino de cualquier otro mortal.
El domingo, muy temprano, los que habían
acompañado a María a depositar el cadáver del maestro en su sepulcro, se
organizaron para ir a terminar la labor de limpiarlo, embalsamarlo y vendarlo,
para poder dejarlo debidamente sepultado. Existen cuatro relatos de lo ocurrido
en esa mañana:
MATEO 28, el primer día de la semana, fueron
Magdalena y María a visitar el sepulcro… se produjo un temblor, el ángel del
señor corrió la puerta del sepulcro, este ángel tenía rostro resplandeciente y
les dice “vayan a Galilea…” ellas salieron corriendo para dar la noticia, pero
se les interpone Jesús y les dice Shalom, no teman, vayan a anunciarlo a mis
hermanos y recordarles que se presenten en Galilea
MARCOS 16. Magdalena, María la madre de Simón y
Salomé compraron aromas se preguntaban quien removería la puerta, pero
encontraron que había sido removida, al entrar vieron a un joven a un lado, les
pregunto ¿ustedes buscan a Jesús?, pues no está aquí; vayan a decirle a Pedro
que se les adelanta camino a Galilea…
LUCAS 24, Ellos fueron muy temprano, pero la
puerta había sido removida, no sabían ni qué pensar, que pero vieron a su lado
a dos hombres con ropas fulgurantes quienes les preguntan ¿Por qué buscan entre
los muertos al que vive?… Fueron a contárselo a los once… eran Magdalena, Juana
y la mamá de Santiago… cuando Pedro lo supo, corrió al sepulcro, pero no vio
sino los lienzos…
JUAN 20, Magdalena fue a visitar el sepulcro,
vio que la piedra estaba removida, fue corriendo a buscar a Simón. Simón y otro
discípulo regresaron con ella a ver el sepulcro, llegó primero Juan, vieron las
sábanas, y no hallaron el cuerpo, entonces se regresaron. Magdalena estaba
llorando afuera, vio a dos ángeles adentro del sepulcro quienes le preguntaron,
¿por qué lloras?… porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto…
al decir esto vio a Jesús pero no lo reconoció. Jesús le dijo "por qué
lloras?" Ella creyendo que era el cuidador del huerto le dice, si lo has
sacado tú, dime donde lo has puesto… Jesús le dijo ¡María! ella se dio vuelta y
le dijo “rabboni” (mi maestro)… Jesús dijo suéltame, porque aún no regreso a mi
padre. Anda a decirle a mis hermanos que subo donde mi Padre. Magdalena regresó
con los apóstoles a anunciarles la noticia. Esa misma tarde, los discípulos
estaban encerrados, y existe una gran probabilidad de que la madre de Jesús
estuviera con ellos, y Jesús se hizo presente ahí y les dijo “Shalom”, después
de saludarlos así, les mostro las manos y el costado y se llenaron de gozo al
ver al Señor. La Alegría de la resurrección inundó el corazón de todos los que
habían tenido creído en la promesa de Dios, y evidentemente llenó la vida de
María.
El descubrir a su hijo resucitado, ella
descubre también que todas las promesas a su pueblo serían una realidad… la
muerte de Jesús había marcado una barrera por la que el proyecto de liberación
que Jesús había predicado, había quedado en entredicho, pero Jesús ahora estaba
vivo, y de esa manera la muerte ya no tenía dominio sobre él, por lo que la
esperanza renacía y se colmaba de plenitud.
El maestro había abandonada la tumba, y era
cierto que los que fueron a buscarlo muy de mañana, habían dicho la verdad, la
piedra que había sellado el sepulcro, había sido removida, y el señor había
abandonado las sábanas… por lo que, la esperanza renacía y no existe felicidad
más grande para María.
la cena con Tomás (el 9º gozo)
La tarde del domingo que siguió al sábado del
luto, uno de los apóstoles no estaba presente, pero ocho días después estaban
reunidos de nuevo y Tomás ahora sí estaba con ellos, entonces se presentó Jesus,
estando las puertas cerradas, y se puso de pie en medio de ellos y les dijo: “Shalom”,
después dijo a Tomás, “mira mis manos, extiende tu mano y toca mi costado, y no
seas incrédulo sino persona de fe…”
La fe, en realidad es aquello que nos permite
actuar en base a lo que nuestra mente asume como verdadero, y Tomás,
efectivamente había actuado de acuerdo a una fe limitada por una vivencia cruel
y difícil, él había visto morir a Jesús y había visto cómo lo enterraban… decía
que tenía fe porque creía en Jesús, el Maestro, el hombre maravilloso y el que
tal vez se levantaría para acabar de una vez por todas, contra la autoridades
corruptas y los invasores romanos, pero no podía entender que Jesús hubiese
resucitado, la realidad es que su mente no podía asumir esa verdad porque no lo
había visto, escuchado ni tocado, después de la muerte más dolorosa y espantosa.
Al presentarse el maestro, no solo no le ofrece la apariencia de un ser que
viene de ultratumba, sino que reta a ese hombre lastimado en su más profunda
ilusión, y lo invita a que toque sus llagas, y meta su mano en su costado…
Jesús lo exhorta, “no seas incrédulo” sino
“creyente”, y en esas palabras el Señor está enviando un mensaje lleno de amor
a su mamá: si hay alguien que vivió en la alegría de la esperanza, es
precisamente María, que nunca dejó de confiar, con toda su alma y todo su
corazón, ella no creía en una posible resurrección, sino en algo mucho más
grandioso, que llevaría directamente a la liberación de su pueblo.
El ver a su hijo resucitado, no solo le
conforta su ánimo, sino que la llena de alegría y le renueva la esperanza en la
posibilidad de esa Liberación que esperaba para todos. Cristo es el primero que
ha abandonado su sepulcro, pero no tiene el mismo tipo de existencia de todos
los demás mortales, la muerte ya no tiene dominio sobre él, por eso puede
presentarse aunque están las puertas cerradas, pero a la vez, él se hace
presente con todo su cuerpo, el cuerpo
que ella parió, y le pide a Tomás que meta sus dedos en las llagas, y que meta
la mano en su costado, no se trata de una ilusión, sino de una realidad de
vida.
La salvación del pueblo no era un asunto de toma
de poder, ni de liberación política, era todo un proceso de cambio de
mentalidad, de acuerdo al mensaje que
tantas veces había proclamado Jesús, pero, el asunto es que todas esas palabras
se esfumarían y se convertirían en polvo una vez que los enemigos de Jesús lo
habían asesinado públicamente y de manera ignominiosa… y de la misma manera que
el mensaje de Jesús había sido trasmitido lentamente, iniciaba una
transformación individual, directa, de persona a persona… por lo que es profundamente
importante las palabras que le dirige Jesús a su amigo Tomás: no seas
incrédulo, y al ver su alegría, le confirma, “sino creyente” y esa es la
alegría que esa tarde hizo estallar de gozo el corazón ardiente de María.
El día de Shavout, a los cincuenta días de la
Pascua ( el 10º gozo)
A partir de la presencia de Jesús resucitado,
María reorganizó su vida, los distintos grupos de seguidores de Jesús,
empezaron a reunirse, en especial los domingos, para PARTIR EL PAN y repetir lo
que él mismo ordenó en la noche de la gran cena “tomen y coman, porque este es
mi cuerpo”, “esta es mi sangre, sangre derramada para el perdón de los
pecados”.
Esos grupos de seguidores comenzaron a
organizarse y a formar una gran FAMILIA, aunque permanecían ocultos, y estaban
llenos de temores y dudas. En realidad les faltaba algo. Jesús, antes de su
muerte les había dicho que les enviaría a un GRAN ABOGADO (PARACLITO) que los
consolaría y les disiparía las dudas…
Todos ellos, y en especial María, conocían la
historia del pueblo de Israel y todo lo ocurrido con Moisés: cuando él regresó
del monte santo con las tablas de la ley, encontró que en el pueblo se habían
construido un becerro de oro, y lo adoraban en medio de todo tipo de idolatrías
y abusos, entonces Moisés destruyó las tablas y mandó ajusticiar a los que
habían creído que él nunca iba a regresar, pero Moisés pidió perdón y subió de
nuevo al monte santo para pedir una segunda
oportunidad, transcurrieron así siete semanas, y el Espíritu de Dios volvió a
entregar a Moisés las nuevas reglas de vida.
Los Judíos celebraban ese día de “las siete
semanas” cincuenta días después de la fiesta de los panes sin levadura… (el día
de Pascua). La noche en que se recibe el día de Shavout o de las siete semanas,
la gran familia judía y todavía en la actualidad, se lleva a cabo una gran
meditación con respeto a la importancia del pacto que significa la Ley de Dios,
expresada en los diez mandamientos
Cincuenta días después de la Resurrección (el
DIA DE PENTECOSTÉS, y habiendo meditado durante toda la noche en el Poder de
Dios), la mañana de domingo, estando todos encerrados por miedo a que también
los apresaran y los crucificaran como a Jesús… se escuchó un gran viento, las
puertas y ventanas del lugar donde estaban escondidos los apóstoles y amigos de
Jesús, se abrieron de par en par, A TODOS SE LES QUITÓ EL MIEDO, Y SALIERON A
PREDICAR…, sobre sus cabezas aparecieron una especie de llamaradas de fuego que
no quemaban, y comenzaron a hablar en distintos idiomas y a entender y a servir
a toda la gente y a compartirles el amor…
Y todos los que los oían hablar, entendían el
MENSAJE, aunque eran de distintos países… en ese momento, el ESPIRITU SANTO ES
EL QUE A TRAVÉS DE LOS SEGUIDORES DE JESÚS, HACE QUE EL MENSAJE DE AMOR LLEGUE DE
NUEVO A TODO EL MUNDO desde entonces y hasta nuestros días.
Siete veces siete días, después del gran día
que habían cruzado el mar, obteniendo su liberación, los judíos que sí habían
sido fieles, pasaron toda la noche en oración, y a la mañana siguiente Moisés
regresó una vez más y bajó del monte sagrado y con una NUEVA LEY, ESCRITA POR
DIOS...El grupo de aquellos seguidores de Jesús, escondidos y atrapados por el
miedo, como todos los demás judíos, pasaron la noche 49 en oración y al
despertar del primer día de la nueva semana (domingo) fue cuando descubrieron
que el ESPIRITU estaba presente AHI, para trasmitir de nuevo el AMOR DE DIOS, y
predicar el mensaje de Jesús.
La alegría de María se consolida con la presencia del Espíritu Santo, Tenemos que lograr que nuestros actos, reflejen día a día esa misma esperanza que animó a María en todo momento a pesar de estar pasando por tiempos de siete semanas de espera. Y que esa esperanza nos llene, como a ella, de una alegría que podamos compartir ante cualquier situación para todos los que nos rodean.
María nunca bajó la guardia, siempre estuvo de pie y con el rostro levantado, sin que una sola lágrima ensuciara su rostro maternal, llena de amor y de esperanza, y es ella la que nos comparte esa fuerza interior para luchar en medio de la calamidad, en el interior de ese sepulcro oscuro, donde solo están los restos del hombre que predicó el amor y la fe en un Padre que nos acepta tal como somos, nos perdona y nos recibe.
No son los méritos que alcanzamos gracias al dolor, el dolor mismo nos destruye y nos coloca en situación de decidir si confiamos o no en el Poder de Dios. Que nuestros actos, reflejen día a día esa misma esperanza que animó a María en todo momento. Y que esa esperanza nos llene, como a ella, de una alegría que podamos compartir ante cualquier situación para todos los que nos rodean.
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