Franchesco
Francisco nació en Asís, ciudad del territorio de Umbría, en el año 1182. Umbría es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana, colinda al norte con Toscana, al este con Marcas y al sur con Lacio, todo esto sobre la cordillera formada por los Apeninos, actualmente comprende dos provincias: Perugia y Terni la ciudad más importante es Perugia, aunque también son muy importantes las ciudades de Foligno, Castello, Espoleto, Gubbio, Cociano y Narni, entre otras.
Su padre era, Pedro Bernardone, su madre se llamaba Pica y algunos autores afirman que pertenecía a una noble familia de Provenza.
Pedro Bernardone comerciaba especialmente telas y vestidos en Francia. ahí estaba cuando nació su hijo al que la gente apodó "Francesco" (el francés), aunque en el bautismo recibió el nombre de Juan y se crió con todos los lujos y comodidades que le daba su afortunado padre.
Francisco, ya de joven era muy dado a las románticas tradiciones caballerescas típicas de los trovadores. Gastaba dinero a manos llenas y en abundancia. No le importaba ni los negocios de su padre, ni los estudios, ni la religión, ni el poder, sino el divertirse y "gozar de la vida". Sin embargo, no era drogo, alcohólico, trans, ratero, violador y acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le pedían cualquier cosa. Tampoco trabajaba, y el dinero lo tomaba sin dificultad de las arcas de su papá, quien confiaba ciegamente en su hijo. En esas condiciones, los hijos varones de las familias acaudaladas creían que debían probar su fortuna personal por medio de la aventura, y las "guerras" era una excelente oportunidad para alcanzar este propósito, el joven debía haberse preparado físicamente para la lucha, además contar con el dinero suficiente para contar con una excelente armadura, y un magnífico caballo, tener una grupo de sicarios incondicionales que le protegieran en caso de un ataque directo, y sobre todo la certeza de contar con el respaldo de una importante riqueza familiar que aseguraran cualquier imprevisto.
Cuando Francisco tenía unos veinte años, estalló la guerra entre las ciudades de Perugia y Asís y el joven fue a luchar por su ciudad, pero cayó prisionero de los peruginos. A pesar de las influencias del señor Bernardone y su posición política y comercial, la prisión le duró un año. Y para colmo, cuando recobró la libertad, cayó gravemente enfermo y estuvo en cama varios meses. Esto, aunque fortaleció su paciencia y maduró su espíritu, le hizo ver que la suerte no siempre está de nuestro lado y que existían otras situaciones más poderosas que tener dinero y amistades.
Cuando se sintió con fuerzas suficientes, quiso ir a combatir de nuevo en el ejército de su ciudad, y se compró una costosa armadura y un hermoso manto, escogió el mejor de sus caballos y partió. Pero un día en que iba con su nuevo atuendo, se topó con un caballero viejo totalmente acabado enfermo y deprimido, Francisco cambió sus ricos vestidos por los de aquel caballero venido a menos, pensando que probablemente así iba a terminar su propia vida. Esa noche vio en sueños un espléndido palacio con salas llenas de armas, sobre las cuales se hallaba grabado el signo de la cruz y en su sueño escuchó una voz que le decía: " esas armas te pertenecían a ti y a tus soldados". Era totalmente incongruente, porque en ese momento no tenía palacio, ni armas ni soldados, y además la cruz no era parte de su escudo de armas, pero el hecho de haber encontrado a un viejo líder convertido en un guiñapo, lo impactó mucho y motivó su sueño.
Francisco partió a Apulia con la intención de incorporarse a las tropas de sus conciudadanos con el alma ligera y la seguridad de triunfar, pero nunca llegó al frente de batalla. En Espoleto, entre Asís y Roma, cayó nuevamente enfermo y, durante la enfermedad, oyó una otra voz que le decía, "es mejor servir al dueño que al empleado".
Esas palabras, que sonaban a acertijo, lo hicieron pensar mucho, quién era el dueño de la vida, la abundancia y la felicidad? Quienes eran los empleados? Era el camino de la guerra, la ambición y la riqueza el que lo conduciría a ser dueño de todo? Perugia no era sino un pequeño pueblo, y Asis otro territorio lleno de envidias chismes y engaños... donde solo los hombres ricos podían ser los "dueños" y todos eran "empleados"
Así las cosas, volvió a su antigua vida, pero tomándola más a la ligera. La gente, al verlo deprimido, y distraído, ojeroso y sin ilusiones, decían que estaba enamorado... "Sí", replicaba Francisco, "voy a casarme con la joven más bella y más noble que todas las que ustedes conocen", él, en su depresión, pensaba en la muerte, de hecho consiguió la osamenta de un cráneo y lo llevaba consigo a todas partes.
Cabalgando por la llanura de Asís, vió un dia a un leproso. pero en vez de huir, se acercó al leproso, que le tendía la mano para recibir una limosna. A pesar de su asco por el leproso, se le acercó, bajó del caballo y le dio un beso en las llagas, conversó con él largamente y aplicó algunos de los ungüentos y vendas que se usaban en las guerras para los soldados heridos. Por primera vez entendió que de esa manera estaba recuperando su verdadera calidad humana, no se trataba de hacer un ejercicio de santificación, sino de un acto humanitario.
En el leproso se veía a sí mismo, encerrado en la la cárcel, abandonado, solo, odiado y olvidado por todos. Y en sus amigos de los hospitales encontraba una cierta recompensa, pero entendía que necesitaba alguna motivación más fuerte y contundente para sacar a aquellos hombres y mujeres de su desesperación.
A partir de entonces, comenzó con cierta frecuencia a visitar y servir a los enfermos en los hospitales. Algunas veces regalaba a los pobres sus vestidos, otras, el dinero que llevaba, pero no lo hacía por ninguna motivación religiosa, sino por el gusto de servir y de encontrar la felicidad en la sonrisa de un desamparado.
A Francisco le gustaba visitar las ruinas del templo de San Damián, ubicado en las afueras de Asís, era una construcción a punto de desplomarse... ahi pasaba horas sin que nadie lo molestara, y en medio de su silencio recordaba los gritos, advertencias y regaños de sus padres, recordaba las adulaciones de sus amigos muchos de ellos muertos en el combate, y a tantas gentes que hipócritamente le rendían honores solo por el dinero de su padre, recordaba a tantas mujeres que se le habrían entregado por unas cuantas monedas sin haber probado nunca el verdadero amor, y en medio de la soledad, escuchó una voz que le decía "Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas".
Las ruinas eran vivo reflejo de lo que ocurría en el interior de la mente y el corazón de Francisco, y esas palabras podrían haber sido fruto de su propia conciencia: "Francisco, repara esta casa: tu vida, tu corazón y tu esperanza, que están en ruinas".
La Iglesia Universal también se encontraba en uno de sus peores momentos, el 2 de octubre de 1187 ocurre la toma de Jerusalen, Saladino ocupa la ciudad Santa y esto da origen a la tercera cruzada, en 1198 es elegido Lotario Conti como el papa Inocencio III, con esto el poder temporal de la Iglesia llega a su máximo esplendor temporal, desechando todo lo que represente pobreza, humildad y espíritu evangélico; en 1204 la cuarta cruzada saquea Constantinopla, para instaurar desde ahi el Imperio Latino de Constantinopla... el 11 de noviembre de 2015 da inicio el concilio IV eucuménico de Letrán, cuando se toma como base la filosofía de Tomás de Aquino para defender la "transubstanciación" en un ambiente de discusiones teológicas espectaculares. En 1215 las disputas entre el rey Juan de Inglaterra e Inocencio III llevan a la promulgación de la Carta Magna que daría pie a la separación de la Iglesia Anglicana...
El grito del crucifijo, no solo le pide a Francisco que reconstruya San Damian, sino, que reavive el espíritu evangélico de pobreza en toda la Iglesia Universal
No sabremos nunca si Francisco escuchó estas palabras en la realidad física o en su corazón, pero su ánimo cambió cuando descubrió que un viejo crucifijo abandonado estaba igual que él: totalmente golpeado maltrecho e inservible... Francisco debía darse a la tarea inmediata de reparar, tanto su propia integridad como la de esas ruinas abandonadas... y ese Cristo abandonado. Y sólo había un camino, un trabajo por hacer y este era el SEGUIR A JESUS, POBRE Y HUMILDE, dando testimonio del AMOR Y EL PERDÓN, de acuerdo al Evangelio, en medio del trabajo, y el desapego completo a la riqueza.
Francisco no entendía ni alcanzaba a distinguir de dónde procedía esa voz, y se acercó un poco a las ruinas para descubrir si no era una mala broma, pero, en medio del silencio, volvió a escuchar esa voz, esta vez parecía que surgía del crucifijo que también estaba en pésimas condiciones... y así como vio la posibilidad de hacer algo positivo, entró en acción, fue inmediatamente, a la tienda de su papá, tomó una buena cantidad de ropa y la vendió junto con su caballo. En seguida buscó al viejo sacerdote, encargado de las ruinas de ese templo abandonado y le llevó el dinero pidiéndole permiso de quedarse a vivir con él y de encargarse de reparar el templo.
El buen clerigo consintió en que Francisco se quedase a dormir en el templo, pero se negó a aceptar el dinero conociendo el carácter intransigente de don Bernanrdone y su fama de ser una persona muy violenta, ante la negativa del clérigo, el joven escondió el dinero en una grieta bajo la ventana.
Pedro Bernardone, al enterarse de lo que había hecho su hijo, se dirigió indignado a San Damián. Pero Francisco huyó y se escondió, pero después de unos dias volvió a entrar en el pueblo. Estaba tan desfigurado y mal vestido, que las gentes se burlaban de él, tomándolo por loco.
Pedro Bernardone lo encontró, lo condujo a su casa a golpes, lo castigó furiosamente, le puso cadenas en los pies y le encerró en una habitación sin alimentos, ventanas ni un camastro. La madre de Francisco, unos días después cuando se enteró, lo rescató mientras su marido se hallaba ausente y el joven retornó directamente a San Damián. Su padre fue de nuevo a buscarle ahí, le golpeó en la cabeza y le explicó que de no volver inmediatamente a su casa, debía renunciar a su herencia y pagarle el precio de los vestidos que le había tomado, Francisco tenía 25 años y no era un niño. Actuaba como un vulgar raterillo y como un hijo inconsciente e irresponsable.
Le obligó a comparecer ante el obispo "Guido", quien exhortó a Francisco a devolver el dinero "Dios no desea que su Iglesia se beneficie con dinero robado." Francisco obedeció a la letra la orden del obispo y añadió: "La ropa que llevo puesta, pertenece también a mi padre, de suerte que tengo que devolvérsela." Acto seguido se desnudó y entregó toda la ropa que llevaba a su padre, diciéndole alegremente: "Hasta ahora tú has sido mi padre en la tierra. Pero en adelante podré decir: Padre nuestro, que estás en los cielos."' Pedro Bernardone abandonó el palacio episcopal lleno de rabia y con un odio mezclado con impotencia y dolor, pero nunca perdió su orgullo. El obispo regaló a Francisco una vieja ropa de labrador, que pertenecía a uno de sus criados. Francisco recibió así la primera limosna de su vida con gran agradecimiento, dibujó sobre esa ropa la señal de la cruz con un trozo de piedra caliza y se lo puso alegremente.
En seguida, partió en busca de un sitio conveniente para establecerse. Iba cantando alegremente alabanzas por el camino, cuando se encontró con unos bandoleros que le preguntaron quién era. El respondió: "Soy el pregonero del Gran Rey." Los bandoleros le golpearon y le arrojaron en un hoyo lleno de agua helada y nieve. Francisco prosiguió después su camino, cantando las alabanzas.
En un monasterio obtuvo limosna y trabajo como si fuese un mendigo. Cuando llegó a Gubbio, una persona que le conocía, le llevó a su casa y le regaló una túnica, un cinturón y unas sandalias de peregrino. El atuendo era muy pobre pero decente. Francisco lo usó dos años, al cabo de los cuales volvió a San Damián.
Para reparar la iglesia, fue a pedir limosna en Asís, donde todos le habían conocido rico y, naturalmente, recibió las burlas y el desprecio de la mayoría. El cargaba las piedras que hacían falta, las labraba y colocaba. Buscaba árboles para cortarlos y rehacer las trabes, compactó y aplanó los pisos y pagaba con las limosnas que obtenía, los trabajos que solo podían realizar los albañiles.
Una vez terminadas las reparaciones en san Damián, Francisco emprendió otra reparación en la antigua iglesia de San Pedro. Después, se trasladó a una capillita llamada la "Porciúncula", que pertenecía a la abadía benedictina de Monte Subasio.
El nombre de la capillita "la porcíncula" significa "el terrenito o el "el lote" (parcela de tierra).
La Porciúncula se hallaba en una llanura, a unos cuatro kilómetros de Asís y, en aquella época, estaba abandonada y casi en ruinas. La tranquilidad del sitio le agradó mucho a Francisco y más porque el sitio se llamaba Nuestra Señora de los Ángeles, en cuyo honor había sido erigida la capilla. Francisco la reparó y se fue a vivir ahi.
El día de la fiesta de San Matías del año 1209 el evangelio de la misa decía: "Id a predicar, diciendo: El Reino de Dios ha llegado.. . Den gratuitamente lo que han recibido gratuitamente . . . No tengas oro, ni dos túnicas, ni sandalias, ni báculo Los envío como corderos en medio de los lobos. . ." (Mat.10 , 7-19).
Estas palabras penetraron hasta lo más profundo en el corazón de Francisco y aplicándolas literalmente, regaló sus sandalias, su báculo y su cinturón y se quedó solamente con la pobre túnica ceñida con un cordón. Esa fue la única ropa que admitió para sus amigos seguidores: la túnica de lana burda de los pastores y campesinos de la región.
Predicaba por los caminos la penitencia con tal energía, que sus palabras llegaban a los corazones de sus oyentes. Cuando se topaba con alguien en el camino, le saludaba con estas palabras: "La paz del Señor sea contigo." Pero ese estilo de vida, tan simple y que demostraba totalmente la alegría de confiar en el Señor, generó las ganas de que muchos desearan ser como él y seguirlo en su pobreza
Francisco tuvo pronto numerosos seguidores y algunos querían hacerse discípulos suyos. Los primeros discípulos fueron Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís y Pedro de Cattaneo, presbítero de la catedral de Asís, pidió también a Francisco que le admitiese como discípulo y Francisco les "concedió el hábito" a los dos juntos, el 16 de abril de 1209. El tercer compañero fue el hermano Gil, famoso por su gran sencillez y sabiduría espiritual.
En 1210, cuando el grupo contaba ya con doce miembros, Francisco redactó una regla breve e informal que consistía principalmente en los consejos evangélicos. Con ella se fueron a Roma a presentarla para aprobación del Sumo Pontífice. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.
En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado exagerada en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: "No les podemos prohibir que vivan tal cual como lo mandó Cristo en el evangelio". Recibieron pues la aprobación de las autoridades de la Iglesia, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto al templecito de la Porciúncula.
Se trasladaron provisionalmente a una cabaña en Rivo Torto, en las afueras de Asís, de donde salían a predicar por toda la región. Poco después, tuvieron dificultades con un campesino que reclamaba la cabaña para emplearla como establo de su asno. Francisco respondió: "Dios no nos ha llamado a preparar establos para los asnos", y acto seguido abandonó el lugar y partió a ver al abad de Monte Subasio.
En 1212, el abad regaló a Francisco la capilla de la Porciúncula, a condición de que la conservase siempre como la iglesia principal de la nueva orden. Panchito se negó a aceptar la propiedad de la capillita y sólo la admitió "prestada". En prueba de que la Porciúncula continuaba como propiedad de los benedictinos, les enviaba cada año, a manera de recompensa por el préstamo, una cesta de pescados cogidos en el riachuelo vecino. Por su parte, los benedictinos correspondían enviándole un tonel de aceite.
Alrededor de la Porciúncula, los frailes construyeron varias cabañas primitivas, porque San Francisco no permitía que la orden en general y los conventos en particular, aumentaran las construcciones ni las propiedades. Había hecho de la pobreza el fundamento de su orden y su amor a la pobreza se manifestaba en su manera de vestirse, en los utensilios que empleaba y en cada uno de sus actos.
Clara era una jovencita que había partido de Asís para seguir a Francisco, sus padres estaban empeñados en casarla con un buen partido, pero en la primavera de 1212, después de oír predicar a Francisco. ella huyó con él y Francisoco consiguió establecer a Clara, a su hermana Ines y a otras de sus compañeras en San Damián, de esa manera las clarisas se establecieron como la fuerza femenina de esa familia, en la que el amor a Jesús era lo más importante
Recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: 'El Amor no es amado". Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su Verdad.
Francisco, acostumbrado a vivir la aventura, se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. ahi, debido a la falta de higiene, perdió practicametne la vista debido a la arena
Alrededor de la fiesta de la Asunción de 1224, el Pancho se retiró a Monte Alvernia y se construyó ahí una pequeña celda. Ahí fue donde tuvo lugar, alrededor de 1224, el milagro de los estigmas, es decir que en sus manos, pies y costado, le brotaron las mismas llagas que tuvo el señor Jesús
Francisco aborrecía los estudios que alimentaban más la vanidad que la piedad, porque entibiaban la caridad y secaban el corazón. Sobre todo, temía que la señora Ciencia se convirtiese en rival de la dama Pobreza.
Los dos últimos años de la vida de Francisco fueron de grandes sufrimientos que parecía que la copa se había llenado y rebalsado. Fuertes dolores debido al deterioro de muchos de sus órganos (estómago, hígado y el bazo), consecuencias de la malaria contraída en Egipto. En el verano de 1225 estuvo tan enfermo, que le obligaron a ponerse en manos del médico del Papa, entonces escribió el "Cántico del hermano Sol" y lo adaptó a una tonada popular para que sus hermanos pudiesen cantarlo facilmente.
Cuando Francisco volvió a Asís, rogó a los médicos que le dijesen la verdad con respecto a su salud, y éstos confesaron que sólo le quedaban unas cuantas semanas de vida. "¡Bienvenida, hermana Muerte!", exclamó el santo y acto seguido, pidió que le trasportasen a la Porciúncula.
Envió un último mensaje a Clara y a sus religiosas y pidió a sus hermanos que entonasen los versos del "Cántico del Sol". En seguida rogó que le trajesen un pan y lo repartió entre los presentes en señal de paz y de amor fraternal diciendo: "Yo he hecho cuanto estaba de mi parte, que Cristo os enseñe a hacer lo que está de la vuestra."
Murió el 3 de octubre de 1226, después de escuchar la lectura de la Pasión del Señor según San Juan.
Fueron 44 años en los cuales creó una gran familia de seguidores del Evangelio a su estilo muy personal, basado en la Pobreza y en la fraternidad.
Sus hermanos llevaron al día siguiente su cadáver en solemne procesión a la iglesia de San Jorge, en Asís. Ahí estuvo depositado hasta dos años después de la canonización. En 1230, fue secretamente trasladado a la una gran basílica.
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