Navidad es
Me encantó esta publicación en la que nos recuerdas que la Navidad es un encuentro con Jesús y no solo luces, cantos, fiestas y regalos y nos invitas a un momento de reflexión, adoración y silencio.
A mí me educaron así, en mi casa solo se colocaba un sencillo "nacimiento" y a las ocho íbamos a la iglesia mi madre y mi abuela y yo de rodillas, frente al Santísimo, primero rezábamos el Rosario, leíamos una hora santa y nos quedamos extasiados en silencio, luego visitábamos el gran "nacimiento" con figuras de barro de la iglesia. Regresábamos a casa y después de rezar las oraciones de la noche nos íbamos a dormir... evidentemente sin cena ni regalos
Cuando yo comentaba esto con mis amigos de la escuela, me decían que mi abuela estaba loca, pero yo no lo entendía. Así crecí hasta que entré a una casa de formación religiosa.. Ahí sí, ellos hacían lo mismo que se acostumbraba en mi casa... Ciertamente se agregaba por la tarde las posadas y la piñata... pero por la noche todos estábamos ahí, de rodillas frente al Santísimo... Celebrando Navidad.
Muchos años después la misma congregación me regresó al mundo quizá porque yo era demasiado crítico con respecto a mis convicciones. Y entonces fue cuando me tuve que enfrentar sin armas a la vida real... a pesar de tener una excelente preparación académica y una formación bastante completa, mi mundo interior era demasiado cuadrado, lleno de reglas y de obligaciones religiosas... Estuve en psicoanálisis durante ocho años y me costó mucho trabajo reencontrar el Camino. Fue terriblemente complejo adaptarme a la realidad para lograr una relación de pareja y formar un hogar, y educar a mi hija, de hecho, más tarde también eché a perder mi matrimonio y aunque el tiempo que duró mi crisis matrimonial, yo diariamente iba a misa y comulgaba... La realidad de la vida no se resuelve con "golpes de pecho" y "lindos discursos de promesas nunca cumplidas", hasta que llegó la separación y el divorcio... Duré diez años para empezar a rehacer mi vida después de este segundo fracaso... Lo que más me dolía era ir al templo y no poder participar en los sacramentos... El Señor fue muy grande conmigo y tuve la oportunidad de promover el juicio de nulidad...y poder volver a empezar.
Cuando muere mi abuela, mi madre ingresó al convento y después de profesar y casi treinta años de vida de claustro, murió felizmente no sin antes lograr con sus oraciones que mi padre "corrigiera" su vida y recibiera el sacramento del matrimonio con su nueva mujer, El murió dieciocho días después... por eso digo que sí creo en el poder de las "horas de rodillas que se pasan frente al Santísimo".
Actualmente Yo llevo excelente relación con esa parte de mi familia. También llevo excelente relación con mis antiguos hermanos. Y el tiempo me ha dado la razón porque muchos de los que me rechazaron también han abandonado los hábitos.
Pero volviendo al tema navideño, mi humilde opinión es que a Cristo no solo lo podemos encontrar en el Sagrario, sino ante todo en el encuentro personal con los seres que amas, dar comprensión afecto, ternura, respeto y sobre todo un compromiso de vida con cada uno de los que te rodean. Jesús está presente en el amigo deprimido, en la persona desahuciada, en los niños que viven lejos de sus padres, en aquel alcohólico que se embrutece todos los días porque no le ve sentido a su existencia... Navidad es abrir las puertas de nuestro corazón para recibir a todos esos que han perdido la esperanza y la alegría, y darles no solo un estúpido regalo, sino un corazón lleno del amor de Jesús.
Ya lo decía el gran Benito, "labora et ora", para acercarse a Dios hay que trabajar y trabajar muy fuerte, hincarse frente al sagrario sólo se puede hacer cuando has compartido el pan con el hambriento y has abierto las puertas de tu casa para que tú hermano no pase frío.
La navidad es una oportunidad de encuentro con la miseria de mucha gente... Reconocer que al igual que José y María muchas personas tocan hoy a tu puerta para pedir posada. Una migaja de tiempo, de comprensión, de afecto o de servicio puede valer más que muchas horas de rodillas frente a un Sagrario vacío de Amor. Cristo está vivo en los hombres y mujeres que están dispuestos a construir un mundo de paz y esperanza, y nosotros, los que nos decimos seguidores de Jesús tenemos la obligación de llevar a Jesús como lo hizo María en su vientre, hasta el portal más humilde, y con una sonrisa y un abrazo manifestar la Gloria y la Grandeza de Dios a los más necesitados de amor.
Cuando María supo que su prima estaba encinta, se apresuró a subir a la montaña para ponerse a su servicio, (no fue al templo para rezar por ella...) Y cuando Isabel recibe su visita, Juan el precursor, da saltos de Jubilo en el vientre de su mamá...
Esa es la Alegría de la Navidad: dar brincos de júbilo, porque El Señor ha hecho MARAVILLAS en nuestra vida, agradecer, compartir, avanzar.
Saquemos fuerza del Sagrario para llevar un compromiso de amor a nuestros hermanos. Y Felicidades.
Comentarios
Publicar un comentario