LA CATEDRAL DE LETRáN
Para los que este domingo noviembre 9 no pudieron ir a misa, con gusto les comparto, que este domingo la fiesta grande la celebró el Papa León, con motivo de la conmemoración de la dedicación de esta basílica. Como todos sabemos, la ciudad del “Vaticano” es un territorio muy pequeño, donde vive el Papa y decide los destinos de la Iglesia, esta miniciudad la encontramos como parte de la ciudad de Roma. Roma como capital de Italia, está gobernada por el gobierno italiano y cuenta con un gobierno local, y ciudad del Vaticano es un territorio independiente, el país más pequeño del mundo, donde gobierna el papa…
Existen en ese pequeño territorio, muchos templos y edificios que en otras épocas tuvieron funciones especiales, entre ellas están las cuatro basílicas más importantes, especialmente por su historia, tenemos la Basílica de San Pedro, la de Santa María, la mayor, la de San Pablo (extramuros), y la de Letrán, esta última en realidad lleva por nombre, “archi basílica del Santísimo Salvador, y es de hecho la más antigua”, y recibe el sobre nombre de “madre y cabeza de todas las iglesias de la Ciudad de Roma y de la tierra”, fue consagrada como basílica en el año 324 por el papa de ese entonces cuyo nombre era Silvestre.
En México los “chilangos” recordamos el nombre de la avenida de “San Juan de Letrán”, que hoy es una parte del Eje central Lázaro Cárdenas, y no deja de ser una de las avenidas más importantes, ahí encontramos la torre Latinoamericana, el palacio de Bellas Artes, el edificio del Banco Central y muchísimos comercios. El nombre se lo debe al Colegio de San Juan de Letrán que fue la primera escuela primaria en esta ciudad, ubicada entre las calles que hoy conocemos como Madero y Venustiano Carranza… en tiempos de la colonia. Pero regresemos a Letrán en Roma.
Esta construcción fue realizada en terrenos de la familia de los Lateranos, que era una noble familia romana, fue expropiada y pasó a ser propiedad de Nerón y después del emperador Constantino I, quien se la regaló al papa en agradecimiento a Dios después de haber ganado la batalla de Puente Milvio… el templo y todos sus construcciones aledañas fueron la sede del gobierno papal, hasta que el papa tuvo que huir a Aviñón en 1309… (los papas regresaron a Roma hasta 1377, pero ya no vivieron en San Juan)
El arquitecto Berromini reconstruyó esta basílica en el siglo diecisiete. En la fachada, además de la imagen de Cristo se presentan las de los dos grandes Juanes, el evangelista y el bautista, por eso la gente la identifica como de “San Juan”, sin importar si se trata de uno u otro, y simplemente la llaman “san Juan de Letrán”. Sobre el altar hay un espacio donde se conservan las cabezas de San Pedro y San Pablo y los restos de una veintena de papas. Los días 9 de noviembre se celebra la dedicación de este templo. Por eso, este domingo el papa León, celebró la misa en este sitio.
Pero, más impresionante que esta ceremonia, fueron las lecturas elegidas para este día. En la primera, escuchamos un relato tomado del libro de Ezequiel. En ella el profeta nos describe una visión muy singular: del gran portón del templo de Jerusalem, empezó a salir un torrente de agua que formó un rio, este rio se inicia desde el altar del templo, va creciendo y viaja llenando de vida todo lo que toca… todos los seres vivos que salgan de él tendrán vida, habrá peces en abundancia, al tocar el mar salado, lo saneará, a los lados del rio crecerán todo tipo de árboles frutales, cuyas hojas no se marchitarán, sus frutos serán comestibles y sus hojas serán medicinales… la analogía directa es demasiado evidente, si en vez del templo de Jerusalem, nosotros colocáramos a la Iglesia de Jesús, representada en esta grandiosa catedral de Letrán, que es madre y cabeza de todas las iglesias del mundo, de ella emanaría toda la fuerza y el poder de la Iglesia de todos los tiempos, dando vida a todo lo que toca… sin embargo una interpretación un poco más tranquila y profunda, no nos señala a nuestra amada iglesia católica, sino directamente nos lleva al significado de lo que representa el Templo de Jerusalem, para el pueblo Judío, a quien está dirigiéndose Ezequiel…
Ezequiel era uno de los deportados que estaban en el exilio, y todos los hombres judíos estaban en Babilonia en calidad de esclavos… y Dios le ordena al Profeta que hable con la Casa de Israel, y le manifieste toda su rabia, porque Israel no había sido fiel…pero después le muestra su misericordia y le manifiesta en medio de alegorías una nueva tierra, y una nueva ciudad, y dentro de ella, habla de una “Casa” esa casa es el templo es al que se refiere esta metáfora: de "la Casa” por el lado oriente, sale este rio lleno de vida que viaja hacia el oriente, Ezequiel no podía atravesar el torrente, y el agua llegaba al mar de agua hedionda, y la saneaba… y claramente dice el Señor: esta es la tierra que repartiré entre las doce tribus de Israel. Y el nombre de la ciudad será “Yahveh está ahí”. En medio del discurso profético, El Señor manifiesta su poder y lo refiere a la vida que es capaz de dar un rio, en pleno desierto.
Por lo tanto Ezequiel profetizaba sobre la grandeza de Israel… y de su templo, y ese torrente de agua que da vida no puede ser una alegoría a un grupo o una iglesia, la vida que da vida, es la misma fuerza de Dios, hecha persona… el rio de vida nueva se refiere a un ser capaz de dar vida a todo lo que toca.
Cristo es entonces ese rio, del que hablaba Ezequiel… y su torrente da vida y transforma todo, inclusive su propia vida… y la visión sobre su misma vida; en su texto, Juan presenta una simple discusión entre Jesús y algunos judíos, que le preguntaron al Señor, con qué autoridad actuaba de esa manera, y Jesús, en una visión más exacta de la escritura, dice: “destruyan este templo y yo lo reconstruiré en tres días…” los judíos responden, 46 años han durado los trabajos y todavía no se termina, y tú lo piensas reconstruir en tres días… y Juan es muy preciso en añadir, que él se refería a su propio cuerpo, y que el día de la resurrección, los apóstoles recordaron este hecho y dieron fe de lo dicho.
En resumen, la fuerza y el poder de la Iglesia es el mismo Señor Jesús, que inunda con vida todo lo que toca, incluyendo el hecho de su propia muerte, porque esa vida es la fuerza de un mensaje de amor y reconciliación imparable… y que cura y da fruto.
Así como la vieja basílica lateranense es un icono que nos recuerda la vida de la primitiva iglesia de Roma, hoy podemos seguir descubriendo ese rio inmenso que inunda todas nuestras vidas, Pablo lo expresa con otras palabras, diciendo que cada uno de nosotros somos piedras vivas, porque en nosotros habita el Espíritu Santo, y que con estas piedras se construye este nuevo templo de alabanza sin límites ni barreas, teniendo a Jesús como cimiento de esta gran obra.
La Iglesia es un templo viviente, es una comunidad de seres humanos que al igual que los templos construidos con piedra, madera y cemento, reflejan una obra maestra que nos invita a subir cada vez más alto, y acercarnos a la grandeza y omnipotencia de Dios, por el amor. Todo el trabajo que representa el esfuerzo de la vida de todos nosotros, se materializa en esta obra en donde cada quien encuentra un lugar especial, que sirva de apoyo para otros muchos, de guía o de elemento de unión, de enlace o de remate… enorme responsabilidad de compartir el agua viva con nuestra propia existencia.
Y como decía la letra de una vieja canción chilanga, “san Juan de Letrán de siempre, de todos los días, de toda la gente…” aqui es donde me gusta estar
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