LAS SIETE ALEGRÍAS DE LA SANTISIMA VIRGEN

LAS DIEZ ALEGRÍAS DE LA SANTISIMA VIRGEN

A cada uno de los siete “dolores de María”, se contraponen las siete grandes “alegrías” o motivos de gozo y alabanza a Dios que vivió María… A esto le agregamos otros tres grandes acontecimientos que llenaron su corazón de Alegría

Nuestra Madre es ante todo madre de la ESPERANZA, y el dolor humano es por lo general el signo de que no existe la esperanza.

Es significativo que en la tradición de nuestra veneración popular, le demos un valor más alto al sufrimiento y al dolor que a la misericordia, a la alegría y el gozo, que constituyen el verdadero estado de Gracia. Proyectamos en la veneración a nuestra Madre Santísima, nuestras propias frustraciones, dudas y temores y pintamos a la dolorosa como una mujer vulgar, sin esperanza y sin fe, llena de traumas, sometida al sentimiento humano y desligada totalmente de una confianza en la bondad de Dios.

Las palabras del Ángel a María en la anunciación “SALVE” no son un saludo militar romano (que nosotros hemos convertido en la expresión “Dios te salve”), que se empleaba para saludar al César o a los altos mandos políticos, sino un saludo familiar, típico de los judíos y griegos de su época, con la expresión “JAIRÉ”, que significa “ALEGRATE”…  Así que Lucas establece con precisión en estas palabras, un programa de vida en torno a la alegría: Alégrate tú, la “”LLENA DE GRACIA” , porque EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO”… y en ese momento, en la persona de María se refleja toda la esperanza de quinientos años del pueblo de Israel, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO, expresa el anuncio de la redención y de la salvación para todos y todas, “BENDITA Y ALABADA entre todas las mujeres. Y BENDITO EL FRUTO DE TUS ENTRAÑAS…

María asumió junto con su maternidad, la alegría de la salvación para todo el pueblo, aquí no hay dolores, angustias o desesperanza, para ella, todo es presencia de Dios y cumplimiento de una promesa por todos anhelada. Y así fue toda su vida y toda su estancia como mujer con una única misión que era entregar la alegría de Cristo a toda la humanidad.

No podemos afirmar que María nunca pasó por situaciones que le produjeran malestar, o que le habrían causado un sentimiento de dolor terrible e insoportable y desesperación a cualquier otra mujer, pero el caso de María es diferente, su vivencia del amor de Dios y su esperanza la hacen reaccionar inmediatamente bajo una lógica de la fe; pensar y actuar de otra manera, y aunque nadie tiene evidencias sobre los sentimientos íntimos de la madre de Jesús, sí tenemos una visión integral del sentido profético que animó toda su vida, María es representativa del Pueblo de Israel, es receptora de la promesa y  fiel conocedora de la tradición Judía.

Ella mejor que nadie tuvo conciencia del poder de Dios y de su actuación, conoció además el pensamiento de Cristo mejor que nadie, y la promesa de vida eterna, que precisamente es lo que le da sentido a cada una de sus experiencias a la luz de la esperanza. Asi que analicemos:

La profecía de Simeón (alegría 1)

El viejo Simeón era el hombre que esperaba con ansia la llegada de el Mesías, y tenía la promesa por parte del Espíritu Santo de que no moriría sin haber visto al Salvador… por eso al tener en sus brazos al pequeño niño, dijo: “ahora Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz, pues mis ojos han visto tu salvación, Luz para iluminar a todas las naciones y gloria de tu pueblo” y después felicitó  a su madre y le dijo:” mira, este niño ha de ser causa de la caída de muchos como de la resurrección de otros entre la gente de Israel… será puesto como Señal que muchos rechazarán, y a ti misma, una espada te atravesará el alma… porque precisamente gracias a él muchos hombres mostrarán lo que verdaderamente llevan en sus corazones”.

Las palabras del viejo, están cargadas de alegría, y realmente su mensaje no habla del dolor, sino de la misión de aquel pequeño niño… Cristo será una señal, y muchos caerán, pero muchos volverán a vivir, y gracias a él quedará de manifiesto lo que los hombres tienen en su corazón… En ese contexto, es cuando Simeón menciona que esa función del Salvador, será como una espada que atravesará el alma de María.

Cristo es una señal que muchos rechazarán, esto es en sí mucho más que una profecía, es una visión completa de una realidad dinámica que a partir de este momento se estará cumpliendo. No es agradable saber que tu hijo va a ser rechazado, pero es parte del misterio de la vida, así que las palabras del viejo Simeón no son solo un mal augurio que intranquilizó a María, sino fue en realidad una revelación integral y completa que le mostró a esa mujercita, cual era la verdadera misión de su niño.

La presentación de María es en sí un hecho cargado de sentido profético, María va al templo para ser purificada según la ley, y ofrece, como todos, un sacrificio por su purificación. En ese momento, aparecen dos personajes que son el Viejo Simeón, y la vieja Anna. Simeón personaliza la fe del pueblo de Dios, que reconoce en Jesus la misión del Mesías que él esperaba con todas sus fuerzas, su esperanza y su vida, y habla de la salvación. En esa salvación distingue con toda claridad que las intenciones de los hombres no son iguales para todos, para unos Jesús es libertad, y para otros es perdición, porque la función de aquel pequeñito es ser un SIGNO… que dejará ver claramente la verdadera intención de todos los hombres… para muchos será Camino Verdad y Vida, pero para otros será motivo de contradicción, y perdición… es ahí donde una espada atravesará el corazón de María.

Es indudable que a la inmensa alegría que le da a María la salvación de su pueblo y la misión tan especial de su hijo, le acompañará, como una sombra, la resistencia que muchas personas tendrán a la Salvación y al mensaje de Jesús. Pero esa misma resistencia, es también motivo de alegría, En la mentalidad de la narrativa judaica, siempre existe una dialéctica en la presentación de las imágenes, y siempre a una declaración bella y agradable, le sigue el señalamiento de una realidad incómoda y molesta. El ejemplo de este estilo lo encontramos en el libro del génesis, (3,13-16) en donde después de maldecir a la serpiente, Dios le dice a la mujer: “multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos, con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de un marido, y él te dominará”.   

 

La huida a Egipto (la segunda alegría)

El relato de esta huida, lo encontramos solamente en el evangelio de Mateo, si revisamos con detenimiento, Marcos empieza su evangelio narrando la historia del Juan el precursor, y ligando esa historia con la profecía de Isaías, Juan es la voz que clama en el desierto, “preparen el camino del Señor,” y la primera acción de Jesús, es la elección de sus apóstoles… Juan, en su evangelio después de una disertación sobre la Luz y el origen de la Palabra, inicia el relato de las actividades de Jesús también en la elección de sus apóstoles. Por lo que Mateo es el único que nos narra la historia de la huida a Egipto… para empezar, debemos entender por qué Marcos, hace alusión a este hecho, El relato de este evangelista, desde sus primeros renglones tiene por objeto describir casi de una manera plástica, que todo lo que le ocurrió a Jesús corresponde perfectamente (como en un rompecabezas) con todos los elementos que en la mentalidad de los judíos practicantes, contemporáneos de Jesús, estaba previsto para la llegada del Mesías.

En el pensamiento popular existen muchas historias con respecto a diversos personajes que han mitificado las leyendas, y en los tiempos de Cristo, flotaban en el ambiente muchas tradiciones, especialmente interpretaciones de las profecías, que el pueblo tenía insertadas en su mente… y Mateo se preocupó de dejar constancia que toda la vida de Jesús, corresponde perfectamente a lo esperado en esa tradición, tan especifica y local…

Y no es porque no fuera importante este hecho, sino que en los otros tres relatos, no parece tener el mismo peso: Lucas se preocupa más por resaltar que todo lo que le ocurrió a Jesús tuvo que ver con la acción del Espíritu Santo, Juan está preocupado por demostrar que Jesús demostró ser el enviado del Padre, y Marcos, se preocupa más por elaborar una enorme colección de anécdotas de la vida de Jesús en la que cambia totalmente la mentalidad de todos los que le rodean, haciendo ver que la presencia de Dios genera un cambio radical en el pensamiento y en la acción; pero regresando a Mateo, él empieza describiendo toda la genealogía de Jesús, y a continuación nos da con lujo de detalles como fue la concepción y el nacimiento de Jesús, en este punto, como para la mentalidad judía, el padre es el centro de la familia, nos presenta a José, “que era un hombre excelente”, y cómo un ángel habló con él en sueños para explicar que el niño que había engendrado María era obra del Espíritu Santo… todo el mensaje con respecto al destino de ese niño, el ángel no lo explica a su madre, sino a José que es el varón heredero de la promesa y el responsable del cumplimiento de la voluntad de Dios. Marcos de nuevo, sitúa el nacimiento de Jesús precisamente en Belem, porque es ahí donde se cumplirían todas las profecías. Mateo es el que nos relata la visita de los Magos de Oriente que, de acuerdo a las profecías, vendrían a adorar a Dios precisamente a la tierra de Judá. También Mateo es el que nos relata que, en sueños, un Ángel le sugiere a José: “levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y permanece ahí hasta que yo te avise, porque Herodes busca al niño para matarlo” y no regresaron sino hasta que había muerto Herodes

Este hecho le da otros dos argumento al buen Mateo para hacer coincidir una profecía que dice “yo llamé desde Egipto a mi hijo” y  a partir de la matanza de los niños israelitas otra, de Jeremías que dice “en Ramá se oyeron gritos grandes, sollozos y lamentos, es Raquel, que no quiere consolarse por sus hijos muertos”… Cuando muere Herodes, José regresa a su país, pero no a Judea, porque ahí reinaba Arquelao de la familia de Herodes, por eso regresa a Galilea, precisamente al pueblito de Nazareth, que también da cabida a muchas otros comentarios.

En primer lugar, es interesante que todos los anuncios divinos, y toda la responsabilidad como hombre, recae directamente en a la persona de José, él es el que recibe las malas noticias, y el que toma las decisiones, él es el que toma a su mujer y a su hijo y marcha en la noche por el desierto y busca hogar y trabajo y alimento en tierra ajena (como ocurrió en la historia del pueblo)… María ciertamente comparte la responsabilidad, el susto y la molestia, seguramente era consciente de que tal como lo había dicho Simeón, había hombres que deseaban acabar con la vida de su Hijo.

Pero María encuentra un motivo más para alegrarse por el cuidado y la protección que Dios le había manifestado a través de su esposo, con todo lo ocurrido, si los Reyes no hubieran pasado por Jerusalem y no hubieran despertado el coraje de Herodes, no hubiera pasado nada, pero los Reyes llegaron precisamente a encontrarse con Herodes y después con Jesús en Belem, y parten también, a través del desierto, huyeron sin pasar por Jerusalem… Los Reyes, José y María debieron haber comentado ampliamente cuales eran las intenciones de Herodes, compartieron su esperanza, y su fe en las escrituras, y pudieron ampliamente preparar un viaje, el Ángel solamente dio la señal de inicio a la escapatoria…  

 

La pérdida de Jesús en el templo  ( el encuentro de Cristo, la 3a alegría)

Jesus nunca estuvo perdido, y como todos sabemos, en ese tiempo, hombres y mujeres viajaban por separado durante las peregrinaciones, porque evidentemente eran recorridos largos que se hacían por la noche para evitar el calor y por razones obvias, divididos por género, para evitar problemas sentimentales… Jesús había llegado a la edad en que podía ir con papá o con mamá, precisamente porque estaba festejando ya sus doce años… entonces habiendo llegado a su destino en Jerusalem, María y José descubrieron que el joven Jesús no estaba ni con uno ni con el otro… realmente eran pocos los lugares a donde Jesús podría haber llegado, y empezaron a buscarlo con los parientes y con los amigos que vivían en la gran Jerusalem, pero nunca pensaron ni que se había perdido, ni mucho menos que lo hubiesen robado, aunque sí había casos de estupro y rapto, cuando robaban a un menor era generalmente para venderlo… pero eso ocurría en lugares pequeños y solitarios, por lo que don José y su señora esposa decidieron ingresar al templo y llevar a cabo las ofrendas por las que ellos habían hecho el viaje.

El templo tenía distintos patios, y una serie de amplios pasillos, no podemos pensar en una estructura semejante a la arquitectura de una “iglesia” como la que hoy todos conocemos para un templo, en algunas de las zonas, cubiertas por mantas, se encontraban distintos grupos, y mucha gente que esperaba su turno, en los alrededores se encontraban muchos vendedores que iban a ofrecer a los fieles los animales que la gente quería sacrificar o cambiar moneda para no utilizar moneda extranjera en el sacrificio hebreo, y por otro lado, se encontraban las grandes salas donde sólo podían pasar los sacerdotes para ofrecer los sacrificios y realizar los ritos y las oraciones correspondientes para cada ocasión.

En los pasillos había también muchos sacerdotes, que ofrecían todo tipo de servicios a los fieles que acudían, recordemos que había gran cantidad de sacerdotes porque eran los que pertenecían a una de las tribus de Israel… ellos además de servir realizando las ofrendas y sacrificios, aprovechaban la presencia de los fieles para sacar los libros sagrados y predicar, haciendo la lectura y dando las explicaciones pertinentes… los visitantes que esperaban turno, en ocasiones se acomodaban a escuchar a los más sabios sacerdotes, y en algunas ocasiones tanto los fieles podían hacer las lecturas, o los comentarios a las lecturas…

Jesús había cumplido los doce años, y a los doce años, los judíos hacen una ceremonia para manifestar que han alcanzado la mayoría de edad, es decir, que tenían la suficiente madurez para ser responsables de sus propias faltas, es decir: las faltas que los jóvenes cometieran, ya no serían cargadas a las culpa de sus padres, sino a su propia responsabilidad. Jesús era responsable de sus actos, y esta es la parte central de este relato.

Bajo esa misma perspectiva de su mayoría de edad, los fieles podían participar en las reuniones religiosas, haciendo las lecturas de las escrituras ante la asamblea o haciendo comentarios, dirigidos por los sacerdotes y escribas…

Cuál no sería la sorpresa de los padres de Jesús viendo que él estaba haciendo los comentarios sobre la lectura que acababa de leer, y que había varios sacerdotes de los más respetables, que estaban escuchando lo que él decía, con gusto y con respeto… 

Cuando lo localizaron, se quedaron ahí, esperando a que terminara aquella ceremonia, y posteriormente lo abordaron… “¿por qué nos haces esto?” Alegó María, “¿qué no ves que José y yo estamos preocupados por ti?”... y Jesús, con todo respeto contestó: “bueno si hablamos de las cosas y las personas por las que nos preocupamos, ¿qué no saben ustedes que Yo ya debo preocuparme  de las cosas de nuestro Padre de los Cielos?

Yo pienso que esta respuesta a pesar de que cimbró la conciencia de aquella maravillosa pareja, en vez de generar un sentimiento de dolor, les dio a ellos la mayor recompensa y alegría que pudieron haber esperado… aquellos doce años de cuidados, y enseñanzas empezaban a brindar resultados… ellos habían preparado al joven Jesús precisamente para que pudiera tomar en sus manos los libros sagrados, y que los pudiera leer e interpretar, y en ese momento lo vieron desarrollar todo lo que ellos esperaban de su hijo.

Es evidente que durante la confusión y el momento en que Jesús estuvo alejado de ellos, un fuerte sentimiento de incertidumbre los inquietó, pero debido a la formación que le habían dado a su hijo, ellos estaban absolutamente seguros de que él estaría haciendo lo correcto, y que en unos minutos más aparecería por algún lugar. Pero de eso a causar un “gran dolor por la perdida de un hijo” existe una diferencia diametral.

María y José se unieron en oración para dar gracias, porque su misión estaba dando frutos, y frutos de salvación, de crecimiento, de sabiduría y sobre todo la certeza de ver cómo Jesús se desarrollaba en edad, sabiduría y presencia de Dios, a los ojos de las personas que los rodeaban, de ellos mismos, y sobre todo de ese Dios que en él les había hecho la promesa de liberación para su pueblo.

 

 

 

En encuentro con Jesús cargando la cruz hacia el calvario (la alegría en el seguimiento 4a)

Aunque no está documentado, con toda certeza, María en muchas ocasiones seguía a Jesús en su predicación… y lo mismo ocurrió cuando Jesús y sus amigos seguidores, tomaron la decisión de ir a Jerusalem para celebrar esa fiesta de la Pascua… De hecho varios de los apóstoles, habían asegurado que era altamente peligroso, en las condiciones de lo que ocurría en esos días, precisamente por la presencia de Pilatos, y las rebeliones que habían encabezado personajes como Barrabás y algunos otros, y el ambiente era muy tenso…

La noche en que Jesús festejó la gran cena con sus amigos y fue a orar al huerto, esa noche en la que Judas y un grupito de soldados atraparon a Jesús, se difundió como pólvora encendida, la noticia de Jesús fue detenido y estaba siendo juzgado, tanto por los doctores de la ley y todo el Sanedrín, como por Herodes y por las autoridades romanas.

Y al día siguiente, en que quedó libre Barrabás, la noticia de que Jesús sería colgado en una cruz, se regó a todos los habitantes y visitantes de la ciudad. Por lo que entendemos que María, acompañada de algunos de los discípulos, decidieron ir a tratar de verlo, al menos a lo lejos.

Después de publicada la anuencia del representante del emperador romano para que el pueblo hiciera lo que juzgara conveniente con aquel hombre en el que él no encontraba ninguna falta, y después de que al Maestro se le había puesto una túnica de loco, se le había coronado con espinas y se le había flagelado después de someterlo toda la madrugada a una golpiza con macanas y a puño cerrado en el rostro y en brazos y piernas, la ruta hacia el monte de la calavera, donde se hacían normalmente las ejecuciones de los criminales peligrosos, era conocida por todos.

La chusma se precipitó a las calles, esperando una reacción, una respuesta, un grito de rebeldía a los enredos entre Herodes y los jefes religiosos, o de apoyo a ese hombre que hablaba solo del amor y del perdón, pero… no ocurrió nada, la gente lo veía pasar y no se atrevía a abrir la boca, mucha gente lloraba, y quizá pensaba que esa era un hombre justo o un profeta más, que en ese momento era víctima de las calumnias y las atrocidades del gobierno controlado por Roma.

María también lo vio pasar, pero para ella, este no era un momento catastrófico, ni el final de un proyecto, sino solamente algo que debía de pasar para hacer ver la grandeza del Señor, su Dios. Ella veía a su hijo cargando una cruz, sangrante y escarnecido, pero nunca perdió de vista que eso era parte de todo lo que él mismo había predicado, de lo que había de pasar, para que se cumpliera la promesa de Liberación.

María nunca se precipitó a creer que eso era el final, porque ella estaba llena de esperanza, y sabía que la promesa hecha por Dios, seguía perfectamente en pie… y ahora en vista de esas circunstancias, con mayor certeza y convicción. Nadie puede siquiera pensar que María se alegró al ver a Jesús cargando una cruz, pero sí podemos estar seguros que ella al mismo tiempo veía muy cercana la Liberación de Israel.  

 

La crucificción ( el 5o gozo) 

Muchos de nosotros consideramos en algún tiempo de nuestra vida, que el momento más importante de la historia de Jesús fue el día de su muerte… y en cierto sentido, este momento puede considerarse el más significativo, porque la entrega de la propia vida, es siempre un hecho que abarca a toda la existencia en sí misma,

Sin embargo, no es la muerte un acto que pueda tener un contenido en sí mismo, sino necesariamente debe estar ligada a un objetivo que va más allá y a la satisfacción de una necesidad que nos libera de una situación de dolor o enfermedad.

Por ejemplo, en una batalla, el hecho de morir, tiene un doble significado, para el que muere significa el final de su propia lucha y de su tiempo, pero para los que lo rodean, esa muerte puede significar una victoria o un acto de heroísmo que enciende la pasión que perpetúa la causa y fortifica a los que siguen de pie…

En el caso concreto de la muerte de Jesús, y en el contexto en que ocurrió, ese momento tuvo un significado de fe, cargado ante todo de Esperanza, Cristo fue congruente con todo lo que predicó, con la proclamación de la verdad y del amor y del hecho de sentirse verdaderamente amado por Dios y plenamente confiado en la promesa hecha por un padre amoroso. Hasta en el último momento exclamaba “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

La visión de María es mucho más amplia, porque ella, gracias a su vivencia personal  de la Promesa, es la primera mujer en entender que todo ese capítulo tan complejo y ciertamente doloroso, es parte de un proceso en el que en ese hombre (que ella misma había dado a luz), se estaba convirtiendo un auténtico signo de salvación, en el que se estaban cumpliendo una a una todas las profecías, todas las promesas de libertad y de amor, que Dios había hecho a su pueblo, en ese hombre, que ahora había cargado una cruz, que había sido juzgado, azotado, coronado de espinas y escarnecido, seguía en pie, demostrando perdón, amor y compromiso total con su pueblo y con su fe.

Ni Cristo ni María eran unos trastornados masoquistas que buscaran el dolor por el dolor, pero lo asumían con entereza y plenitud, y con una esperanza total, en el perdón y en el amor. Jesús, al ser clavado en el madero, no dejaba de gritar “perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen…”, y hasta tiene la claridad para expresarle a su compañero de suplicio: “tú estarás hoy mismo conmigo en el paraíso”. Por lo tanto, Jesús y María tenían plena conciencia de Esperanza, de certeza en la salvación del pueblo y en la salvación personal para cada uno de los que estaban a su lado.

Ellos no le atribuyen al dolor una capacidad renovadora o redentora, por el contrario, lo reciben como un mal que necesariamente se presenta ante la realidad de nuestra existencia teñida por el pecado, el desorden y por el alejamiento a la voluntad de Dios…

El dolor y el sufrimiento no son elementos purificadores ni mucho menos restauradores de la libertad o de la santidad, por el contrario, son fruto del egoísmo de la envidia y del resentimiento, son parte de la situación de desequilibrio y de falta de equidad y de justicia; el dolor y el sufrimiento son el vómito y el excremento que expulsa un animal enfermo, para restablecer su equilibrio natural, son fruto de la ignorancia, de la flojera y de la irresponsabilidad para asumir su dignidad como hombres y ciudadanos de un gran pueblo.

Ellos, Jesús y María, avanzan hacia este inmenso dolor y hacia esta muerte ignominiosa, con la seguridad de que sólo Dios los salvará de ese dolor, de ese sufrimiento y de esa humillación,  Jesús y María, saben, como seres humanos que a cada momento, el dolor va a aumentar y el sufrimiento será peor, pero no lo maldicen, lo afrontan con heroísmo y valentía, y lo combaten perdonando a los que lo provocan, no solo son los verdugos los que crean ese dolor al atravesar los brazos y pies de Jesús con clavos, ni al izar la cruz sin ninguna delicadeza, perdonan también toda esa horda de criminales que habían llevado las cosas hasta este extremo, tanto los políticos que defendían la superioridad de un pueblo extranjero y la imposición de una cultura romana, ignorante por completo de la Ley de Dios, como los mismos rabinos, doctores de la ley, escribas y fariseos que atrapados en sus propias interpretaciones, temían que el mensaje de amor y perdón que tanto había predicado el Nazareno, pudieran llegar a quitarles las prerrogativas de su posición defensora de una religión putrefacta y ambivalente. Son verdugos también todos esos hombres manipulados por las mentiras de sus líderes, que asumen la postura de ser ciudadanos leales a los gobernantes en turno, que dominan en país a fuerza de lanzas y espadas, los que se han dejado convertir en esclavos y cegados por falsas promesas, se prostituyen por unas cuantas monedas, y que han olvidado las promesas de salvación para un pueblo consagrado a Dios

Jesús con entereza, hace énfasis en su partida, y es consciente de que a partir de ese momento ya no podrá físicamente estar al lado de su madre, y por eso proclama la herencia más dichosa que le hace a todo el género humano, a través de su amado seguidor Juan: “madre, ahí tienes a tu hijo, amigo, ahí tienes a tu madre…” el amor de un hijo que está alcanzando su meta, se materializa en unas palabras que no son de despedida sino de congruencia y plenitud, de continuidad y de presencia, de encuentro y alegría,

María vive estos momentos de dolor con esperanza, y de sufrimiento, con plena conciencia de que el Dios de la vida, les mostrará a todos, el camino, y en el fondo de toda esta tormenta, se agiganta el amor inmenso a ese Jesús que ella llevó en su vientre, y a esa promesa de Libertad que había hecho el ángel y de la que ella se enamoró en su juventud, por la que ella había esperado toda la vida.

En su corazón atrapado por el sentimiento de dolor, se levanta una fuerza superior, que la llena de paz y de confianza… en el fondo de su corazón, ella vislumbra el cumplimiento de todas las promesas y el principio de la Liberación que unirá de nuevo todas las fuerzas de Israel… María ve en ese Jesús crucificado, no solo a lo que resta de su hijo masacrado, sino al verdadero signo de la salvación que le vaticinó, un día el viejo Simeón, ella ve en ese espectáculo macabro de tres ajusticiados agonizantes, custodiados por un puñado de soldados romanos, a un pueblo capaz de resurgir a la Vida y eso a pesar del infierno que la rodea, la llena de alegría.

     

La lanzada y la recepción del cadáver (6o episodio) 

En medio de toda esa conmoción, evidentemente, mientras transcurren los minutos en una especie de letargo donde el cerebro nos hace pensar que todo está terminado, escucha una voz de que dice “todo está consumado” y escucha el grito del mismo Jesús, en su última expresión verbal,  María espera con sobresalto lo que va a ocurrir ahora… la consumación de la alianza queda sellada por la entrega de Jesús, pero, la liberación ¿cuándo? ¿cómo?

El cielo ha sido cubierto por una nube negra y pesada, el viento sopla, como cuando se acerca una tormenta, y caen los primeros goterones presagiando una terrible tempestad, a pesar de ser casi las tres de la tarde y estar en tiempo de primaveras,

Entonces los soldados se alistan para abandonar el sitio… un guardia había ido a buscar al señor Pilatos, para decirle que los mismos soldados, habían colocado en la parte superior de la cruz un letrero, que decía “Jesus Nazareno, Rey de Judíos”…(INRI) y que se podía leer en arameo, griego y latín…  Pilato respondió: “lo escrito, escrito está…”

Otras personas, de cierta categoría social, personas del sanedrín, también se acercaron para pedir autorización de bajar el cuerpo y llevarlo a otro lugar una vez que todo hubiese terminado, (los miembros del sanedrín, pensaron que los apóstoles podrían robarse el cuerpo y después inventar alguna historia, pero José de Arimatea, fue más hábil, y logró adelantarse) Como la sentencia normalmente era de dejarlos colgados "hasta que murieran", se dio la instrucción para que los pudieran bajar después de que la muerte estuviera verificada… Muchos crucificados, eran dejados en la cruz, y devorados por bestias y aves de rapiña, aún estando vivos, sujetos a la cruz… por lo que para ahorrarse la monserga de bajar a los ajusticiados, los soldados solamente les destrozaban las rodillas, con lo cual, todo el peso del crucificado quedaba sobre los brazos, y el dolor era tan intenso que por lo general, de esta manera morían de auto asfixia ya que el dolor en brazos, espalda y pecho les impedía respirar, con lo que se aceleraba la muerte.

En el caso de Jesús, el soldado encargado, vio que el Maestro había expirado, así que no se tomó la molestia de quebrarle las rodillas, sino que simplemente le dio un lanzazo en el pecho, como si se tratara de atravesarle el corazón, y dice el evangelista que “de su seno, brotó sangre y agua”

María y aquel discípulo que vivieron esta parte del espectáculo, entendieron que Jesús había llegado al final de su misión, y él lo expresa poéticamente en su relato, al afirmar que “de su seno de Jesús, brotó sangre y agua”, sangre que significa el aliento de Vida de cualquier ser, y Agua, que tiene el máximo significado de la esperanza, porque gracias al agua, se germina y nace nuevas plantas, por el agua se da vida al ser humano, con el agua se limpia todo e incluso se renueva la faz de la tierra, y lo contrario es el desierto donde no hay nada y todo muere quemado por el sol.     

En esos momentos llegó aquel hombre que había ido a pedirle a Pilato los restos del cuerpo de Jesús, acompañado de una pequeña comitiva de sirvientes, que se precipitaron para bajar el cuerpo, limpiarlo muy superficialmente de tierra y sangre y llevarlo a un sepulcro nuevo.

María veía todo eso como en un segundo plano, su mente estaba fija en la Promesa, no entendía cómo era posible que Dios fuera a actuar con todo su poder y misericordia para liberar ahora al pueblo de Israel… ella ciertamente experimentaba el dolor de ver a su hijo inerte, lleno de moretones, heridas y huellas de golpes, pero su corazón latía con la esperanza del cumplimiento de la promesa… ahora todo estaba consumado, ya había ocurrido lo que parecía más difícil, tal vez ahora el pueblo se levantaría en armas, o podría ocurrir una invasión, una plaga o un gran castigo, o algo, pero no, en realidad ella sentía que al mismo tiempo flotaba en el ambiente un gran vacío, pero también una gran paz, que desbordaba lo increíble para colocarla en una verdadera actitud de aceptación y de perdón…

Era extraño, cómo en ese corazón valiente de María, ahora que había visto a su hijo encomendar su espíritu al Padre de los Cielos, se reafirmaba el poder de la salvación que ella esperaba para todo su pueblo…

Se renovaba cada momento con mayor intensidad la esperanza de una nueva forma de salvación. Cuando terminaron de bajarlo de la cruz, tomó el cuerpo inerte de Jesús lo apretó fuertemente contra su pecho, acomodó un poco su pelo ensangrentado y le dijo a los sirvientes que se dieran prisa porque pronto empezaría la vigilia del sábado y deberían asegurar que ese cuerpo quedara debidamente resguardado, parecería que María no veía un difunto, sino solo a un cuerpo que había que resguardar, mientras en su corazón, algo la hacía sentir una paz y una dicha inmensa, la promesa con respecto a su dolor, se había consumado… ahora empezaba de nuevo la esperanza de algo que habría de cambiar el rumbo de la historia.

 

La colocación de Jesus en el sepulcro (el gozo  número 7)

Los judíos no enterraban haciendo un agujero en el piso para después cubrirlo de tierra, sino que buscaban alguna horadación en la roca (una cueva natural o artificial) para colocar ahí los restos del difunto, sellando la entrada con una gran piedra y por lo general primero embalsamaban a sus difuntos. Una de las grandes discusiones entre fariseos y saduceos era precisamente por la esperanza de la resurrección, los judíos más conservadores, creían en la resurrección, y por eso al igual que los egipcios y muchas otras culturas de aquel tiempo, embalsamaban con una serie de aceites y perfumes para proteger la piel, y cubrían a sus difuntos con ropas y lienzos resistentes al paso del tiempo, y además, dejaban algunos alimentos bien protegidos, para que al despertar, los muertos al resucitar, encontraran algo que comer…

Para el señor de Arimatea, dos  o tres de los apóstoles, María y algunas mujeres que formaban el grupo de seguidores de Jesús, siendo viernes, se presentaba un gran problema, ya que desde la hora de la puesta del sol, los judíos respetuosos de la ley, no podían realizar labores reservadas a los sirvientes, ya que el sábado era un día que se debería respetar, y se respetaba no haciendo actividades, desde la puesta del sol del día anterior, y menos contaminándose por tocar a un difunto. Así que los que pretendían sepultar al maestro, no tenían el tiempo suficiente para embalsamar, preparar el sitio y sellar el sepulcro.

Por lo anterior, se dispusieron a llevar el cuerpo de Jesús al sepulcro que se había destinado para ese fin, y simplemente colocarlo ahí, para alcanzar a colocar la piedra con la que se cerraría provisionalmente, para poder entrar a la vigilia del sábado.

María estaba ahí, pero su mente estaba muy lejos, orando y pidiendo a Dios misericordia para todos los que habían llevado las cosas hasta este extremoso punto. Normalmente los entierros constituían para los judíos una gran ceremonia, dependiendo de la posición económica de la familia del difunto: se contrataba a personas que estuvieran llorando con escandalosos lamentos todo el tiempo, (las plañideras), a músicos que fueran acompañando a la comitiva, y a personas reconocidas que pudieran decir unas palabras sobre la vida del difunto mientras se cerraba el sepulcro… se contrataba además niños que fueran esparciendo flores todo el tiempo y se organizaba normalmente una gran procesión con todos los conocidos y familiares. Al difunto se le ataviaba con una hermosa vestimenta, y por supuesto, se le ungía, embalsamaba y preparaba con vendajes y perfumes, para evitar la descomposición rápida, especialmente entre los que creían en la resurrección.

 En este caso, para guardar el cuerpo de un ajusticiado, sólo los que estaban junto a la cruz, se apresuraron a cargar el cuerpo, y lo llevaron hasta el lugar. Todo fue muy rápido, sin ceremonias y en silencio. Y al terminar, todos corrieron a sus respectivos hogares, para poder iniciar la vigilia del sábado.

María, a partir de ese día se fue a vivir con el discípulo que amaba Jesús, y juntos esperaron la noche, tal vez orando, o meditando en las mismas palabras que pronunció Jesús ese día, o la noche del jueves. Para ella y para Juan, no había terminado todo, por el contrario, tenían la sensación de que ahora sí, algo extraordinario tendría que suceder y empezaba un nuevo amanecer para el pueblo, habiéndose cumplido todo lo que estaba predicho acerca del Mesías.

El punto de partida del corazón de esa mujer no era su amado hijo, sino, la Promesa que el mismo Dios le había hecho a ella y a su pueblo… y habiendo identificado cada vez con mayores detalles que todas las profecías se habían cumplido en su amado Jesús, esperaban que algo sobrenatural diera una señal de que la liberación del pueblo había empezado. Pero la noche y el cansancio los venció y un sueño lleno de paz los obligó a descansar, después de esos días llenos de sobresaltos. El sábado transcurrió en el silencio. Y el nuevo amanecer ocurrió hasta el domingo, muy temprano.

Dentro del contexto de una madre a la que le entregan el cuerpo de su hijo inerte para llevarlo al sepulcro,  en María, una enorme esperanza le daba vida a su corazón. Ella, a diferencia de cualquier otra persona, estaba absolutamente segura que todo esto era parte de un proceso de salvación y de liberación de su pueblo. Un proceso incomprensible y ciertamente doloroso, pero la alegría de la presencia de Dios, iluminaba su doloroso caminar,

María por supuesto no esperaba que Jesús resucitara, sino que tenía fe en la Liberación del pueblo de Israel… su meta estaba mucho más allá del dolor humano que produce la pérdida de un hijo.

Ella había consagrado a ese hombre a Dios, para la salvación del pueblo de Israel, desde que lo tuvo en sus vientre y desde que nació en Belem, ella sabía que ese hombre debería luchar y derramar hasta la última gota de su sangre para sellar un nuevo pacto y una nueva alianza, no con los romanos ni con ningún pueblo opresor, sino con el mismo Dios de la promesa

El Dios que había ofrecido a Abraham que sería el padre de un gran pueblo, el que había hecho un pacto con Moisés y lo había sacado de Egipto, el que había guiado a su pueblo por el desierto, el que lo había llevado a la tierra que manaba leche y miel, el que había rescatado a este pueblo de la esclavitud en Babilonia, y que ahora les había dado a través de la persona de Jesús, una nueva esperanza, un muevo mensaje de paz y de amor.

Jesús había sido congruente, y el Espíritu y el poder de Dios, se habían manifestado a través de él, de muchas maneras; y esa muerte era la consecuencia lógica y natural de haberse enfrentado con la Verdad, a las autoridades que mantenían la injusticia y la opresión. Solo faltaba ese gran triunfo de la vida sobre la muerte, ese triunfo definitivo y la llegada de ese Reino de Justicia y Paz.

María, desolada por los hechos, no pierde ni un momento la lucidez de la esperanza y no solo soporta estoicamente el dolor, sino que con un torrente de alegría interior, espera simplemente que el Poder de Dios se manifieste. Ahora todo está consumado, todo está listo para una gran renovación, para que el Espíritu se apodere de los corazones de todos los que aman al verdadero Dios, y que empiece su auténtico reinado.

La situación de los cristianos de todos los tiempos, es exactamente la misma que en esos momentos que María tuvo que abandonar la tumba silenciosa de Jesús, el cristiano de hoy vive la angustia del dolor, de la desolación, de la soledad, de la desgracia y de la injusticia y sólo tiene la esperanza de una VIDA NUEVA, gobernada por el amor.

Dios no está ahí en medio de milagros, prodigios ni eventos sobrenaturales, los tiempos de los milagros quedaron atrás, hemos visto su Gloria, pero hoy en este momento solo vemos el poder del mal y la realidad de la muerte, y nos enfrentamos solos a ese gran reto que nos causa dolor y angustia, lo único que puede ayudarnos, como a María, es nuestra ESPERANZA, la esperanza en un Dios, que siempre estará ahí para manifestarnos su amor, aunque las cosas estén de cabeza…

María nunca bajó la guardia, siempre estuvo de pie y con el rostro levantado, sin que una sola lágrima ensuciara su rostro maternal, llena de amor y de esperanza, y es ella la que nos comparte esa fuerza interior para luchar en medio de la calamidad, en el interior de ese sepulcro oscuro, donde solo están los restos del hombre que predicó el amor y la fe en un Padre que nos acepta tal como somos, nos perdona y nos recibe.

No son los méritos que alcanzamos gracias al dolor, sino que el dolor nos destruye y nos coloca en situación de decidir si confiamos o no en el Poder de Dios. María vivió con serenidad estos momentos difíciles, pero en su corazón había un enorme motivo de esperanza, la esperanza es precisamente esa certeza de que lo mejor está por venir, y en el sepulcro, ella entendió que no dejaba atrás los restos de un gran hombre, sino que la promesa de Dios estaba a punto de cumplirse,

La noticia de que no encontraron el cadáver de Jesús ( el 8º gozo)

Sin duda, ese sábado fue para todos un día completamente diferente… para empezar, María y los apóstoles desarrollaban todas sus actividades en función de las instrucciones del Maestro, pero Jesús ya no estaba… además, el hecho de que él hubiera sido aprehendido, juzgado y condenado, dejaba precedente para que a cualquiera de sus amigos y seguidores, corrieran la misma suerte. La ley judía no permitía que en el sábado se hicieran actividades productivas, la única obligación era asistir a la sinagoga, y hasta el número de pasos estaba controlado, así que ese día que siguió a la cruz, fue un día de espera, mientras se presentaba una gran angustia en el corazón de todos, según la tradición posterior, en ese día, Jesús descendió al lugar de los muertos… de esta manera entendemos que compartió en todo, el destino de cualquier otro mortal.

El domingo, muy temprano, los que habían acompañado a María a depositar el cadáver del maestro en su sepulcro, se organizaron para ir a terminar la labor de limpiarlo, embalsamarlo y vendarlo, para poder dejarlo debidamente sepultado. Existen cuatro relatos de lo ocurrido en esa mañana:

MATEO 28, el primer día de la semana, fueron Magdalena y María a visitar el sepulcro… se produjo un temblor, el ángel del señor corrió la puerta del sepulcro, este ángel tenía rostro resplandeciente y les dice “vayan a Galilea…” ellas salieron corriendo para dar la noticia, pero se les interpone Jesús y les dice Shalom, no teman, vayan a anunciarlo a mis hermanos y recordarles que se presenten en Galilea

MARCOS 16. Magdalena, María la madre de Simón y Salomé compraron aromas se preguntaban quien removería la puerta, pero encontraron que había sido removida, al entrar vieron a un joven a un lado, les pregunto ¿ustedes buscan a Jesús?, pues no está aquí; vayan a decirle a Pedro que se les adelanta camino a Galilea…

LUCAS 24, Ellos fueron muy temprano, pero la puerta había sido removida, no sabían ni qué pensar, que pero vieron a su lado a dos hombres con ropas fulgurantes quienes les preguntan ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?… Fueron a contárselo a los once… eran Magdalena, Juana y la mamá de Santiago… cuando Pedro lo supo, corrió al sepulcro, pero no vio sino los lienzos…

JUAN 20, Magdalena fue a visitar el sepulcro, vio que la piedra estaba removida, fue corriendo a buscar a Simón. Simón y otro discípulo regresaron con ella a ver el sepulcro, llegó primero Juan, vieron las sábanas, y no hallaron el cuerpo, entonces se regresaron. Magdalena estaba llorando afuera, vio a dos ángeles adentro del sepulcro quienes le preguntaron, ¿por qué lloras?… porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto… al decir esto vio a Jesús pero no lo reconoció. Jesús le dijo "por qué lloras?" Ella creyendo que era el cuidador del huerto le dice, si lo has sacado tú, dime donde lo has puesto… Jesús le dijo ¡María! ella se dio vuelta y le dijo “rabboni” (mi maestro)… Jesús dijo suéltame, porque aún no regreso a mi padre. Anda a decirle a mis hermanos que subo donde mi Padre. Magdalena regresó con los apóstoles a anunciarles la noticia. Esa misma tarde, los discípulos estaban encerrados, y existe una gran probabilidad de que la madre de Jesús estuviera con ellos, y Jesús se hizo presente ahí y les dijo “Shalom”, después de saludarlos así, les mostro las manos y el costado y se llenaron de gozo al ver al Señor. La Alegría de la resurrección inundó el corazón de todos los que habían tenido creído en la promesa de Dios, y evidentemente llenó la vida de María.

El descubrir a su hijo resucitado, ella descubre también que todas las promesas a su pueblo serían una realidad… la muerte de Jesús había marcado una barrera por la que el proyecto de liberación que Jesús había predicado, había quedado en entredicho, pero Jesús ahora estaba vivo, y de esa manera la muerte ya no tenía dominio sobre él, por lo que la esperanza renacía y se colmaba de plenitud.

El maestro había abandonada la tumba, y era cierto que los que fueron a buscarlo muy de mañana, habían dicho la verdad, la piedra que había sellado el sepulcro, había sido removida, y el señor había abandonado las sábanas… por lo que, la esperanza renacía y no existe felicidad más grande para María.   

la cena con Tomás (el 9º gozo)

La tarde del domingo que siguió al sábado del luto, uno de los apóstoles no estaba presente, pero ocho días después estaban reunidos de nuevo y Tomás ahora sí estaba con ellos, entonces se presentó Jesus, estando las puertas cerradas, y se puso de pie en medio de ellos y les dijo: “Shalom”, después dijo a Tomás, “mira mis manos, extiende tu mano y toca mi costado, y no seas incrédulo sino persona de fe…”

La fe, en realidad es aquello que nos permite actuar en base a lo que nuestra mente asume como verdadero, y Tomás, efectivamente había actuado de acuerdo a una fe limitada por una vivencia cruel y difícil, él había visto morir a Jesús y había visto cómo lo enterraban… decía que tenía fe porque creía en Jesús, el Maestro, el hombre maravilloso y el que tal vez se levantaría para acabar de una vez por todas, contra la autoridades corruptas y los invasores romanos, pero no podía entender que Jesús hubiese resucitado, la realidad es que su mente no podía asumir esa verdad porque no lo había visto, escuchado ni tocado, después de la muerte más dolorosa y espantosa. Al presentarse el maestro, no solo no le ofrece la apariencia de un ser que viene de ultratumba, sino que reta a ese hombre lastimado en su más profunda ilusión, y lo invita a que toque sus llagas, y meta su mano en su costado…

Jesús lo exhorta, “no seas incrédulo” sino “creyente”, y en esas palabras el Señor está enviando un mensaje lleno de amor a su mamá: si hay alguien que vivió en la alegría de la esperanza, es precisamente María, que nunca dejó de confiar, con toda su alma y todo su corazón, ella no creía en una posible resurrección, sino en algo mucho más grandioso, que llevaría directamente a la liberación de su pueblo.

El ver a su hijo resucitado, no solo le conforta su ánimo, sino que la llena de alegría y le renueva la esperanza en la posibilidad de esa Liberación que esperaba para todos. Cristo es el primero que ha abandonado su sepulcro, pero no tiene el mismo tipo de existencia de todos los demás mortales, la muerte ya no tiene dominio sobre él, por eso puede presentarse aunque están las puertas cerradas, pero a la vez, él se hace presente con  todo su cuerpo, el cuerpo que ella parió, y le pide a Tomás que meta sus dedos en las llagas, y que meta la mano en su costado, no se trata de una ilusión, sino de una realidad de vida.

La salvación del pueblo no era un asunto de toma de poder, ni de liberación política, era todo un proceso de cambio de mentalidad, de acuerdo al  mensaje que tantas veces había proclamado Jesús, pero, el asunto es que todas esas palabras se esfumarían y se convertirían en polvo una vez que los enemigos de Jesús lo habían asesinado públicamente y de manera ignominiosa… y de la misma manera que el mensaje de Jesús había sido trasmitido lentamente, iniciaba una transformación individual, directa, de persona a persona… por lo que es profundamente importante las palabras que le dirige Jesús a su amigo Tomás: no seas incrédulo, y al ver su alegría, le confirma, “sino creyente” y esa es la alegría que esa tarde hizo estallar de gozo el corazón ardiente de María.

El día de Shavout, a los cincuenta días de la Pascua ( el 10º  gozo)

A partir de la presencia de Jesús resucitado, María reorganizó su vida, los distintos grupos de seguidores de Jesús, empezaron a reunirse, en especial los domingos, para PARTIR EL PAN y repetir lo que él mismo ordenó en la noche de la gran cena “tomen y coman, porque este es mi cuerpo”, “esta es mi sangre, sangre derramada para el perdón de los pecados”.

Esos grupos de seguidores comenzaron a organizarse y a formar una gran FAMILIA, aunque permanecían ocultos, y estaban llenos de temores y dudas. En realidad les faltaba algo. Jesús, antes de su muerte les había dicho que les enviaría a un GRAN ABOGADO (PARACLITO) que los consolaría y les disiparía las dudas…

Todos ellos, y en especial María, conocían la historia del pueblo de Israel y todo lo ocurrido con Moisés: cuando él regresó del monte santo con las tablas de la ley, encontró que en el pueblo se habían construido un becerro de oro, y lo adoraban en medio de todo tipo de idolatrías y abusos, entonces Moisés destruyó las tablas y mandó ajusticiar a los que habían creído que él nunca iba a regresar, pero Moisés pidió perdón y subió de nuevo al  monte santo para pedir una segunda oportunidad, transcurrieron así siete semanas, y el Espíritu de Dios volvió a entregar a Moisés las nuevas reglas de vida.

Los Judíos celebraban ese día de “las siete semanas” cincuenta días después de la fiesta de los panes sin levadura… (el día de Pascua). La noche en que se recibe el día de Shavout o de las siete semanas, la gran familia judía y todavía en la actualidad, se lleva a cabo una gran meditación con respeto a la importancia del pacto que significa la Ley de Dios, expresada en los diez mandamientos

 

Cincuenta días después de la Resurrección (el DIA DE PENTECOSTÉS, y habiendo meditado durante toda la noche en el Poder de Dios), la mañana de domingo, estando todos encerrados por miedo a que también los apresaran y los crucificaran como a Jesús… se escuchó un gran viento, las puertas y ventanas del lugar donde estaban escondidos los apóstoles y amigos de Jesús, se abrieron de par en par, A TODOS SE LES QUITÓ EL MIEDO, Y SALIERON A PREDICAR…, sobre sus cabezas aparecieron una especie de llamaradas de fuego que no quemaban, y comenzaron a hablar en distintos idiomas y a entender y a servir a toda la gente y a compartirles el amor…

Y todos los que los oían hablar, entendían el MENSAJE, aunque eran de distintos países… en ese momento, el ESPIRITU SANTO ES EL QUE A TRAVÉS DE LOS SEGUIDORES DE JESÚS, HACE QUE EL MENSAJE DE AMOR LLEGUE DE NUEVO A TODO EL MUNDO desde entonces y hasta nuestros días.

Siete veces siete días, después del gran día que habían cruzado el mar, obteniendo su liberación, los judíos que sí habían sido fieles, pasaron toda la noche en oración, y a la mañana siguiente Moisés regresó una vez más y bajó del monte sagrado y con una NUEVA LEY, ESCRITA POR DIOS...El grupo de aquellos seguidores de Jesús, escondidos y atrapados por el miedo, como todos los demás judíos, pasaron la noche 49 en oración y al despertar del primer día de la nueva semana (domingo) fue cuando descubrieron que el ESPIRITU estaba presente AHI, para trasmitir de nuevo el AMOR DE DIOS, y predicar el mensaje de Jesús.

La alegría de María se consolida con la presencia del Espíritu Santo, Tenemos que lograr que nuestros actos, reflejen día a día esa misma esperanza que animó a María en todo momento a pesar de estar pasando por tiempos de siete semanas de espera. Y que esa esperanza nos llene, como a ella, de una alegría que podamos compartir ante cualquier situación para todos los que nos rodean. 

María nunca bajó la guardia, siempre estuvo de pie y con el rostro levantado, sin que una sola lágrima ensuciara su rostro maternal, llena de amor y de esperanza, y es ella la que nos comparte esa fuerza interior para luchar en medio de la calamidad, en el interior de ese sepulcro oscuro, donde solo están los restos del hombre que predicó el amor y la fe en un Padre que nos acepta tal como somos, nos perdona y nos recibe.

No son los méritos que alcanzamos gracias al dolor, el dolor mismo nos destruye y nos coloca en situación de decidir si confiamos o no en el Poder de Dios. Que nuestros actos, reflejen día a día esa misma esperanza que animó a María en todo momento. Y que esa esperanza nos llene, como a ella, de una alegría que podamos compartir ante cualquier situación para todos los que nos rodean.

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