Gracias a la Vida
Un día como hoy, pero siendo martes, y en el año 54, Estela se sentía muy cerca del momento de dar a luz, en ese mismo día mi tío Jorge cumplía 26 años, así que ella y mi abuelita se preparaban para ir a felicitarlo muy de mañana al Internado México, donde él vivía. Sus actividades como uno de los profesores a cargo del internado, le impedían tener un momento libre durante el día, además, en aquellos tiempos, aquel colegio estaba, prácticamente a las afueras de la ciudad, el único camino era utilizar la recién remodelada Calzada de Tlalpan que terminába en el pueblo de Huipulco, donde empezaba el camino hacia Xochimilco, había que tomar una vereda que llevara hasta la calle del ejido... y ahí aparecía una enorme barda muy alta, que resguardaba una casa muy bonita, en torno a la cual las flamantes construcciones del gigantesco internado rodeadas de canchas, de jardines y patios, nos avisaban que habíamos llegado a nuestro destino.
Mi mamá y mi abuela solicitaron el apoyo de un vecino que tenía una camioneta para su trabajo como carpintero, el señor Antonio Hernández, así, él se presentó a las 5.00 de la mañana para hacer el recorrido, desde el templo de Loreto, enfrente del cual vivían las dos señoras, hasta Huipulco.
Don Antonio al ver la situación de doña Estelita, les propuso que la llevaría primero al hospital y después llevaría a mi abuela a Tlalpan, y así fue. En aquellos días los servicios de salud del estado no cubrían como hoy a toda la población, así que mi abuela había contratado los servicios de un hospital modesto, ubicado en la colonia San Rafael, en el rumbo de San Cosme... y de ahí se dirigieron a Tlalpan.
Cómo a las diez de la mañana recibieron la llegada de un niño varón, y la mamá, exhausta y feliz después de revisarlo agradecer a Dios, se quedó dormida una buena parte del día...
El día de hoy han transcurrido aproximadamente 25933 días, que equivalen a 250 000 horas, de estar consciente (suprimiendo las horas de sueño), y es por eso que quiero compartir mi alegría de agradecimiento a nuestro Padre del cielo, y a nuestra Buena Madre, por tantos y tantos favores que sin merecer he recibido:
en primer lugar el cariño de mi abuelita, mi tío Jorge y mi mamá, de las tías Rosario y Remedios que prácticamente me criaron,
de la profesora Aurelita, que me recibió en su salón de clase en 1er año, y después a todos y cada uno de mis profesores: Nacho Gómez, Miguel Ángel Villalobos, Javier Olmedo, Juan Ruiz, Refugio Ruiz, y Nacho Ocaranza y Avelino Mejía en primaria del CM, Xavier Jiménez, Miguel Díaz O.,Javier Longoria titulares en secundaria así como don Goñi, don Félix, Juan Cruz, Chema Lizardi, Manuel Rodríguez, Agustín Lemus, Constancio Córdoba, Kurt Groenewold, Enrique Vignau, Antonio Campos y muchos otros de quienes recibí la primera parte y el fundamento de todo lo que he sido,
Posteriormente en Querétaro, donde recibí la atención y formación de don Apolinar Aguirre, Juan Ortiz, Javier Flores, Manuel Preciado Palacios, George Nirshel, y algunas clases con don Santiago Gutiérrez y Enrique Ruiz y muy especialmente la atención de don Antonio Piña Garza, a quienes debo mi formación como profesor y una persona útil, consciente y responsable,
indudablemente en la influencia y colaboración de todos mis compañeros con quienes compartí esos dichosos años de desarrollo para la madurez: Manuel Reyes Olvera, Paco Bravo, Alfredo Herrera, Armando Heredia, Eduardo Elorriaga, Beto Castro, David Cruz, Javier Hernández, Armando Corona, Covarrubias, Lemus, Galicia, Pavón, González, y decenas de perennes amigos de la Prepa.
Por si fuera poco, después, en Morelia tuve el honor de haber sido recibido y dirigido por Baltazar Santillan, Manuel Menchaca y Toño Franco, excelentes personalidades que forjaron nuestro carácter y nos mostraron con claridad un camino estrecho, pero sólido para alcanzar la satisfacción de una opción para una vida de trabajo y búsqueda continua.
En esa etapa tuve la oportunidad de convivir, crecer y aprender con mis hermanos: Dionisio Hernández, Javier Ayala, Victor Zambrano, Tarcisio Cruzaley, Roberto Carrillo, Enrique Escobar, Javier Lopez, Victor Zúñiga, Francisco López, Pancho Castro, Meme Padilla, Aquiles Bustillos, Rogelio Fernández, Antonio Gil y muchos otros con los que hicimos un pacto de hermandad por toda la vida.
Para rematar, en Tlalpan en la antigua casa denominada "la quinta soledad" fueron dos gigantes los que me terminaron de preparar: don Luis G. Benavides Ilizaliturri y don Gerard Mignault, quienes nos ofrecieron un enorme abanico de posibilidades para poder hacer realidad todos aquellos sueños que nos habían sembrado en Querétaro y Morelia, con ellos asistimos a estudiar en el conciliar por la mañana y en la normal superior por las tardes... con Benavides era una carrera maratónica, porque día a día nos colocaba frente a una tormenta de actividades y responsabilidades y nos pedía cuentas de todo lo que pasaba por nuestra mente.
A todos ellos es a quien debo, tanto lo bueno como lo malo de las decisiones que han configurado mi vida.
Después de un año de trabajo en uno de los colegios, la vida me llevó por un derrotero diferente, conocí a la mamá de mi hija y formamos un hogar. Este fue de nuevo un torrente de bendiciones para mí. Y comencé una nueva carrera,
De hecho esto comenzó por haber sido apoyado por mi tío Manuel García Serrano, que me invitó a trabajar en PRODEL, un fideicomiso creado con la finalidad de sacar de la ciudad todos los establos construyendo una "Cuenca Lechera" en Tizayuca.
Dios me concedió la oportunidad de estudiar ingeniería municipal, sin dejar de trabajar, así conocí al Ing. Manuel Montiel Jr., y a su querida esposa que eran los dueños y el alma de mi querida Escuela, tuve entre mís maestros, a los ingenieros Félix Mercado, Roberto Murray, Islas Molina, Lagunes, Morfin, Rubio Fano, etc a quienes debo mi formación como ingeniero.
Las carreras profesionales solamente son el punto de partida de un continuo aprendizaje, y la práctica profesional exige una continua actualización profesional. Después de haber terminado con toda el protocolo de la tesis y el examen y habiendo cumplido con los años de experiencia requerida, y previa evaluación obtuve los registros como Director de Obra, y corresponsable en instalaciones. Y después de mi formación básica, es este uno de los más grandes e inmerecidos regalos que Dios me ha concedido, pues a partir de 1980 en que me gradué y del 84, en que me titulé, mi vida ha sido de ingeniero,
Una grave crisis atravesé cuando mi matrimonio se vino abajo en el 89, pero de nuevo el Señor me concedió el perdón y la paz... Y él me guió hasta formar una nueva familia en 2004
Quiero dar gracias a Dios por todos esos años de trabajo y de pequeños avances del día a día, la familia de mi esposa me ha incorporado a su camino y no obstante las limitaciones hemos podido caminar.
Hace tiempo que he ingresado al séptimo piso, donde el sendero es más estrecho, solitario y lleno de recuerdos y dónde cada día es más importante descubrir los auténticos valores. Pero cada día más, me convenzo de que lo más importante en esta vida es sentirse AGRADECIDO, dar gracias por cada momento, en cada oportunidad, en cada sonrisa, incluso en cada momento difícil en cada dificultad en que ponemos a prueba no solo nuestra capacidad, sino donde vemos cómo el Señor actúa a través de las decisiones de los hombres y de de nuestros errores.
Gracias por todo
Gracias a todos
Gracias por tu tiempo
Gracias por tu entusiasmo
Gracias por tu amistad
Gracias por ser como eres
Y que Dios siga derramando su amor y su ternura con cada uno de nosotros
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